Colecciones a la deriva

Adriana Malvido

Los acervos que se dispersan corren el riesgo de perderse de vista. Ojalá que el de Dolores Olmedo no se sume a la lista de colecciones a la deriva

En 2008, durante el homenaje a Dolores Olmedo en su centenario, Carlos Monsiváis cuestionó: “¿Por qué se supone que el Estado no tiene responsabilidades con los ciudadanos en materia de enriquecimiento de la sensibilidad colectiva?” La pregunta salta desde el archivo mientras el museo que Dolores Olmedo heredó “al pueblo de México” en Xochimilco, corre el riesgo de dispersarse si, como planean los descendientes y el gobierno de la ciudad, una parte del legado, con sus Fridas y sus Diegos, emprende el camino hacia Aztlán, la nueva feria de Chapultepec.

Cada que hay una subasta de piezas arqueológicas en Europa, como está a punto de suceder en Alemania, el gobierno mexicano a través del INAH intenta detener la venta del patrimonio. En casa, sin embargo, hay acervos que se le van de las manos y guarda silencio. Nadie ha informado, por ejemplo, qué será de las 600 piezas prehispánicas que albergó Dolores Olmedo en La Noria.

Otro caso. Antes de morir, Natasha Gelman nombró a Robert Littman albacea del acervo que ella reunió, durante décadas, junto con su esposo Jacques; donó al MET de Nueva York sus pinturas europeas del siglo XX y ordenó que su Colección de Arte Mexicano Moderno y Contemporáneo permaneciera en un museo de nuestro país. El legado integra un siglo de producción artística y obras maestras como Diego en mi mente, Autorretrato con Monos, Autorretrato con trenza… y 14 más de Frida Kahlo; 11 de Diego Rivera como Vendedora de alcatraces, Paisaje con cáctus o Girasoles; óleos de Carlos Mérida y de Rufino Tamayo como su Retrato de Cantinflas; pinturas de José Clemente Orozco, Siqueiros, Gerzso, Zárraga, María Izquierdo, Miguel Covarrubias, Reyes Ferreira, Soriano, Toledo y muchos más, como Nahum Zenil, Sergio Hernández… fotografías de Manuel y Lola Álvarez Bravo, de Graciela Iturbide… Se exhibió en el Centro Cultural Muros de Cuernavaca, recinto construido y equipado ex profeso, de 2004 hasta 2008, cuando Littman retiró las piezas y las escondió debido a un litigio con supuestos herederos del acervo. No se supo más. Y el Estado guardó silencio.

Otra de las colecciones de arte moderno más importantes del país, rica en pintura del siglo XX, es la de Andrés Blaisten, que hasta 2012 se exhibió en el Centro Cultural Tlatelolco. Pero se quedó sin casa cuando, por razones inexplicables, la coordinación de Difusión Cultural de la UNAM que encabezaba Teresa Uriarte decidió no renovar el contrato con el creador del acervo. Luego de cinco años, exposiciones temporales como la del Dr.Atl, María Izquierdo y Spencer Tunick, entre otras, y 17 libros publicados, el Museo Colección Blaisten se esfumó del espacio con sus 108 piezas. Embodegadas, siguen en busca de un espacio público en donde exhibirse.

Financiado por Televisa, don Manuel Álvarez Bravo viajó por todo el mundo y reunió una colección fotográfica única en belleza e importancia histórica. Le prometieron abrir con esa maravilla un museo de la fotografía. El maestro era feliz con ese proyecto que me mostró un día en un espacio provisional al sur de la Ciudad de México. ¿En dónde puede ver el público hoy todo aquello?

Los acervos que se dispersan corren el riesgo de perderse de vista. Ojalá que el de Dolores Olmedo no se sume a la lista de colecciones a la deriva. ¿La secretaría de Cultura nada tiene qué decir? ¿Y la ciudadanía? ¿Pensarán que el Museo Dolores Olmedo es compatible con una feria de entretenimiento?

 

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