El eco de su voz se hace presente en la cafeteria. Cabello recogido en multiples trenzas de tinte rojo intenso, cejas arqueadas y definidas. Insiste en que su escritura es activista, denuncia política; urgencia ante la violencia que se vive en el mundo, pero además un método para construirse a sí misma. “Es una manera de materializar los sentidos, las emociones y las cosas que me atraviesan en la carne y, además, es una forma de venganza”.
Los libros de escritoras travestis se cuentan con los dedos de la mano. Mikaelah Drullard es una de esas voces. Se presenta como "travestinegra", nacida en Santo Domingo, Republica Dominicana. Autora del libro “El feminismo ya fue”, un huracán de reflexiones que no deja de señalar las violencias sistematicas racistas, la colonización y el feminismo.
Travesti fugada, que se desplaza de la humanidad por cuestión interracial, ella prefiere definirse desde el “cimarronaje de género”, es decir, “me fugo de ese entendimiento de hombre, mujer trans, de hombre mujer cis, para devenir en una situación política”. Asimismo, se desprende de discursos medicalistas y científicos en donde “parece que el binomio hombre y mujer cisgenero es lo natural, es la normalidad y este cuerpo es nombrado como un cuerpo enfermo, es diagnosticado con dismorfia de género y para dejar de serlo tienes que trasicionar para ser algo”.
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A partir del cimarronaje brota su escritura, alejada de estándares, normas de escritura y manuales de correción de estilo. “Es una cosa encarnada, cuando me siento a escribir lo hago sin ninguna pretensión académica. No escribo desde la curiosidad de la academia que observa un fenómeno lejano a mí, escribo sobre mi misma, no en terminos de un ego, sino sobre los tránsitos muy comunes que tenemos muchas ‘travas’ (abreviatura de travesti) migrantes negras, racializadas, que nos enfrentamos al sistema migratorio mexicano y que experimentamos violencia, o que, al descubrir quiénes éramos; en terminos de nuestra sexualidad, de nuestro género, nos confronta un feminismo esencialista de género, transfóbico, blanco”.

Ella no dialoga sola, lee a mujeres y hombres que han caminado antes, quienes ya han denunciado sobre el feminismo, el racismo y el escencialismo. Su discurso es continuidad a la crítica que parte de su experiencia: “la pongo en diálogo con otras que ya han sucedido”, asegura.
La escritura “desobediente” de Mikaelah no surge de una habitación propia, refiriendose a la escritora Virginia Wolf, pues explica que ella no tiene el mismo tiempo para pausar la escritura y después regresar. No tiene certeza del futuro. “No tengo ese tiempo porque escribo desde una herida y desde una urgencia política que es la violencia”, demanda.
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Busca “contaminar” la escritura de la academia, incomodar con un libro, como ella lo ha nombrado, violento. “A mi no me interesa que sea cómodo, decir que todas somos felices, nos amamos”. Mikaela alza la voz: “No, marica, el feminismo blanco debe morir, se acabó. El esencialismo de género no nos lleva a ningún lado”, apunta la autora, quien en su autobiografia se asume como “periodista marika y performancera”.
“Nos han robado el uso legítimo de la violencia”
¿Es justificable el camino de la violencia para defenderse de la violencia?, se le pregunta. Para responder, Drullard refiere a la metafora de la plantación de banano, algodón o cañaverales en el Caribe y Estados Unidos. Cuando existian colonias y esclavos que describe como “sujetos racializados, que no eran ni mujeres ni hombres y por lo tanto no eran humanos” sometidos al amo y a la ama, “blancos, dueños de los esclavizados”.
Bajo este contexto la autora cuestiona: “si esos esclavizados en algún momento le pusieron veneno a la comida del amo y la ama, que eran sus dueños. Yo quiero preguntar ¿acaso es una acción legítima?”
Otro ejemplo que expone es durante la revolución de Haití para obtener su independencia en 1804 en donde franceses fueron colgados con el objetivo de que la comunidad haitiana proclamara su libertad. “Yo me pregunto si eso esta mal”, despúes de un corto silencio, la escritura enuncia: “Ya basta de decir que vivimos en paz. Este mundo es violento con nosotras”.
Para ella, la violencia legitima puede manifestarse de distintas formas, como la escritura y el discurso, “las compas que se organizan en un ejército zapatista de liberación nacional, puede ser la autodefensa. Cualquier cosa significa resistencia frente al poder”.
Retoma lo que vive el pueblo palestino, que no duda en señalar como un genocidio. “Si mañana agarran las armas, ¿acaso nosotras le vamos a decir, miren qué violentos son? Cuando literalmente han sido históricamente perseguidos”.
Para explicar su postura, Drullard retoma la teoria del psiquiatra y filósofo Frank Fanon, en donde explica que el único camino para llevar a cabo una revolución y, a su vez, una transformación, es a través de la violencia. “Y las revoluciones entran por la organización política, por los movimientos sociales organizados, entran de cualquier forma de poder que resiste ante el poder hegemónico, la hegemonía cultural que es supremacista blanca, cisgenerista y colonial”.

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Enfatiza que “hay que decir las cosas como son”, pues asegura que se ha robado también el relato sobre la violencia. “No hay una cosa más violenta que el Estado, pues está armado hasta los dientes, todo el complejo industrial carcelario y el armamentistico”.
Rumbo a la Marcha del 8 de marzo, con motivo del Día Internacional de la mujer, en el centro de la Ciudad de México, Mikaelah considera intervenir en los momentos, pues considera que es una respuesta legítima, resistencia frente a un sistema que reproduce violencias patriarcales, racistas y coloniales.
“No llegamos todas”
Mikaelah asegura no creer en la frase “llegamos todas”, proclamada por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo al asumir su cargo, pues sostiene que aún existen historias de violencia en el país que no tienen respuesta. Cuestiona quiénes son exactamente las mujeres que sí llegaron.
“Obvio no llegamos todas, si fuera así, ¿por qué Kenia Hernández, una mujer amuzga, indígena, afroamericana, sigue encarcelada por ejercer el derecho a la protesta y donde se le han construido una serie de delitos de manera tenaz?”
Argumenta que el feminismo que llegó al Estado es blanco y pacta con el poder. “¿Saben por qué la presidenta se puede nombrar feminista siendo la presidenta de la República y la jefa de las Fuerzas Armadas? Porque el feminismo nació blanco y ahora sólo se institucionalizó”.
La escritora contempla al Estado como un actor opresivo y violento, cuyo objetivo es preservarse a sí mismo, “del poder siempre se sospecha”, enfatiza. “Vivimos en ese contexto, un mundo tan atroz que a veces tenemos un actor que también puede ser profundamente violento, pero no lo vemos. Obvio que no llegamos todas”.

La venganza de las bonitas
"Mi venganza es ser bonita", se titula uno de los capitulos de su libro El feminismo ya fue. Y Mikaelah lo retoma en su discurso. En un mundo agresivo es necesario seguir escribiendo porque es atraves de la misma que se “disputan sentidos de existencia”, sostiene.
Ella es su propia defensora, no quiere que nadie la teorice, como a menudo sucede con otras travestis, de las que se narra sus historias pero no desde su propia voz. “Si yo no escribo, lo escribirá una blanca. Entonces cuando uno escribe también materializa existencias”.
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