¿Qué se puede esperar de un gobierno talibán?

La agrupación tiene que ser más pragmática si quiere sobrevivir, al saber la importancia de la ayuda y el reconocimiento internacional, de acuerdo con reporte de think tank

¿Qué se puede esperar de un gobierno talibán?
Seguidores de los talibanes gritan consignas y ondean banderas, mientras marchan por una calle en Kandahar al celebrar, después de que Estados Unidos ret i ró a todas sus tropas del país para poner fin a un conflicto bélico de 20 años. Foto: AFP
Mundo 01/09/2021 02:50 Inder Bugarin / Corresponsal Actualizada 12:48
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Bruselas.- Tras el fin oficial de la guerra más larga de Estados Unidos, los talibanes emergen como los únicos interlocutores de Afganistán con el exterior.

A partir de ahora, la forma como se desarrolle el diálogo con las potencias económicas y las instituciones internacionales dependerá del comportamiento de los talibanes, a quienes llegó el momento de entender que no es lo mismo comportarse como fuerza insurgente que como autoridad al frente de una nación.

“Los juzgaremos por sus acciones”, declaró recientemente el presidente estadounidense Joe Biden.
 

Una vez retiradas las fuerzas ocupantes, los talibanes están de vuelta con la intención de reconstruir su Emirato Islámico y enseñar a los 39 millones de afganos cómo vivir acorde al código de conducta dictado por la Sharía.

Si bien está por ver cómo lograrán ese objetivo, el Overseas Development Institute (ODI), dice conocer la respuesta sobre el tipo de gobierno que impondrán y lo que los ciudadanos habrán de esperar.

El centro de estudios londinense ha documentado por dos décadas el funcionamiento de gobiernos paralelos creados por los talibanes en algunas zonas del país. Los datos arrojan que en los territorios bajo su dominio, intervienen en todos los ámbitos, desde la educación hasta el funcionamiento de las ONG que tienen a su cargo la salud pública.

Por ejemplo, en el rubro educativo, los talibanes investigan a los profesores antes de la confirmar el cargo, y una vez que los maestros están frente a los alumnos, reciben visitas periódicas para observar la cátedra y emitir recomendaciones.

“Los profesores pueden ser transferidos, a través de mecanismos gubernamentales, si no asisten u ofenden los talibanes de alguna manera”, aunque las políticas del movimiento no son uniformes, el que las niñas puedan asistir o no a la escuela primaria ha diferido de un lugar a otro, entre los poblados urbanos y las poblaciones rurales conservadoras.
 

Como insurgencia han sido audaces en adjudicarse beneficios a la población generados por otros, como las agencias humanitarias, y la lealtad de los gobernantes locales se ha sustentado en la compra de su apoyo. Muchos de los fondos recaudados por el movimiento provienen del control de los cruces fronterizos, las rutas de contrabando y el robo de electricidad. La ley se aplica con base a su interpretación de la ley islámica.

“Su administración en la sombra ha sido rudimentaria, reducida y en gran parte parásita, esencialmente atribuyéndose el mérito de lo que ofrecen los demás”, indica el think tank.

En términos generales, sostiene, los talibanes deben elegir entre destruir los vestigios de la intervención de 2001 o asimilar lo que puedan para llegar a acuerdos con aquellos dispuestos a cooperar.

“Conscientes de que el mundo está mirando, sus líderes políticos parecen conscientes de los desafíos que enfrentan. Algunos talibanes locales incluso han tratado de tranquilizar a la población y asumir el control de las instituciones gubernamentales para que sigan funcionando”.

“En otros lugares, sin embargo, hay informes de que los talibanes toman represalias contra cualquier persona asociada con el gobierno o las fuerzas de seguridad, destruyendo propiedades”.

El primer examen, es cumplir con la promesa de que permitirán la salida segura de aquellos que no pudieron ser evacuados por las aeronaves militares estadounidenses C-17; al menos 300 norteamericanos siguen en el país, por elección propia o dificultades para llegar al aeropuerto de Kabul. Por el momento, muchos afganos que han logrado abandonar el país ven una diferencia entre las promesas y las acciones de los talibanes, mientras que algunos políticos, como el secretario de Estado británico para Medio Oriente, James Cleverly, se muestran “escépticos” acerca de las promesas hechas por los talibanes.
 

Afganistán tiene mucho que perder si los talibanes apuestan nuevamente por el aislamiento. La economía es pequeña, considerando que el territorio es comparable al de Francia; en términos nominales el PIB asciende a 19 mil millones de dólares, así como es rudimentaria, el 44% de la fuerza laboral se concentra en la agricultura de baja productividad, de acuerdo con el Banco Mundial.

Desde 2001 prácticamente se ha sostenido con la ayuda internacional. Los fondos acumulados entre 1995 y 2019 ascienden a unos 78 mil millones de dólares, más de lo que conjuntamente recibieron las naciones de la región, concretamente India, Irán, Turkmenistán, Uzbekistán, Tayikistán, Kirguistán.

En 2019 la ayuda internacional representó una quinta parte de la economía afgana; en tanto que en 2011, cuando la intervención estadounidense habría alcanzado su pico, la asistencia externa concentró la mitad del PIB. Para el gobierno en exilio, las donaciones internacionales financiaron el 75% del gasto público.

Igual de crucial fueron los fondos que acompañaron la presencia estadounidense. Estados Unidos gastó 145 mil millones tratando de construir instituciones en un ambiente corrupto, volátil y de conflicto, de acuerdo el Special Inspector General for Afghanistan Reconstruction.

Como resultado de la incertidumbre causada por la entrada triunfal de los talibanes en Kabul, el Fondo Monetario Internacional suspendió el acceso a más de 370 millones de dólares. Lo mismo ocurrió con los recursos del Banco Mundial y la Unión Europea, mientras que Estados Unidos congeló las reservas afganas resguardadas por el banco central norteamericano en Nueva York, alrededor de 7 mil millones de dólares.
 

“Los donantes creen que los talibanes comprenden la importancia de la ayuda y que podrían usarla como palanca para moderar las políticas talibanes. Pero es poco probable que la amenaza de recortar la ayuda le otorgue a los donantes mayor poder de negociación”, indica el ODI en un análisis.

“Esto se debe a que es probable que el régimen de los talibanes se vea amortiguado por los ingresos que obtiene del control de las rutas comerciales [incluyendo actividades ilícitas] y los cruces fronterizos. Dada la importancia económica de estas rutas y los cruces para los talibanes, la respuesta de los vecinos regionales es la que ejercerá mayor presión”.

El reporte sostiene que la paz duradera en Afganistán requerirá de un arreglo político inclusivo que tenga en cuenta los legados de la guerra y sus diversas causas.

“El nuevo gobierno talibán deberá ser más pragmático que el anterior, consciente del hecho de que la ayuda y el reconocimiento internacionales son importantes para su supervivencia. No importa cómo decidan gobernar los talibanes, los países occidentales tendrán que encontrar la forma de colaborar con ellos para hacer frente a las amenazas a la seguridad mundial y, lo que es más importante, ayudar a los afganos”, indica.

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