Entre las muchas revelaciones importantes que publicó Arte Informado el 10 de abril destaca esta: Marcelo Zambrano pidió un préstamo al brazo financiero de Sotheby’s para adquirir la colección Gelman. En pago por los intereses generados, el empresario regiomontano autorizó a la casa de subastas de Nueva York en 2024 la venta de 30 obras de este acervo, incluidas una serie de piezas catalogadas Monumento Artístico, lo que provocó la intervención del INBAL. En 2026 la deuda pasó a manos de Banca Santander. Es decir, la colección sirve ahora como garantía para pagar una deuda privada a un banco español, como resume Mario Maldonado.
Santander sustituyó a Sotheby’s como prestamista. En el nuevo esquema, si Zambrano no paga la deuda, el banco podría tomar posesión de la compañía creada por el empresario para guardar la colección (Arte Mexicano en el Mundo, limited liability company) y con ella van las obras. Es decir, el destino de las piezas depende de que un empresario pague su deuda con un banco que retendrá el acervo hasta que sea liquidada. En palabras del director de Faro Santander, Daniel Vega, la colección será gestionada durante un “largo tiempo” por Fundación Santander.
Se trata de 160 obras maestras que Robert Littman le vendió a Zambrano por 200 millones de dólares en 2023. Indica Arte Informado que solo 11 (10 de Frida Kahlo y una de Diego Rivera) alcanzan un valor de 600 millones de dólares según una tasación de la firma Gurr Johns de mayo de 2025. De nada de esto hablan las autoridades de la cultura en México que hoy, lejos de velar por la integridad de un legado insustituible, han solapado una tras otra de las operaciones contrarias al deseo de Natasha Gelman, en el sentido de que su colección permaneciera en este país.
Durante su gestión como director del INBAL en los años 90, Gerardo Estrada sugirió al Estado comprar la colección, entonces valuada en 300 millones de dólares. La respuesta fue negativa y dos décadas después, Littman vende a Zambrano, por 200 millones, los 160 cuadros que él mismo selecciona de un acervo de más de 350. Imposible no preguntarse cómo es que el Estado dejó ir este legado.
“Hay prioridades”, dicen siempre. Pero en un ejercicio casi cruel recuerdo que el robo al combustible en diferentes modalidades (huachicol, huachicol fiscal y robo directo) generó al gobierno de AMLO una merma de 25 mil millones de dólares, (según el especialista en energía Francisco Barnés de Castro citado por Federico Reyes Heroles en Excélsior). Lo que se pierde en un año equivale a seis veces el presupuesto de cultura para 2026. Otro dato: la inversión del Estado en el Tren Maya, cuyo Tramo 5 provocó un ecocidio, ascendió a más de 500 mil millones de pesos (28 mil millones de dólares).
En medio de todo el debate, hay propuestas a destacar. Blanca González, crítica de arte de Proceso, sugiere que Santander conserve la colección Gelman en un Faro, pero no en España, sino que lo instale en México. Carlos Lara, director del despacho jurídico cultural Artículo 27, propone una Declaratoria de Monumento Artístico Nacional a las obras de la colección que no tienen dicho estatus para que, aun siendo propiedad de Zambrano, permanezcan en este país, decisión que, advierte, estaría en manos de la presidenta Sheinbaum. Jorge A. Cazares, director del Instituto de Cultura de Cuernavaca, postula a la capital de Morelos como posible nueva sede de la colección porque ahí vivió y formó el acervo la pareja Gelman y por la oportunidad de materializar en esa ciudad un polo de desarrollo como el Museo Guggenheim en Bilbao, España… ¿Quién escucha?
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