San José.— Fiel a su inocencia y fogosidad, despojado de prejuicios e intolerancias y pletórico de congojas y travesuras, Francisco Javier Vera Manzanares despierta cada mañana con la imagen frente a su casa de un espectacular e inmenso rincón de la, a un lado de la Quebrada Cune y en “La Ciudad Dulce de Colombia”: Villeta, tierra de caña de azúcar que ofrece melaza, panela o piloncillo en abundancia.

Por senderos montañosos junto a su hogar, en la pequeña villa en el occidente del departamento (estado) colombiano de Cundinamarca, Francisco Javier corre y pasea con su leal perro Pinky, disfruta sin fronteras de su infancia —tiene 11 años—y refuerza, a diario, la pasión que atesora desde que tenía cinco y por la que es como un ruiseñor que canta en una lucha por un ideal: la defensa de la vida y la naturaleza.

“Uno defiende lo que ama y uno ama lo que conoce”, dice este inquieto niño colombiano en una entrevista con .

Sin importar limitaciones por su edad y otros obstáculos, Francisco Javier creó y dirige desde Villeta la organización ambiental no estatal Movimiento Guardianes por la Vida, con presencia en 11 departamentos de Colombia y filiales en México, Argentina y Venezuela. En sus redes sociales, la organización sin fines de lucro define sus principios centrales: “Creemos firmemente en la defensa de la vida en todas sus manifestaciones y creemos que esta defensa incluye condiciones dignas para las personas, los animales y los territorios”.

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Pero al igual que infinidad de iniciativas de paz en Colombia para ponerle fin a más de 56 años de conflictos bélicos y a una interminable violencia del narco y otras modalidades de la delincuencia organizada, con paramilitarismo, bandas criminales y redes de muerte y desolación, la de Francisco Javier se topó también con la intolerancia y el peligro a su integridad física como gestor de un movimiento de paz.

Tras pedir en un video a inicios de enero anterior al presidente de Colombia, Iván Duque, que dé servicio de internet de mayor calidad a los estudiantes que, por el confinamiento obligado por el coronavirus, deben estudiar en sus casas, Francisco Javier recibió el 15 de ese mes, vía Twitter, una amenaza contra de su vida de una persona hasta ahora desconocida.

Duque ordenó indagar un tipo de intimidación que es fértil en un país que, tras 50 meses de proceso de paz con la ahora disuelta guerrilla comunista de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), vive entre alarmas en rojo.

Cifras oficiales mostraron que Colombia sufrió en enero de 2021 una masacre cada cinco días y que de noviembre de 2016 a julio de 2020 fueron asesinados 971 líderes sociales, ambientalistas y de derechos humanos, con 309 el año pasado. Hay una recompensa de unos 2 mil 800 dólares por información sobre la autoría del mensaje en una cuenta que Twitter ya cerró y en medio de una reacción interna y externa de repudio.

Por protocolo de seguridad, la familia de Francisco Javier condicionó la entrevista a evitar preguntarle sobre la coacción que recibió en el atemorizador aviso de insultos y groserías. Hijo único de colombianos —de la trabajadora social Ana María Manzanares Méndez y del abogado Javier Alejandro Vera Gómez— y convertido en figura locuaz, el ya famoso menor enfrenta sin temor a cualquier periodista.

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A un cuestionamiento de este medio acerca de que mientras la humanidad gasta centenares de miles de millones de dólares al año en una imparable carrera armamentista, en muchos países falta dinero para salud, educación, ciencia y tecnología, Francisco Javier contestó: “En ese tema no me quisiera meter mucho, es un tema importante, pero por seguridad y por la amenaza mejor no”.

El niño fue recibido en diciembre de 2019 en una sesión plenaria del Senado de Colombia en la que instó a los senadores a adoptar urgentes legislaciones por la protección de la vida en cuatro factores puntuales: no al maltrato animal, no al uso de los animales para pruebas, no al plástico de un solo uso y no a la fracturación hidráulica (fracking) para extraer gas y petróleo.

Como personaje ligado a distintas organizaciones ecologistas de Colombia y del exterior, a Francisco Javier se le compara con la mundialmente connotada ambientalista sueca, Greta Thunberg, de 18 años cumplidos en enero pasado.

