Llego a la cita en la colonia Álamos de la Ciudad de México. Subo una frágil escalera de madera; el trayecto es un reto, pero sospecho que me espera todo un mundo creativo de formas, materiales y distintas maneras de representar la movilidad humana en busca de mejores horizontes. Logro alcanzar el último escalón y entro al taller de Betsabée Romero. El espacio se ha convertido en homenaje al jugador número 12 del futbol soccer: la afición. La camiseta es aquí metáfora de resistencia cultural comunitaria y la portería, escenario que tejen los migrantes para meter golazos de cultura.

Me dice la artista: “El futbol es un deporte arrabalero. Lo jugadores más geniales del mundo son migrantes, vienen de las favelas en Brasil, las villas miseria de Argentina, o tienen raíces africanas.” México, recuerda, lleva 3 mil años practicando el juego de pelota. La primera pelota que se botó en el mundo es la prehispánica.

Su proyecto “Tejiendo redes” de arte, deporte y comunidad durante el Mundial de 2026 surge hace dos años de la certeza de que el futbol es el lenguaje migrante más expandido del mundo. “Tú puedes llegar a cualquier país sin conocer el idioma, pero si llevas la camiseta hablas futbol y vas a encontrar equipo”. Así se integran ligas, clubes y comunidades que devienen resistencia cultural y social. Para Betsabée, “quizá no tenemos el mejor equipo del planeta, pero sí la mejor afición del mundo, la que ha llevado música, gastronomía, bebidas y canciones al otro lado, la que lleva la camiseta y el balón bajo el brazo, la que llevó a Estados Unidos el futbol hispanizado. Y han hecho comunidad”.

Pambolera desde niña gracias a su madre, Betsabée Romero emprende este gran proyecto artístico en colaboración con comunidades migrantes fronterizas. Lo hace en gran parte por su cuenta, con apoyo de uno que otro consulado, centros culturales, museos o empresarios entusiastas. Más que una estrategia de primera división, dice con humor, “es una cascarita cultural”.

Si en el 68 México vivía un momento crítico, pero fue capaz de concretar una propuesta de paz como la Ruta de la Amistad, hoy esta artista visual instalará una veintena de porterías móviles a lo largo de una ruta que va desde México y las ciudades fronterizas, hasta las sedes del Mundial. Llegarán a museos, centros culturales y espacios públicos en Tijuana, Monterrey, San Diego, Brownsville, Kansas, Dallas, Los Ángeles… para culminar en Nueva York.

Por cada una de estas porterías, que llegarán a zonas visibles urbanas para dignificar la presencia migrante, habrá otra, en donde las comunidades están tejiendo cada pieza. Porterías de 2 por 3 metros de macramé, realizadas con rafia reciclada con diseños de la artista, a partir de una paleta base e incrustaciones de una celosía de metal con representaciones de jugadores, niñas y niños, mexicanos. Cada pieza llevará una ficha técnica con el crédito de quienes tejieron. Y tendrá usos múltiples: como escenario para teatro, poesía, música...

Ejemplos: hoy mismo se teje una red en Santa Úrsula (vecinos del estadio Azteca que no podrán pagar un boleto, pero si participar con arte) que llegará al Zócalo de Coyoacán. Otras cobran forma en el Museo del Niño de Chapultepec y en el de Cuernavaca, una más se teje en una Esfera de Monterrey

El talento de Betsabeé atraviesa los muros de su taller con balones imaginarios que cruzarán las fronteras para meter goles de arte y cultura. En homenaje a la afición que ha hecho del deporte resistencia cultural desde hace más de un siglo en el país vecino.

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