Radiografía sobre el Castrismo en Cuba
Radiografía sobre el Castrismo en Cuba

Cierre de tenaza

La variante en el tablero político cubano completará un proceso que empezó en abril de 2018, cuando el militar entregó a Díaz-Canel la presidencia de los consejos de Estado y de Ministros, un cargo que, en octubre de 2019, se transformó en Presidencia de la República y se reforzó con la reaparición de la figura de Primer Ministro, abolida en 1976.

Díaz-Canel podrá permanecer como presidente hasta 2029.

La presidencia de los consejos fue ejercida por el comandante de 1976 a 2006, cuando la cedió temporalmente a su hermano, por problemas de salud, y luego de manera definitiva en febrero de 2008. Al fallecer en noviembre de 2016, el comandante aceleró las aspas sucesorias en el PCC como pieza dominante en los poderes estatales.

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El Partido controla desde las fuerzas armadas hasta la policía, pasando por las estructuras gubernamentales, judiciales y legislativas, los medios informativos y propagandísticos (periódicos, estaciones de radio, canales de televisión, revistas y redes sociales de internet), los mecanismos de telecomunicaciones y cualquier institución cultural, social, deportiva, recreativa o comunal, con presencia vigilante en las barriadas.

Como cabeza del Estado, también conduce—mayoritariamente bajo guía militar—todos los hilos de la economía: produce pan, cigarrillos y ron, hospeda turistas, arrenda automóviles, vende condones y helados y predomina y se prolonga en un largo etcétera de actividades en la maltrecha situación social interna.

En las partes de su mensaje publicadas por la prensa oficialista, Castro recordó que “recientemente” se amplió el alcance del trabajo por cuenta propia, en una acción “acogida con beneplácito por la población, pero fue criticada por los que sueñan con la privatización masiva sobre los principales medios de producción”.

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“Hay límites que no podemos rebasar porque llevaría a la destrucción del socialismo”, advirtió.

“Se ha demandado el ejercicio privado de algunas profesiones (…). Parecería que el afán de egoísmo inicia el proceso del desmontaje del socialismo. Por ese camino se destruirían los sistemas de salud y educación, gratuitos y de acceso universal. (…)  Son estas cuestiones que no pueden generar confusión”, recalcó, al fustigar los pedidos de privatizar el comercio.

“El dominio de los medios fundamentales de producción es la base de nuestro socialismo”, precisó.

En tono desafiante al concluir su disertación en el Palacio de las Convenciones, en el oeste de La Habana, anunció que “mientras viva estaré listo con el pie en el estribo para defender a la patria, la revolución y el socialismo con más fuerza que nunca”.

¿Democracia?

La revolución defendió su modelo como una forma de democracia popular con el PCC como su vanguardia indiscutible.

“El partido único siempre está en el foco de las campañas enemigas para impulsar la sacrosanta democracia burguesa y aplicar la política de divide y vencerás”, puntualizó Castro en rechazo a un reclamo que creció, dentro y fuera de Cuba, por la prohibición al multipartidismo.

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“La unidad” permitió enfrentar las amenazas y “debe cuidarse con celo y jamás debe aceptarse la división: ese sería el primer paso para destruir el socialismo y la independencia nacional”, insistió.

Aunque la poderosa estructura comunista es la única fuerza política legal en la isla, en muchos de sus rincones pululan las demandas de libertad, democracia multipartidista, pluripartidismo, libertad de expresión y elecciones libres, a veces en silencio y en la clandestinidad y en ocasiones en ardiente reclamo callejero creciente.

“No hay sorpresas, al menos en la metódica cronología que el propio Castro había trazado desde hace unos años”, publicó 14ymedio.com, diario digital opositor que opera en la ilegalidad en Cuba.

“Quizás lo novedoso es el contexto en que le ha tocado pasar el testigo. Con la crisis económica más profunda del último cuarto de siglo, la insatisfacción popular creciente y la decisión de Washington de mantener por el momento las sanciones adoptadas por la administración de Trump, el general nunca hubiera podido proyectar escenario más sombrío en el momento de presentar su balance”, agregó.

“A esto se debe la decisión de no transmitir en vivo por la televisión nacional el discurso del primer secretario del PCC”, sugirió.

No fue posible obtener una confirmación independiente sobre esa disposición en un país acostumbrado a que la televisión consuma gran cantidad de horas en divulgar propaganda oficialista y en fustigar, repetidamente y con dureza, a lo que el régimen tilda de contrarrevolucionarios y mercenarios de EU, dentro y fuera de Cuba.

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La realidad de las nuevas generaciones, para las que las epopeyas revolucionarias son anécdotas de abuelos y bisabuelos o instantes que solo vieron en libros y todavía observan en la propaganda oficialista, es que el sistema está agotado.

“Si la contrarrevolución cubana no hubiera existido, el castrismo la hubiera inventado”. La frase dibuja las dos lógicas que se maldicen y detestan a ambos lados del estrecho de La Florida y que dependen una de la otra para subsistir.

Florida, albergue principal de los cubanos que, desde 1959, salieron legalmente o huyeron de Cuba a EU por causas políticas o económicas o las dos, continuó siendo un hervidero de pasiones sobre el futuro de la isla, cercana geográficamente y lejana para muchos que migraron al sur estadounidense y nunca pudieron o quisieron retornar.

En vísperas de que el presidente de EU, Joe Biden, cumpla el próximo martes los primeros tres de sus 48 meses de gobierno, un factor esencial será que la Casa Blanca defina su política hacia Cuba luego de que Trump se distanció del régimen tras el acercamiento de su predecesor, Barack Obama.

Biden lo sabe: es el décimo tercer presidente de EU al que, desde 1959, le corresponde lidiar con la revolución comunista cubana.