¿Qué gana o pierde Putin con la posible invasión a Ucrania?

Expertos afirman que para el mandatario ruso “será muy difícil enfriar la situación” y consideran varios escenarios que pueden ocurrir en el conflicto con Ucrania

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Soldados ucranianos, en un puesto de control cerca de la línea de separación de los rebeldes prorrusos, Mariúpol, región de Donetsk. Foto: Andriy Dubchak/ AP.
Mundo 22/01/2022 03:42 Inder Bugarin / Corresponsal Actualizada 07:50
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Bruselas.- A pesar de la presión internacional y los esfuerzos diplomáticos de las últimas semanas por parte de Estados Unidos y la OTAN, es poco probable que la tensión en el este de Europa transcurra sin que Rusia haga muestra de su superioridad militar frente a Ucrania. 

El Center for Strategic and International Studies de Washington sostiene que Moscú tiene en la frontera colindante unos 100 mil soldados, equipados con tanques, obuses, unidades de combate, helicópteros, vehículos aéreos no tripulados y sistemas de misiles balísticos tierra-aire. 
 
La concentración de fuerza ha tenido la intención de crear una crisis dirigida a atraer la atención de Washington y Bruselas, pero ha sido tanta la retórica diseminada y el arsenal desplegado, que difícilmente será llamado de vuelta a los cuarteles sin que vea acción. 

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“Luego de darle tanta relevancia y haber concentrado tantas tropas, a Putin le resultará difícil enfriar la situación y pretender que no ocurrió nada. Esto podría restarle respeto ante su público, por lo que me parece que tendrá que mostrar algo por toda esta exhibición de fuerza”, dice a EL UNIVERSAL Sven Biscop, director del Programa Europa en el Mundo del Instituto Real de Relaciones Internacionales Egmont. 

Entre los expertos no hay consenso sobre el alcance que pudiera tener una eventual operación militar en Ucrania. No hay margen para anticipar, todos saben lo que Putin no quiere; que Ucrania y Georgia no se adhieran a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y que la Alianza siga con sus actividades militares en sus países aliados y asociados ubicados en el Este de Europa. Sin embargo, nadie sabe lo que el mandatario ruso sí quiere. 

“Es difícil predecir, no es claro lo que Rusia busca, probablemente aún lo están considerando. Pero una posibilidad es que todo esto sea solo una cortina de humo para extender su control territorial en Ucrania”, dice Biscop.  

Siguiendo el consenso de la mayoría de los analistas, el profesor de la Universidad de Gante está de acuerdo en que, aunque no es imposible, es extremadamente improbable que Putin responda con la invasión total de Ucrania. 

El país es un gigante, abarca alrededor de 600 mil kilómetros cuadrados y es habitado por 43 millones de personas. Controlarlo sería muy costoso y podría empujar a Rusia a la recesión.  

Una ocupación a gran escala también sería difícil de justificar en casa, porque no habría saldo blanco. Si bien las fuerzas rusas gozan de superioridad numérica y capacidad de fuego, la insurgencia ucraniana está capacitada para infligir daños y prolongar la batalla. Las imágenes de féretros de militares rusos muertos volviendo a casa son contraproducentes para la propaganda política. 

“Otro escenario es que intenten conquistar el puente terrestre entre la región de Dombás y Crimea”, agrega Biscop. 

Adentrarse en territorio ucraniano, tendría como objetivo conectar la Península de Crimea, anexada unilateralmente en 2014, y la región de Dombás, que ya está en manos de separatistas rusos. 

Este plan resolvería además la problemática de agua en Crimea y reforzaría la campaña desestabilizadora en Ucrania para disuadir su adhesión a la OTAN

Aunque al igual que el escenario inicial, tendría consecuencias económicas para la nación invasora, estaría obligada a proporcionar servicios básicos a una población empobrecida. Igualmente tendría que lidiar con los desplazados internos, el conflicto en curso ha obligado a 1.4 millones de personas a abandonar su hogar. 

