El presidente estadounidense Donald Trump, decapitó al régimen iraní, pero ahora no tiene la menor idea de qué hacer allí.
Primero dijo que el año pasado “obliteró” el programa nuclear y que recuperarse les tomaría años. Ahora dice que atacó por el programa nuclear iraní, para impedir que se haga de un arma nuclear. Dice que quiere que la Guardia Revolucionaria entregue sus armas; que el pueblo asuma el control, o que Irán siga el “modelo Venezuela”, pero luego afirma que quiere llegar a un acuerdo.
El mandatario estadounidense afirma que tiene “dos o tres candidatos” de su agrado. Luego dice que los mataron. Luego que tiene otros.
Y si Trump no tiene claridad, su equipo menos. El secretario de Defensa repite lo que dice Trump de que quieren que el pueblo iraní aproveche la oportunidad y asuman el control del país. Luego dice, y quizá ha sido el más honesto, que la democracia iraní no le importa a Estados Unidos. Que lo que quieren es ganar.
El secretario de Estado, Marco Rubio, alega que atacaron Irán de forma preventiva pues el régimen planeaba atacar Estados Unidos (...) algún día.
Mientras la incertidumbre persiste, el conflicto se extiende. Como se preveía, Hezbolá está atacando Israel y el país está respondiendo con toda su fuerza.
Ahora Reino Unido denuncia un presunto ataque en Chipre. Y tanto este país como Francia y Alemania hablan de emprender “medidas defensivas para destruir la capacidad de Irán de lanzar misiles”.
Irán, de su lado, lanza ataques contra otros estados en el Pérsico.
La posibilidad de que las cosas se salgan de control es cada vez más real, en una región explosiva.
En cambio, la estrategia de salida no tiene pies ni cabeza. Trump dice que en 4 semanas. No, mejor cinco. Luego dice que hablará con el régimen. Después lo acusa de ser una amenaza. Y vuelve a llamar al pueblo iraní a “aprovechar la oportunidad” de tomar el control una vez que termine la ofensiva.
¿Exactamente qué quiere que haga el pueblo iraní y cómo? El caos es total, como todo en la era Trump. Negocia mientras planea guerras. Y planea para el ataque, no para el día después. Si sólo busca negociar con un ayatolá “más amigable”, ¿qué le espera al pueblo iraní?
En lo que Trump se decide, la inestabilidad crece, igual que la posibilidad de ataques terroristas, ataques de lobos solitarios ante un Trump que hace lo que quiere, donde quiere, sin ton, ni son. Porque puede y ya.
El régimen iraní está apostando —y lo está consiguiendo—a regionalizar el conflicto, a usar el Estrecho de Ormuz como moneda de cambio, sin importar el impacto económico. Entre mayor impacto, mejor para ellos, porque es más presión para Trump. El presidente estadounidense prendió la mecha del polvorín. Hasta dónde llegará la explosión, está por verse.
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