El 8 de febrero de 2011, Eugenio Toussaint se despidió de una de sus múltiples maneras de habitar este mundo. Tenía 56 años y toda una vida dedicada a la música. Fue uno de los más importantes y talentosos impulsores del jazz en México y un luminoso compositor de obras de concierto. A 15 años de su muerte y a 50 de que fundó el grupo Sacbé, inician las conmemoraciones para honrar a este artista virtuoso que hizo de la libertad creativa sello de su existencia.
Recuerdo a Eugenio, adolescente, en casa de mi primo Emiliano Arriaga, donde ensayaban con su banda de rock. Al piano, en ese pequeño foro de San Ángel para los apasionados del jazz. Con amigos publicistas, inventando jingles. Compartiendo el vino, porque también era enólogo, con su público y sus amistades, o su fascinación por la pintura que plasmó en discos como Gauguin. Memorable la celebración, en 1996, de los 20 años de Sacbé con sus hermanos Enrique y Fernando en la sala Nezahualcóyotl. Y un año después, cuando presentó su Día de los Muertos, composición para el Ballet de Arizona y la Orquesta Filarmónica de Phoenix. Con argumento de Bertha Hiriart, escenografía de Rafael Cauduro y coreografía de Michael Uthoff, la pieza, dedicada al bailarín Guillermo Arriaga, espera el día que una compañía de danza mexicana la ponga en escena.
Sus raíces: Una bisabuela pianista, un bisabuelo médico que componía valses para la banda de su pueblo y cuyas piezas para piano se hallaron un día en la Catedral Metropolitana; un abuelo amante del jazz que tocaba el saxofón y el clarinete… Así que Eugenio, Cecilia y sus hermanos se dedicaron por completo a la música. Él, que era el mayor, se casó con Alicia Ayala, prodigiosa mezzosoprano e incansable impulsora de la música mexicana.
Autora de Eugenio Toussaint (1954-2011) Catálogo de obra de concierto con partituras de 70 piezas y de Eugenio Toussaint, composiciones de jazz, que integra casi 100 obras en dos tomos, Alicia alberga la idea de un nuevo libro que los reúna. En el fondo, yacen el deseo y la propuesta de que la música de Eugenio se siga tocando, se escuche en la radio, crezca su presencia en redes y nuevas generaciones la conozcan y la disfruten. Como sucedió el 18 de enero, cuando en la sala Nezahualcóyotl, la Orquesta Juvenil Universitaria Eduardo Mata acompañó con gozo evidente “El concierto para piano improvisado” de Eugenio en la interpretación del pianista francés Aldy Elmer. O como en 2025 cuando Urtex organizó en el Museo Kaluz una presentación deliciosa de su obra Oinos, música para beber vino, con Aarón Cruz, Daniel Vadillo y Gabriel Puentes.
El sábado 7 y el domingo 8 próximos, en la sala Nezahualcóyotl, la Orquesta Filarmónica de la UNAM incluirá en su programación Popol Vuh (1991), el primer poema sinfónico de Toussaint para gran orquesta. Y, a partir de las 5 de la tarde del domingo, IMER le rendirá un homenaje, abierto al público, en el Estudio A de sus instalaciones. Con música en vivo y una decena de intérpretes, grabaciones y testimonios que se transmitirán en Opus 94 y Horizonte 107.9 FM. Y es que, como dice Roberto Smith: “dejó obra, método y ejemplo”.
Eugenio Toussaint transitó del jazz a la música de concierto, con obras sinfónicas, vocales y de cámara, para insertarse en la generación de Arturo Márquez, Gabriela Ortíz, Ana Lara… Lo suyo, comenta Alicia, era inventar, con una libertad creativa desbordada.
En su texto El pianista, Juan Villoro dice que Eugenio “(…) nos reveló el misterio de la admiración, la rara certeza de que valorarlo nos haría mejores”. De ahí la invitación a celebrar su vida y su obra.
adriana.neneka@gmail.com

