Cuando se cayó el Metro, una noche para no olvidar

Todo marchaba normal sobre Avenida Tláhuac, cuando sobrevino la catástrofe, la calle se transformó, un puente cayó y con él un vagón de Metro partido en dos

Cuando se cayó el Metro, una noche para no olvidar
Foto: Xinhua
Nación 04/05/2021 04:23 Héctor de Mauleón Actualizada 16:26
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“¡Se cayó el Metro! ¡Se cayó el Metro!”, gritó uno de los despachadores de la gasolinera ubicada en Avenida Tláhuac, a unos pasos de la Estación Olivos de la Línea 12.

Se había oído un pavoroso estruendo. La calle se llenó de polvo, de humo, de chispas. Se oyeron gritos. Mucha gente corrió. Otra se quedó mirando, paralizada.

Cuando sobrevino la catástrofe había sobre Avenida Tláhuac un tránsito vehicular intenso. De pronto, toda la calle se transformó. Una vez que se asentó el polvo soló quedó un puente en “v” y un vagón de Metro partido en dos.

El Periférico se volvió muy pronto una pista de carreras en la que circulaban con las sirenas encendidas y el acelerador hasta el fondo ambulancias, unidades de rescate, patrullas de la Secretaría de Seguridad Ciudadana y camionetas de la Sedena, Protección Civil y la Guardia Nacional.

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En los alrededores de San Lorenzo Tezonco todo estaba perturbado. Los vecinos asomaban desde sus puertas para ver pasar las unidades que llenaban las calles de destellos rojos. Como siempre en los días de las grandes catástrofes, las colonia hormigueaba de gente que intentaba acercarse a la Estación Olivos.

Iban a pie, en bici, en moto, con el ceño fruncido y aire de urgencia.

Mucha gente se había acercado a los vagones mismos con intención de romper los vidrios e intentar sacar a quienes iban dentro. Otros se limitaban a tomar fotos y activar la cámara de video de sus celulares.

El albañil Daniel Suárez logró llegar hasta el sitio de la tragedia. Buscaba información sobre su amigo Santos Reyes.

Habían estado celebrando el día de la Santa Cruz. Al terminar el convivio, Santos tomó el Metro en Periférico de Oriente, rumbo a Tláhuac.

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“Cuando oí lo que había pasado le comencé a marcar. Ya no contestó. Su familia también lo está buscando. Yo creo que iba en el convoy”, dijo Suárez.

En poco tiempo todo se volvió un pandemónium. Gritos, confusión, sirenas de ambulancia, curiosos, torretas encendidas, uniformados corriendo de aquí a allá, oficiales de policía gritando órdenes, bomberos y elementos de Protección Civil que luchaban por alejar a la gente:

--¡Cuidado señores, cuidado, esto puede colapsar!

Nadie entendía, nadie hacia caso.

La calle se llenaba de gritos y exclamaciones cada que se lograba extraer un cuerpo del vagón. Todos se arremolinaban, se abalanzaban, se empujaban.

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Muchos activaban la cámara de video de sus teléfonos. Otros narraban a través del celular lo que estaba sucediendo.

--¡Despejen, despejen!

--¡Abran paso, viene una ambulancia!
 

Una mujer perdió el conocimiento muy cerca de la estructura colapsada. Acababa de constatar que su hijo había perecido aplastado.

“Era mi primo. Iba en su coche con su hija cuando se cayó el Metro. A ella la rescataron con vida. Lamentablemente, él falleció”, responde una joven que hace llamadas y envía mensajes mientras espera que arranque la ambulancia.

Tras el sismo de 2017 vecinos de la Estación Olivos habían advertido que la estructura presentaba “grietas considerables”. Se habían caído incluso algunos pedazos. El entonces director del SCT, Jorge Gaviño, informó en enero de 2018 que se habían realizado trabajos de reforzamiento entre las estaciones Olivos y Nopalera.

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Pronto se desplomó una de las trabes En octubre de 2020, con un conjunto de fotografías, se documentó en redes sociales: “Estructura del metro, a la altura del Walmart San Lorenzo Tezonco se está desnivelando”. Las fotografías mostraban un desnivel evidente, preocupante.

Anoche, a una cuadra del sitio del desastre, en una unidad del Infonavit, colgaba una manta en la que “los vecinos de la zona de socavones” informaban que “cualquier socavón o daño a la torre de esta unidad te aremos (sic) responsable. No estacionarse, trailero”.

“Se abren socavones en la calle todo el tiempo –relató un vecino--. Por aquí pasan los tráileres de las fábricas, y pasan también los camiones de las minas. Estamos en una zona lacustre y la vibración de los vehículos de carga pesada daña poco a poco la estructura de las construcciones. Imagínese lo que no le hace la vibración continua y el peso de los vagones a la estructura del Metro…”.

Avenida Tláhuac hierve. Las sirenas no dejan de aullar. “Cuando se cayó el Metro” es una noche para no olvidar.
 

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