Luego de la muerte de Natasha Gelman en 1998 y cuando su colección de arte moderno y contemporáneo de México buscaba un museo en este país donde exhibirse de manera permanente, como ella lo estipuló en su testamento, Robert Littman, albacea y administrador del legado, hizo una declaración que hoy resuena en la memoria. Quien quiera tener la colección Gelman, advirtió, tendrá que respetar tres condiciones básicas: “que se quede en México, que la obra se mantenga junta y que se conserve el nombre original”.

Se lo dijo a Merry Mac Masters (La Jornada, 28/10/1998). Y ninguna de las tres condiciones se han cumplido: Desde enero de este año, la colección se prepara para viajar a Faro Santander, su nuevo destino en España. Se evidenció su desintegración cuando se subastaron piezas del acervo en Sotheby´s en 2024 y continuará con el traslado de 160 de las más de las 350 obras que la integran sin que sepamos qué ha sido o será de las demás. Su nombre hoy: “Gelman Santander”.

Graciela de la Torre, directora del Museo Nacional de Arte (1989-2003), me cuenta que se había acercado a Natasha Gelman y gestionaba la adquisición del acervo con el patronato del museo cuando Littman, entonces asesor de la coleccionista, se interpuso. Igual que lo hizo ante otras instituciones y personas interesadas. Ofertas las había en Veracruz, en Puebla, en la Ciudad de México… pero no se concretaron. Desconfiaba de los museos públicos y temía que a la colección se le impidiera viajar. En 1999 creó en Nueva York la Fundación Vergel para administrarla y como tal convino con Costco su exhibición en el museo Muros de Cuernavaca, de donde la sustrajo a escondidas en 2008.

Emprendió entonces la renta de la colección por todo el mundo hasta que la vendió a Marcelo Zambrano Alanís en 2023. El empresario regiomontano, a su vez, negoció con Banca Santander y el INBAL su traslado a Cantabria y cedieron la gestión del acervo a la Fundación Santander.

Mientras crece la incertidumbre en México, la Presidencia, Santander y el INBAL emiten un comunicado tras otro para tranquilizar las protestas y asegurar que todo se hará apegado a las leyes mexicanas y que “en 2028 regresará la colección a México”. Sin embargo, no aclaran si vuelven las 30 obras de artistas con declaratoria de monumento artístico (Kahlo, Rivera, Siqueiros, Orozco, Izquierdo) o todas y por qué entonces el convenio tiene vigencia de cinco años. En el apartado 6.1 preven el desgaste que podrían sufrir las obras “en el retorno periódico al territorio nacional y su reexpedición para exhibición de compromisos internacionales”, por lo que eximen al banco de la obligación de reingresar las piezas hasta el término del convenio.

Profesionales del arte y la cultura han levantado la voz para exigir la permanencia de la colección en México, la transparencia de la información, indagar la posible “ilegalidad” del papel de Littman en el testamento de Nastasha, y demandar el respeto a la voluntad de los Gelman. La primera carta a la opinión pública emitida por el colectivo Defendamos la colección Gelman cuenta con cerca de 400 firmas y con el eco a nivel internacional en medios especializados como The Art Newspaper o e-fluxs, pero también en Financial Times, The Guardian, el New York Times y la BBC. Otra carta, dirigida a las autoridades por personas allegadas a Natasha, espera respuesta. Entretanto, las filas en el MAM para ver la colección aumentan cada día.

No es cuestión de “poseer” obras maestras o de envolverse en la bandera nacionalista. Se trata de una postura ética hacia generaciones pasadas y futuras. De conciencia y responsabilidad en torno a nuestra memoria estética.

adriana.neneka@gmail.com

Comentarios