Javier, a sus 11 años ya sufrió amenazas por luchar por el medio ambiente
Javier, a sus 11 años ya sufrió amenazas por luchar por el medio ambiente

El siguiente es un extracto de la entrevista:

¿Cómo surge su iniciativa?

—Mi activismo surge por varios elementos. El más importante o la chispa que lo encendió fue vivir en un entorno verde. Hay muchos que no lo creen, pero hay cosas que a uno le tocan el corazón, lo apasionan. Pero esa pasión se debe a algo. Y lo que causó en mí la pasión por la defensa de la vida y del ambiente fue principalmente poder conocer eso que uno defiende.

Uno defiende lo que ama y uno ama lo que conoce. Pero cuando lo amamos realmente con nuestro corazón y conciencia, vamos a contagiar a los demás con ese mensaje, sea ambiental, social, por cualquier causa: cuando lo hacemos con pasión y motivación, contagiamos a los demás precisamente de ese mensaje, esa actitud y ese entusiasmo por la defensa de la vida. Fue básicamente por eso.

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¿Cómo describiría el entorno natural en el que se desarrolla su vida?

—Vivo en Villeta desde los dos años. Villeta es un lugar que queda en la región andina del país, en medio de la región cundiboyacense, un territorio muy importante históricamente, y queda también en medio de la cordillera de Los Andes. Al estar rodeado de tantas cosas, el poder conocer el territorio, su historia, cultura, la cultura de mis ancestros y demás es algo que me motiva a defenderlo. Y muchos no lo creen, pero realmente hay cosas que a uno sí le tocan el corazón.

Y a mí pues el vivir en este territorio me tocó el corazón. Vivo al lado del río (Quebrada Cune), tengo los pájaros, estoy rodeado de pájaros. Tengo la vista hacia la cordillera precisamente. Vivir en el segundo país más diverso del mundo es una motivación muy grande para ser activista.

¿Cómo luchar por la vida en un país que, como Colombia, arrastra décadas de muerte, violencia y dolor?

—Muchas personas quieren ser activistas en mi país y en Asia, Europa, América Latina, Oceanía, en todo el mundo también hay violencia. Ser un guardián por la vida es el tener el deber, la posibilidad, la oportunidad de reivindicar el valor tan inmenso, tan grande, que tiene la vida de los ciudadanos, los animales, los ecosistemas, el territorio.

¿Cómo ser un guardián por la vida? Siempre llevar esa pasión primero, entender y reconocer el significado de la vida, para reivindicar ese significado en nuestros territorios también marcados por la violencia.

—Todo indica que el movimiento que usted está encabezando está en constante crecimiento.

—Poder atraer, contagiar niños, jóvenes, niñas de mí misma edad con esa causa ambiental ha sido muy efectivo realmente. En México hay ya dos nodos. Uno en una de las costas de México, con un líder ambiental, y otro un poquito más grande, como de 10 chicos, en la Ciudad de México.

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Básicamente es poder ver también que los jóvenes, no sólo que uno los incentiva, ya por cuenta propia están abanderando esas causas del tema ambiental y climático y defensa de la vida.

Es ver todo el cambio social, ambiental, climático y todas esas causas que están abanderando los jóvenes y contagiando a muchas más de esas nuevas generaciones que no sólo somos el futuro, sino que también somos el presente.

El mundo sufre desde 2020 el contagio masivo del coronavirus. ¿Cómo lograr un contagio positivo por la defensa de la vida y de la naturaleza?

—Vivimos en una sociedad de flujo, de constante cambio e información. De repente, vemos tres noticias en 10 minutos, mucha información y hasta cierto punto no la analizamos, no la comprendemos, no reflexionamos sobre esa información.

Como no reflexionamos, pues siempre nos la creemos. Hay que tener un pensamiento crítico. Si dejamos de lado esa sociedad de flujo, también los niños somos el presente. Y estamos luchando y abanderando esas causas que antes nombraba. Por eso ese contagio positivo en el tema ambiental ha sido muy rápido, muy grande. Eso es lo positivo.

Lo bueno es frenar el contagio de Covid-19, pero también aumentar el contagio de muchos más jóvenes, niños y niñas en la causa ambiental.