“Pasé meses sin abrazar a mi hijo: fue muy duro"

La médica Geraldyne conoce los efectos del SARS-CoV-2 y de la escasez venezolana

“Pasé meses sin abrazar a mi hijo: fue muy duro"
Para la médica venezolana Geraldyne Aular Franca, es una alegría poder volver a besar a su hijo, Juan Rafael Gil, tras meses de abstenerse de hacerlo por los rigores del confinamiento que se impuso por el coronavirus. Foto Cortesía.
Mundo 07/03/2021 03:14 José Meléndez, corresponsal Actualizada 03:56
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San José. – A sus cuatro emes de mujer, madre, médica y maestra, la venezolana Geraldyne Aular Franco añadió la v de violencia, la c de carencias, la e de escasez, la h de hiperinflación, la d de dólares y la f de fallecidos, para describir una combinación de factores que se agravaron en Venezuela por el ataque del coronavirus.

“Los médicos ganamos tres dólares al mes. Todo junto acentúa el estrés. La vida se nos puso todavía más al revés”, dijo Geraldyne, de 51 años, con dos hijos, educadora y cirujana general en el (estatal) Hospital Rafael Medina Jiménez, de La Guaira, del norcentral estado de La Guaira.

“Ver fallecer por el contagio a cuatro, cinco pacientes cada turno es muy duro. Ver morir a colegas por lo mismo me pega mucho”, narró a EL UNIVERSAL.

“No sufro de violencia doméstica, pero es suficiente con la violencia que sufrimos a diario los venezolanos y más los profesionales (de cualquier disciplina) obligados a ser buhoneros o vendedores ambulantes: dejaron sus trabajos porque no rinde laborar en una empresa privada o en el Estado”, lamentó.

La crisis agudizó en Venezuela el encarecimiento y escasez de alimentos, medicinas, insumos de bioseguridad, combustibles, artículos básicos y de cualquier tipo que recrudecieron desde 2014. La inflación subió 3 mil 713% en 2020 y completó seis años seguidos con la mayor tasa inflacionaria del mundo, con la economía prácticamente dolarizada y sueldos insuficientes, según fuentes opositoras venezolanas.

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De las carencias de 2020 solo mermó la de combustibles, en lo que la doctora describió como recuerdos “duros”: llenar el tanque de gasolina de su vehículo le cuesta de 30 a 40 dólares y por un taxi de ida y vuelta al centro de salud paga 60 dólares.

“Ir al hospital era la odisea de conseguir combustible. Pasar dos días haciendo cola en la estación y después ir a hacer guardia al hospital. O hacer cola tras venir de guardia, violando medidas de bioseguridad porque lo que uno quiere es regresar a casa a bañarse y cambiarse de ropa”, contó.

Por atender a numerosos pacientes del virus, rememoró, en una época “salía solo al hospital, me devolvía a mi casa y me metía en cuarentena obligada, en encierro. Pasé meses sin abrazar a mi hijo: fue muy duro para mí”.

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