Las tres invitaciones a la inauguración de la muestra Relatos Modernos. Obras emblemáticas de la colección Gelman Santander en el Museo de Arte Moderno visualizan las diferentes narrativas que se ofrece al público en torno al próximo traslado del acervo de Natasha y Jacques Gelman a España.
La invitación de la secretaría de Cultura (SC) tiene dos versiones, la que convocó a un recorrido el 16 de febrero a un grupo reducido de prensa y otra, que anuncia la apertura al público el martes 17. Llevan logotipos de la SC, del INBAL, de Amigos del Museo de Arte Moderno, del MAM, de la Fundación Santander y de Totalplay.
La que distribuyó el nuevo gestor de la colección revela más: “Grupo Santander tiene el honor de invitarte a la presentación de ‘Relatos Modernos’, obras emblemáticas de la colección Gelman Santander, con motivo de la reciente adquisición por parte de la Fundación Santander España”. La última línea no se refiere a un traslado temporal, sino a una “adquisición” del acervo. Utiliza la misma reproducción de Autorretrato con collar de Frida Kahlo que la oficial, pero con el logo de Santander notablemente destacado.
El lunes acudí a la inauguración oficial. Algarabía por el lado de la familia Zambrano, de Santander y de las autoridades mexicanas; en una parte del público, indignación y dudas. El CEO de Santander, el mexicano Héctor Grisi, dijo: “El hecho de que esta colección haya regresado a manos mexicanas es profundamente significativo. La colección Gelman Santander es una colección mexicana que sigue estando sujeta a la legislación y a la institucionalidad de nuestro país”.
De los discursos y entrevistas en la inauguración, se desprende: La “propiedad” de la colección Gelman Santander es de Marcelo Zambrano; la gestión “global” (su exhibición y renta a otros países) estará a cargo de Fundación Santander; el INBAL vigilará la buena conservación de la obra declarada Monumento Artístico (28 piezas) y calcula el regreso del acervo al país en cinco años, cuando se tendrá “que hacer un nuevo convenio”.
Una hora antes, en entrevista con la prensa, Alejandra de la Paz, directora del INBAL, se refirió a Robert Littman como dueño del acervo que vendió la colección legalmente: “Las leyes mexicanas otorgaron a quien fue propietario anterior de la colección todos los derechos (…) fue la ley mexicana la que otorgó la propiedad (a Littman) y la capacidad de transmitir esa propiedad a otros” (Juan Carlos Talavera, Excelsior, 17/02/2026). Ojalá nos expliquen a qué ley se refiere y cómo es que el supuesto albacea del testamento de Natasha logró convertirse en propietario de la colección, rentarla por el mundo y venderla a Zambrano quien, su vez, negoció con Santander su exhibición en España por una renta anual y el pago de los seguros.
De la Paz aseguró que la colección “nunca ha estado fuera de México, estuvo guardada”. En realidad, están documentadas múltiples exposiciones. Antes de venderse, la colección se exhibió en Adelaide, Australia (en 2023) y en el Museo Norton de Palm Beach de (2021-2022), donde apareció la Fundación Vergel y MondoMostre como organizadores, en colaboración con el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL).
El equipo curatorial del MAM, que dirige Marisol Argüelles, realizó un trabajo impecable y la muestra de tantas obras maestras resulta deslumbrante. Pero la emoción estética se mezcla con indignación. Por la opacidad en la narrativa oficial, por la traición a la voluntad de Natasha Gelman que deseaba la permanencia de su colección en México y porque la avaricia no parece tener límites.
adriana.neneka@gmail.com