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“Rusia no invadirá Ucrania con una incursión terrestre como muchos esperan; hasta ahora ha hecho un gran trabajo en mantener la atención de Occidente en la frontera con Ucrania y la aparente amenaza de invasión”, dice a este diario Keir Giles, miembro asesor del Programa para Eurasia del Instituto Real de Relaciones Internacionales Chatham House. 

“Pero hay muchas otras maneras en las que Rusia podría alcanzar sus objetivos y reforzar sus demandas sin arriesgarse a una sangrienta e impredecible confrontación terrestre”.  

Lo más probable, señala el también director del Conflict Studies Research Centre, sería una campaña transfronteriza, empleando lanzamisiles, aviones de combate o sistemas cibernéticos. También puede ser una agresión selectiva contra las fuerzas en primera línea o rutas de suministro militar. 

“Rusia no subestima las capacidades de Ucrania, ni las consecuencias de una ocupación de larga duración, pero sabe que si lanza un ataque con misiles o cibernético, lo puede hacer a voluntad en forma de encendido o apagado, para hacer hincapié en sus demandas a occidente”.   

“De esta manera puede mantener la amenaza de mayores acciones si no cumplen sus demandas”. 

Ucrania ha estado en guerra con Rusia desde hace ocho años, luego de la usurpación de su península en el mar Negro.  

Desde entonces ha venido modernizado sus fuerzas armadas con el apoyo de Estados Unidos, valuado en 2.5 mil millones de dólares en material.  Bajo la asistencia norteamericana, Kiev ha mejorado su sistema de vigilancia y control, así como ha recibido artillería antitanques, como los misiles portátiles Javelin de fabricación estadounidense.  

Además ha recibido de Turquía, miembro de la OTAN, el vehículo aéreo de combate no tripulado Bayraktar TB2. En total, los músculos militares de Ucrania están formados por 145 mil soldados, cien mil paramilitares, 858 tanques, dos mil 441 vehículos de combate, mil 820 piezas de artillería, 90 sistemas antimisiles, 115 aviones de combate, 46 helicópteros, de acuerdo con el Military Balance publicado por el International Institute for Strategic Studies (IISS). 

Henry Boyd, investigador del IISS con sede en Londres, sostiene que pese a los esfuerzos Kiev no es rival. Anticipa una rápida victoria rusa por tres elementos en los que sobresale: Fuerza Aérea, artillería y tecnología para desactivar las comunicaciones. 

Para Biscop la única forma de evitar un nuevo enfrentamiento armado en Europa es que tanto Washington como Moscú acepten dar un paso atrás.  
“Toda solución requiere de concesiones de ambos lados, pero quizás (Putin) no esté interesado en negociar sino en ejercer cierto grado de inestabilidad permanente de manera que pueda ejercer presión sobre Ucrania y a través de Ucrania sobre la OTAN, la Unión Europea y Estados Unidos”. 

Por su parte, Keir Giles asegura que la crisis no es un asunto exclusivo de Ucrania y Georgia y sus aspiraciones de entrar en la Alianza, tiene que ver con el reclamo de Moscú a la OTAN para que retire todas las garantías de seguridad en los países del este, incluyendo sus miembros, como Polonia y Hungría, como los países con los que tiene acuerdos, Finlandia y Suecia.  

“Lo que gana (Putin con todo esto) es el retorno de Rusia como superpotencia, pero una superpotencia en el sentido del siglo XIX, cuando fue un extenso imperio”.  

Señala que el mandatario ruso intenta dictar la política exterior y de seguridad de los países que previamente fueron parte del imperio ruso zarista, “el problema es que esa aspiración es incompatible con la forma como Europa piensa que funcionan las relaciones internacionales en el siglo XXI. Ese es el desequilibrio conceptual básico entre las partes y de fondo en este conflicto”. 

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