Scholz apuesta por la modernización de Alemania

Con la coalición habrá apertura en el terreno social, climático y digital; presupuesto es obstáculo: expertos

Scholz apuesta por la modernización de Alemania
La cumbre del G7, en junio de 2018, en Canadá, dejó una de las fotos más icónicas de Merkel, donde se le ve encarando al entonces presidente de EU, Donald Trump, con quien siempre mantuvo una relación tensa. Foto: Archivo. AP
Mundo 08/12/2021 02:16 Inder Bugarin / Corresponsal Actualizada 02:20
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Bruselas. Todavía no había arrancado su gestión y el gobierno de Olaf Scholz ya dejó huella en la política teutona.

La coalición se formó en tiempo récord, si se compara con países vecinos como Holanda y Bélgica, y con una sintonía entre las fuerzas de centro izquierda no vista en mucho tiempo durante el proceso de formación del gobierno alemán.

“La gran diferencia con el pasado es que ésta es una coalición formada la propia elección de tres partidos. Los dos últimos ciclos electorales terminaron en gran coalición por incapacidad para formular una alternativa, en esta ocasión no es así, no es una coalición de último recurso”, dice a EL UNIVERSAL Sudha David-Wilp, subdirectora de la Oficina en Berlín del German Marshall Fund for the United States.

“El deseo de transformación, modernización y progreso es lo que ha unido a estos tres partidos”, así como también la urgencia por afrontar una pandemia que gana terreno.

“No había tiempo que perder, el país se encuentra en medio de la cuarta ola de Covid. Tenían que avanzar rápido, no podían prolongar el vacío de poder”, agrega David-Wilp.
Igual de remarcable es el contenido del pacto entre el Partido Socialdemócrata (SPD), el Partido Liberal (FDP) y los Verdes. Está lleno de ambiciones en el terreno social, climático y en el rubro de la digitalización.
 

La denominada coalición “semáforo” quiere elevar el salario mínimo y las pensiones, construir 400 mil viviendas accesibles y ponerle un límite a las rentas en bienes raíces. Además aspiran reducir la edad para votar a 16 años, expandir los derechos de ciudadanía y legalizar la compra de cannabis.

El apartado climático es igualmente trascendental. Alemania deberá alcanzar la neutralidad climática para el 2045, y no en 2050 como el resto de los socios de la Unión Europea; eliminar la producción de carbón para 2030 y no en 2038, acabar con la generación de energía a partir del gas para 2040 y expandir considerablemente las fuentes renovables para cubrir el 80% de las necesidades del país para 2030.

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Merkel, rodeada de líderes como los entonces presidentes de EU, George W. Bush (der.); de Rusia, Vladimir Putin (atrás de ella); el francés Nicolas Sarkozy (al lado izquierdo de la canciller) y el premier británico Tony Blair (izq.). Frente a pesos pesados, ella no se “achicó”. Foto: Archivo. AP

Quieren que los autos de combustible sean cosa del pasado: para 2030 por lo menos deberán circular 15 millones de vehículos completamente eléctricos, la flota actual es de solo 570 mil, alrededor del 1% nacional. Además toda iniciativa de ley que se presente al Parlamento deberá estar sujeta al cumplimiento del Pacto de París y como la cereza en el pastel habrá un Súper Ministro para el Clima, el político verde Robert Habeck.

“Resultó ser un acuerdo de coalición mucho más interesante de lo esperado, es sorpresivamente radical en distintas áreas del socioliberalismo, va a ser un gobierno extremadamente interesante. Es realmente valiente lo que hicieron”, sostiene Quentin Peel, investigador asociado al Programa Europeo del Instituto Real de Relaciones Internacionales Chatham House.

Pero una cosa es prometer y otra es cumplir, dice a este diario Hanco Jürgens, investigador del Instituto Alemán de la Universidad de Amsterdam.

“El nuevo gabinete ofrece la esperanza de creer en el futuro, de que los temas que no fueron atendidos durante 16 años de Merkel, finalmente serán afrontados. Pero no estoy muy seguro de que lo logren, creo que prometieron demasiado”, asegura el estudioso.
 

