Donald Trump está enojado. Se involucró en la guerra con Irán pensando que sería otra Venezuela, pero las cosas no han salido como esperaba.
Al menos 13 soldados han muerto y cuatro aviones se han perdido en dos semanas de ofensiva. Los precios del petróleo se han disparado a niveles históricos, mientras 52% de estadounidenses, según una encuesta del diario The Washington Post, no ve cuál es el punto del actual conflicto.
No es que Trump ayude mucho. Hasta el momento, no ha podido dar una razón convincente. Incluso terminó apropiándose de los argumentos del secretario de Estado, Marco Rubio, respecto del porqué Estados Unidos decidió atacar Irán en estos momentos. Según otra encuesta, de Fox News, 51% de estadounidenses consideran que la guerra que Trump inició ha hecho que Estados Unidos sea menos seguro. Pero Trump y su gobierno decidieron enfocar su ira hacia otro lado: los medios.
Según el mandatario, los medios estadounidenses insisten en “ponerlo en mal” con el pueblo. Afirma que “los medios de las fake news odian informar sobre lo bien que el ejército de Estados Unidos está haciéndolo contra Irán”. Los acusa de mentir sobre los daños a buques, sobre su ambigüedad respecto de qué espera lograr en Teherán, sobre las dudas que genera su estrategia —si es que la hay— a largo plazo...
El secretario de Guerra, Pete Hegseth, se quejó de que los medios hayan destacado la muerte de seis efectivos, en vez de los “éxitos de guerra” y cuando fue cuestionada al respecto, la vocera de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, aseguró que “eso no fue lo que el secretario quiso decir”. ¿Le preguntan sobre los efectivos caídos? Trump responde llamando “desagradable” al reportero. El enojo ha llegado a tal punto que el gobierno amenazó con revocar la licencia a emisoras por su cobertura en el tema de Irán. Hegseth no ocultó el interés del gobierno de Trump para que se concrete la adquisición, por parte de Paramount, de Warner Bros, incluyendo CNN, dando la razón a quienes han externado su preocupación de que, con este negocio, Trump se beneficiará, al ver a uno de sus leales, David Ellison, director ejecutivo de Paramount, decidiendo cómo será la cobertura noticiosa de la cadena que hasta ahora ha sido la más crítica con su administración.
Para Trump, resulta más fácil disparar al mensajero que hacer un viraje en un barco que se está autodestruyendo. Quedó claro para todos que Irán no es Venezuela. Y la posibilidad de que el conflicto se extienda es mala para Estados Unidos, para los países del golfo Pérsico, para Europa, para Latinoamérica. Todos, de un modo u otro, nos veremos afectados. El único gobierno que está más que feliz es el de Benjamin Netanyahu.
Trump no sabe cómo salir del atolladero sin convertirse en un TACO gigantesco. Ni siquiera es capaz de ver el problema mayor que se le avecina, con los estadounidenses cada vez más enojados por el rumbo que está dando al país, por la poca atención que presta a los problemas que aquejan a los ciudadanos, que son los que, en las urnas, le exigirán cuentas a él y a los republicanos.
Algunos miembros del partido piden al presidente reenfocar su atención en EU. Pero Trump sólo escucha lo que quiere. Y no es un republicano. Usó al partido para alcanzar el poder. Ahora, sin la posibilidad de buscar una reelección, los republicanos, igual que los medios, sólo le estorban en sus planes de dominar al mundo... o morir en el intento. Y si debe acallar a la prensa, vía demandas, adquisiciones entre amigos, o revocando licencias, lo hará. ¿Todavía hay quien tenga dudas?
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