Sigue legado de su padre en Casa Árbol: amor y cobijo a enfermos

Nación 28/10/2021 03:17 Jorge Serratos Actualizada 08:09
Guardando favorito...

Desde hace 23 años Elena Romero mantiene un albergue para indigentes y personas con enfermedades

Para Elena Romero, directora del albergue “Casa Árbol de la Vida”, cuidar de sus 16 familiares, como ella los llama, es un reto que lleva día con día. Se trata de un grupo de jóvenes y adultos con enfermedades como SIDA, esquizofrenia, parálisis cerebral... a varios sus familias los han abandonado.

arbol_de_la_vida_131486942.jpg
La directora del albergue “Casa Árbol de la Vida” atiende y sirve de comer a 16 personas con enfermedades como sida, esquizofrenia y parálisis cerebral como si fueran sus familiares.

Cuando su padre fundó este lugar en 1974 ella pensaba que estaba loco por ayudar a indigentes y enfermos, pero cuando él murió, 20 años después de abrir el albergue, Elena se dedicó a cuidar del legado de su papá. Nunca imaginó que aquí sería su hogar para toda la vida.

“No ha sido fácil, mi matrimonio fracasó porque mi esposo no entendía que esto es muy importante para mí y me puso a escoger entre él o mi trabajo. Me dolió mi separación, pero poco a poco fui entendiendo que esto no es para toda la gente. Dejar todo y no voltear atrás es una decisión muy fuerte.

“Debes tener mucho amor por tu prójimo, porque es muy fácil cansarte y bajarte de este barco. Yo llevo más de 23 años y en algún momento pensé que debería dejarlo, pero la muerte de uno de mis hijos, cuando él tenía seis años de edad, me impulsó a dedicarme con más ímpetu a ayudar a los que sufren por alguna enfermedad que está terminando con sus vidas, pero lo que más acaba con ellos es sentirse abandonados por sus familiares”, asegura Elena.

Así ocurre en el caso de Maru, una joven de 28 años que sufre retraso mental y que se encuentra postrada en cama desde que nació. A ella la trajo el DIF de Hidalgo cuando sus padres, por ser adultos mayores y de una pobreza extrema, ya no pudieron cuidarla. Desde hace 12 años nadie la ha visitado en el albergue.

arbol_de_la_vida_131486957.jpg
Debido a la pandemia el albergue dejó de recibir gente que solicitaba asilo, pues temían contagiarse.
 

Debido a la pandemia del Covid-19 el albergue dejó de recibir gente que solicitaba asilo por temor a contagiarse y sólo se quedaron con los que tenían antes de que llegara la enfermedad al país, con lo que también disminuyó la ayuda de la gente que donaba cosas para el mantenimiento del lugar, pero han logrado sobrevivir durante todo este tiempo.

A pesar de todo, el lugar luce limpio, se escucha música mientras algunos ven revistas y la encargada del lugar les prepara su comida. No se ve tristeza y todos regalan una sonrisa y ofrecen sus manos cuando los saludan.

“Durante todos estos años, a pesar de convivir mucho con la muerte, no deja de sorprenderme que hay agonías que son muy lentas, duran horas, y otras que son muy rápidas, y en ese momento he sido la hija, la hermana, la esposa y hasta la mamá de muchos. Les tomo las manos y pido por ellos.

arbol_de_la_vida_131486945.jpg
La encargada narra que cuando su padre fundó este lugar en 1974 ella pensaba que estaba loco por ayudar a indigentes y enfermos.

“Morir no es el problema, es cómo vivimos, qué hacemos de nuestras vidas para ser mejores y no tener miedo a partir de este mundo. Me parece que el peor problema es sentirte muerto cuando aún estás vivo”, comenta Elena.

Por eso, hay que estar relajados y recibir a la muerte con una sonrisa, recomienda.

Leer también: Hombre sordo demanda a policías que lo electrocutaron por no entender sus órdenes