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¿Estudiar ya no garantiza una mejor vida?; película "El fin de la escuela" aborda crisis educativa

El largometraje se centra en intentar responder la pregunta de qué están aprendiendo los estudiantes y para qué les sirve en el futuro

Juan Alfonso Mejía, productor de la película “El fin de la escuela” (23/09/2026). Foto: Especial
23/09/2026 |10:56
María Cabadas
Reportera de la sección NaciónVer perfil

¿Para qué sirve ir a la escuela si terminar una carrera no asegura una vida mejor? Ésa es una de las preguntas que plantea Juan Alfonso Mejía, productor de “El fin de la ”, película que se estrena este miércoles y busca llevar a las familias una discusión que, sostiene, suele quedarse entre especialistas: qué están aprendiendo los estudiantes y para qué les sirve.





Dirigida por Carlos Armella y con la actuación de Ana Serradilla, la cinta combina ficción y realidad para cuestionar el propósito de las aulas en un país con 34 millones de niñas, niños y jóvenes matriculados.

En entrevista con , el exsecretario de Educación de Sinaloa y exdirector de Mexicanos Primero aclara que el título se refiere a la finalidad de las escuelas.

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“El fin de la escuela es aprender. Es una invitación, sin duda provocadora, para que nos replanteemos una pregunta: ¿para qué quieres las escuelas?, ¿cuál es el propósito de la escuela?”, expresa.

Mejía afirma que en México hay 25% más licenciados, ingenieros y doctores, pero que al graduarse ganan 14% menos. A su juicio, esa situación obliga a revisar la promesa de que estudiar permite mejorar las condiciones de vida.

“La escuela debería preguntarse si aquella promesa que se hizo de que si estudias te va a ir bien en la vida, y hoy no está sucediendo, debería replantearse cuál es su rol dentro de este ascensor social que un día funcionó”, declara.

El productor también sostiene que siete de cada 10 personas nacen y mueren en el mismo código postal.

“Entonces, ¿eso quiere decir quizás que nuestra mamá nos mintió? Que, a pesar de todo lo que hagas, si naciste en un código postal con muchas necesidades, ahí vas a morir, aunque acabes una licenciatura”, expone.

Juan Alfonso Mejía, productor de la película “El fin de la escuela” (23/09/2026). Foto: Especial

Película "El fin de la escuela" aborda crisis educativa

La idea de realizar la película surge de su experiencia en el gobierno federal, la Secretaría de Educación de Sinaloa y organizaciones civiles. Desde esos espacios, cuenta, advierte que la pregunta sobre el aprendizaje pocas veces aparece en las exigencias de las familias o de las autoridades.

“Rara vez las personas te exigen si los niños o las niñas están aprendiendo. Esa pregunta no existe, tampoco existe la pregunta del gobierno, de las familias o del entorno de para qué queremos la escuela”, sostiene.

Explica que, mientras los planteles permanezcan abiertos, los maestros reciban a los alumnos y éstos estén dentro de los salones, muchas familias consideran que el sistema funciona.

“Lo más difícil del problema educativo es evidenciar que existe un problema. Hay una terrible desconexión entre una conversación que tiene que ver con una crisis educativa y una realidad funcional donde, si la escuela está abierta, las mamás, los papás y las familias no entienden cuál es el problema”, dice.

Mejía identifica tres dificultades: la falta de un propósito para las escuelas, la distancia entre las discusiones de los especialistas y las preocupaciones familiares, y una sucesión de reformas que, considera, no ha producido grandes cambios.

“Si fuera por reformas educativas, seríamos Noruega. Finlandia se nos quedaría corta. Yo tengo contabilizadas alrededor de siete en el siglo XX y lo que va del XXI, y parecería que no hay grandes cambios”, afirma.

Por ello, propone revisar las prácticas que han permitido avanzar a estudiantes de otros países.

“Olvidémonos de las reformas educativas y defendamos las prácticas de lo que sí funciona. Hay algo que a los niños de Vietnam, Singapur o Macao les está funcionando, algo que están haciendo y que no estamos haciendo nosotros”, expresa.

Educación en México. Foto: Archivo/ EL UNIVERSAL

"Nadie aprende con miedo", dice productor

El productor menciona que México participa desde hace más de 20 años en la prueba PISA y continúa en la parte baja de los resultados. Para él, las dificultades de aprendizaje también anticipan problemas en la vida laboral.