Jürgens precisa que la piedra en el zapato es de carácter presupuestal. “Para hacer realidad los objetivos se requiere de inversión y por el momento parece que no cuentan con el presupuesto necesario, y ese puede ser un problema, prometieron cambio, pero en la práctica los recursos no están allí para cumplir todas esas promesas”, apunta.

El gobierno está sujeto al “Schuldenbremse”, es decir, a la enmienda que fija que el Estado no puede gastar más que sus ingresos, un principio constitucional y cuyo cumplimiento es regla de oro para los liberales.

La manera como intentarán resolverlo es a través de socios privados y/o semiprivados como el Banco Federal Alemán, la Compañía Ferroviaria Alemana, el Banco Alemán de Inversión, pero ésta fórmula implica el riesgo de inconformidad en los tribunales, por el carácter constitucional de la disciplina presupuestal.

Muchos podrían llegar a pensar que una vez que los democristianos han quedado a un lado los socialistas tienen el camino libre para un gobierno de izquierda, pero es precisamente por este balance presupuestal que no se puede esperar gran contraste con el gobierno precedente.

“Habrá un claro cambio de tono en el discurso en materia de derechos humanos, refugiados, sobre quién es alemán y quién no. Habrá gran apertura hacia formas de vida distintas, pero no grandes cambios en el gasto del gobierno”, indica Jürgens.

Además de los dineros, el gran desafío será mantener a flote la coalición. No solo hay divisiones al interior de las fuerzas políticas, particularmente en los polos más extremos de la familia liberal y verde, también entre los dos partidos hay visiones opuestas en temas pequeños del día a día, como es la velocidad límite en las autopistas.

“La clave del éxito estará en qué tanto el canciller Scholz puede reconciliar las diferencias claramente existentes entre los socios, particularmente en la economía”, asegura en entrevista Quentin Peel.

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Merkel con un refugiado, en un centro de acogida en 2015. Ese año, frente a una ola migratoria de Medio Oriente, su gobierno les abrió las puertas. Foto: Archivo. EFE

“En manos de Scholz está el éxito, porque los alemanes vieron en él la persona más indicada para ser un conciliador, como lo fue Merkel. Así que tenemos éste curioso balance entre el deseo de ser radicales y no excederse”.
 

Lo que sí tienen en claro los investigadores, es que harán lo posible para que esto funcione, tanto verdes y liberales están obligados a demostrar que pueden ser serios partidos de gobierno.

Otro distintivo de la administración Scholz es el compromiso con Europa. El acuerdo de coalición menciona en 245 ocasiones el término Europa, frente a 144 veces la palabra “Alemania”.

Hablan de desarrollo hacia la Europa federal, del fortalecimiento de la “soberanía estratégica europea”, términos archivados en armario del recuerdo desde el estallido de la crisis económica hace más de una década.

“Sus políticas respecto a Europa son igualmente radicales en papel”, indica Quentin Peel.

Están a favor de una nueva convención constitucional y que las decisiones de política exterior se tomen por mayoría cualificada, y no por unanimidad como en la actualidad. No excluyen la posibilidad de un bono europeo y mayor integración en defensa.

Los expertos anticipan que la nueva coalición alemana deje sentir su influencia en el resto de Europa. Están convencidos de que habrá un claro cambio de tono en el discurso, particularmente en defensa de los derechos fundamentales y el respecto al Estado de derecho, lo que generará incomodidad entre los regímenes con tendencias autocráticas, como el polaco y el húngaro.

“Este es un gabinete con una misión y posiblemente la encontrarán en Europa, junto con [el presidente francés Emmanuel] Macron, de ser reelecto el año entrante, y el premier italiano Mario Draghi”, sostiene Jürgens.

Aunque tampoco será fácil para Scholz: una cosa es que cambie el tono del discurso e inyecte nuevas dinámicas, y otra es que el resto de los Estados miembros estén dispuestos a modificar su comportamiento con respecto al proyecto europeo.

Países como Holanda, Austria, Hungría y Polonia no son muy favorables a reformar la Unión y eso puede resultar problemático para los planes de Berlín.

“Pero estoy convencido de que enfocarán su energía en estas cuestiones. Seguro cambiarán el debate en Bruselas; Merkel fue muy pragmática, si sentía que sus propuestas no eran realistas las retiraba, esto no ocurrirá con el nuevo gabinete, al menos lo intentarán, independientemente de que lo logren o no”, indica.

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