Del cibersueño educativo a la vieja tele

Adriana Malvido

Que 30 millones de niños de primaria tengan como opción educativa la vieja televisión, era impensable

Entro a una máquina del tiempo y aterrizo en 1995 cuando nuevas tecnologías digitales como Internet se introducen en nuestros días con un impacto social, educativo, económico y cultural que se vislumbra tan importante como el del Renacimiento. Todo está por hacerse. Y en el centro de la utopía, la infancia es protagonista de una revolución donde el futuro queda en sus manos.

Abro la puerta que dice “Ciberniños”. En México, Andrea Di Castro dirige el Centro Multimedia donde los artistas experimentan, inventan, exploran. Paul Leduc estrena Los animales, el primer video de animación por computadora realizado por un director mexicano y una empresa nacional. Un ingeniero de 36 años originario de nuestro país, Neftalí El Magnífico Álvarez, es el responsable del hardware para Toy Story, el primer largometraje totalmente digital en la historia.

Ajenos al miedo y prestos a la interactividad, los niños del fin de siglo se introducen a los multimedios y al ciberespacio. Se transforman en ciberniños. Y aunque en países con desigualdades extremas, como México, aquello suena a ciencia ficción, se espera que en unos años, cuando la computadora se convierta en un artículo más de la vida cotidiana y bajen los precios, millones de niños y niñas tendrán acceso, la educación será tan gozosa como el juego y los maestros bajarán del estrado para convertirse en guías y compañeros de viaje de sus alumnos en búsqueda de conocimiento. La infancia determinará el papel de Internet en el siglo XXI, dicen los expertos.

Las niñas pasan de las crayolas al mouse, los niños aprenden trigonometría midiendo la altura de las montañas, juntos pasan de la televisión a la interactividad, diseñan ciudades virtuales, debaten a distancia la caída del muro de Berlín…son más vistos y escuchados que nunca, ocupan un nuevo tipo de espacio cultural, como dice Joe Katz, autor de La realidad virtuosa y de “Los derechos de los ciberniños”. El primero: El derecho a la igualdad de acceso a la cultura, la investigación y la educación. Y en la misma jerarquía, el derecho a una nueva alfabetización que no sólo los capacitará para accesar contenidos sino para convertirse en ciudadanos pensantes y críticos de la era digital. En el camino requieren de acompañamiento de maestros y padres, guías en el manejo de su nueva habilidad para conectarse instantáneamente con otras culturas.

En México tuvimos 25 años para darle prioridad a la formación integral de ciberniños abiertos al mundo desde sus propios acentos culturales. No lo hicimos. Y cuando llegó la pandemia del coronavirus, nos tomó por sorpresa y mal parados. Durante décadas se habló de tecnología y de cómputo sin un proyecto pedagógico que le diera sentido a las máquinas en la educación pública, se dejó a un lado la capacitación docente y la democratización del acceso a la conectividad quedó en promesas de campaña y proyectos fallidos como Enciclomedia, de Fox; Habilidades Digitales para todos, de Calderón, y “Mi compu”, de Peña Nieto, que ofreció una laptop para cada niño pero entregó a medias tabletas defectuosas… Así, un 57% de las primarias del país sigue sin Internet luego de 40 mil millones de pesos invertidos a lo largo de 20 años.

Lo anterior se sabía, pero que 30 millones de niños de primaria tengan como opción educativa la vieja televisión, era impensable. ¿Alguien imagina algo distinto en la emergencia?

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