Antonio Linares trabaja con sus pequeños animales alados en el Jardín Allende de Coyoacán. Sus instrumentos son una caja de madera con hojas de papel que dictan la suerte. “Es un trabajo folclórico, del México de antes”, menciona mientras observa a sus pájaros Peso Pluma, Sebastián, Juanito y Abelito. Sabe que las aves no son profetas pero, dice con alegría, “hay mensajes bonitos que coinciden con el sentir de la gente”.
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