El horror

Adriana Malvido

Los abusos ya no pueden ocultarse gracias a tantas cámaras y valientes que documentan la represión aún y con la policía encima

Miramos a distancia y el Mapa de Feminicidios en México nos da una cifra: 2 mil 551 mujeres fueron asesinadas de enero a julio de este año en el país. Nos acercamos a los meses más recientes para deletrear nombres propios y vemos una gran mayoría de jovencitas levantadas, desaparecidas y halladas sin vida: Lucero y Carmen en Baja California y Zacatecas; Jessica, Noemí, Nayeli y Alejandra en Michoacán, Querétaro, Chiapas, Estado de México; Alondra en Coahuila… En las últimas semanas: Karla y Karina en el Estado de México; Damarís Soledad y Karla Lisset en Michoacán; Rosa Elena, Magali y Fernanda en Guanajuato; Alma Itzel en Oaxaca… Así, 10 cada día. Y el 7 de noviembre: Bianca Alejandrina Lorenzana Alvarado “Alexis” en Quintana Roo.

Alexis desaparece en Cancún. La joven de 20 años, cuyos restos ultrajados aparecen en una bolsa de plástico al día siguiente, es motivo de una protesta frente al Palacio Municipal convocada por la Red Feminista Quintanarroense. Las manifestantes exigen justicia por ella y por que la violencia feminicida en el estado con mayores agresiones sexuales del país se detenga. Entonces, al horror lo envuelve la barbarie: balazos de la policía, una juventud corriendo para salvar su vida, la prensa herida de balas. Van tres periodistas asesinados en 10 días: Jesús Alfonso Piñuelas, en Sonora; Arturo Alba Medina en Chihuahua e Israel Vázquez Rangel en Guanajuato. Y en Cancún llueven balas sobre Cecilia Solís y Roberto Becerril mientras que otros colegas más resultan golpeados.

Los abusos ya no pueden ocultarse gracias a tantas cámaras y valientes que documentan la represión aún y con la policía encima. Como Julián Ramírez, que intentaba calmar a uniformados rabiosos: “tranquilos”, “son mis alumnos”. Lo golpearon, detuvieron y robaron su celular.

Feminicidio, violencia contra mujeres y jóvenes, contra la prensa y los defensores de derechos humanos se concentraron la noche del lunes 9 de noviembre en Cancún. Una noche de horror. Lo posterior es la confusión desde el poder, la indignación social que nunca alcanza y la frialdad en el discurso presidencial.

Vamos más adentro, al corazón de todo, y leemos el mensaje que Alexis subió a redes el 10 de febrero: “(…) ¿En dónde comienza y en dónde termina la fragilidad de una mujer, según nuestra sociedad? ¿Qué los ha llevado a sentirse con el derecho de tomar nuestros cuerpos y almas con la facilidad con las que recoges una roca del suelo? ¿Es acaso que eso somos? Objetos sin vida ni voz, sin voluntad ni sentir, sin pensar ni soñar. ¿Quiénes son ustedes para creer que pueden arrebatar sueños ajenos por propio placer o dinero? ¿Acaso no merecemos más que una tumba en un basurero, en un terreno baldío o a un lado de la carretera? ¿Acaso no merecemos más que un par de dólares? ¿Somos equivalentes a unos kilos de carne muerta? O explíquenme por qué nos toman, nos usan, nos privan, nos violan, nos matan y se roban nuestras almas, en un intento de saciar su sed de suficiencia, placer y poder. Nadie le va a prohibir a mis ojos la satisfacción de mirar el cielo brillar cada mañana, nadie le va a impedir a mi piel ser tocada con amor y consentimiento, nadie me va a robar mis sueños, ni arrebatarán suspiros a mi boca que no sean de placer y de felicidad. Primero muerta antes que permitir que ustedes, seres asquerosos, me maten”. Hay que imprimirlo en la memoria para que Alexis no muera del todo.

 

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