“PISA, en los jóvenes de 15 años, es una fotografía de los próximos 15 años, cuando se integren de manera más consolidada al mercado de trabajo. Si tienen competencias muy débiles, el mercado va a ser muy débil, chico y reducido”, apunta.

Sin embargo, sostiene que las necesidades de una escuela deben discutirse desde la comunidad a la que pertenece. Menciona ciudades como Culiacán, Reynosa y Uruapan, donde la violencia puede convertir en prioridad que los niños lleguen al plantel y regresen a salvo.

“Nadie aprende con miedo. Entonces, ya podemos ir descartando 30% del sistema educativo que está en este tipo de territorios”, advierte.

Explica que la película busca generar interrogantes sobre esas realidades y abrir la conversación a quienes las viven.

“La conversación hay que arrebatársela a los especialistas. Especialistas: escuchen, vean, desaprendan. Esa conversación tiene que venir de lo social a lo educativo”, sostiene.

Añade que el debate debe construirse desde las localidades y sus necesidades, en lugar de depender únicamente de lo que se discuta en la Ciudad de México o en la Secretaría de Educación Pública.

“Es desde las localidades, desde la periferia, desde las ciudades, discutiendo para qué quieren la escuela en Morelia, para qué quieren la escuela en Surutato, Badiraguato, Sinaloa; para qué quieren la escuela en Mérida o en Jalapa”, precisa.

En ese sentido, llama a “tomarle la palabra” a la Nueva Escuela Mexicana y respaldar a los docentes para que desarrollen proyectos relacionados con las condiciones de sus comunidades.

“Tomémosle la palabra a la Nueva Escuela Mexicana. La Nueva Escuela Mexicana dice en su programa que defiende proyectos. Los proyectos están anclados en realidades muy particulares”, indica.

Para hacerlo, agrega, los maestros requieren preparación especializada, especialmente quienes trabajan en zonas con violencia o reciben en un mismo salón a estudiantes con distintos niveles de aprendizaje.

“Si ese profesor es de tercero de primaria, necesita también una habilidad para ser un profesor multigrado, porque tiene niños en tercero de primaria que no saben leer”, asegura.

También considera que los gobiernos estatales pueden actuar sin esperar todas las decisiones de la Federación.

“Los estados no tienen por qué esperar a la Federación. La Federación da la normativa, pero la realidad que viven los estados, cuando implementas un programa o una política educativa, es muy diferente”, dice.

A las familias les pide involucrarse en lo que sucede en las escuelas, sin atribuirles la responsabilidad por los resultados del sistema.

“Tenemos que desaprender que el gobierno es el culpable. Ojo, no estoy diciendo que entonces la culpa es de los padres. Lo que estamos tratando de entender es que, en la medida en que a nosotros nos importa y lo hacemos nuestro, el gobierno va a actuar en consecuencia”, aclara.

Retos de la película “El fin de la escuela”

La realización de “El fin de la escuela” tomó cuatro años, incluido un año y medio de investigación. Mejía cuenta que uno de los mayores desafíos fue encontrar la manera de contar la historia mediante la metaficción, que combina ficción y realidad.

“Lo más difícil de la historia fue el tono, cómo contar una historia donde no termináramos otra vez en los buenos contra los malos”, comenta.

“Finalmente dio a luz con este tono sensible, de un tema sensible, pero tratado a veces entre la risa y el llanto”, añade.

Sobre la participación de Ana Serradilla, explica que el equipo encontró en ella una cualidad que coincidía con el proyecto.

“Ana refleja autenticidad como persona, y este documental tiene una causa que es muy auténtica. Yo he querido hacer este documental con todas las razones para no hacerlo, pero quería que saliera”, expresa.

Después de su exhibición en cines, el productor busca que la película pueda verse en YouTube, descargarse sin costo y proyectarse en los planteles.

“Lo que me gustaría es que la transmitan en el patio de su escuela, que ahí la vean y empiecen a conversar sobre el propósito de su escuela”, afirma.

Su intención es que las familias se pregunten qué aprenden sus hijos y si ese aprendizaje les permite enfrentar las condiciones en las que viven.

“Aprender nos une. Cuando un niño o una niña no aprende, en ese momento está aceptando dejar de pensar en su futuro, se está resignando. Por eso a mí me gusta decir: aprender es dejar de aceptar el presente como destino”, dice.

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