¿Magnicidio? Miedo en las elecciones de Colombia

A días de los comicios presidenciales, proliferan las denuncias de irregularidades electorales; expertos: el “discurso de odio está en auge”, pero la “situación se ve peor desde afuera”

¿Magnicidio? Miedo en las elecciones de Colombia
Oficiales vigilan las calles de Suárez, departamento de Cauca. Colombia vivirá el domingo comicios presidenciales. Foto: Raúl Arboleda/AFP
Mundo 27/05/2022 03:04 José Meléndez, corresponsal Actualizada 03:13
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San José.— Colombia acudirá el próximo domingo a comicios presidenciales luego de transitar por un panorama agitado por un inusual lenguaje político en el que proliferaron términos como magnicidio, golpe de Estado y suspensión de elecciones que remitieron a la crisis de inseguridad desatada por las fuerzas del paramilitarismo y del narcotráfico en las décadas de 1980 y 1990.

En un país en el que un magnicidio— el del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán — el 9 de abril de 1948 en Bogotá marcó su vida institucional en los siguientes 74 años, la violencia política tampoco fue descartada para 2022. El crimen de Gaitán desató el “Bogotazo”, sangrienta oleada de caos callejero en esa ciudad del centro.

“El discurso de odio está en auge, a la vuelta de la esquina y de fuerte discriminación”, relató la colombiana Laura Herrera, analista y consultora independiente en comunicación política: “En Colombia cerramos la puerta a la violencia con el acuerdo de paz, pero abrimos otra al enfrentamiento político narrativo paradójicamente por el proceso de paz con la profundización de la polarización política”, dijo a EL UNIVERSAL.

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“Es un lenguaje muy violento e irresponsable que indigna a los ciudadanos e infunde temor, apatía. La gente está cansada y no quiere salir a votar. Hay muchas mentiras: ni las elecciones serán canceladas ni habrá golpe de Estado”, declaró. Los comicios se realizarán tras cinco años de que el gobierno colombiano y las ya disueltas guerrillas comunistas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que se alzaron en armas en 1964, firmaron la paz en 2016.

Con los antecedentes de Gaitán y otros crímenes, la seguridad fue reforzada en torno al izquierdista Gustavo Petro, candidato presidencial por el Pacto Histórico y señalado por las encuestas como favorito para ganar el domingo, aunque se duda que logre 50% más uno de los votos válidos para evitar acudir el 19 de junio a segunda ronda. “El fantasma de la muerte nos acompaña”, relató Petro en una entrevista en febrero con France 24. Por riesgo a su integridad, suspendió algunas giras: “En cualquier lugar alguien podría disparar”. Con denuncias que destapó el 21 de este mes, reveló que habría un “golpe” y que sectores colombianos pretenden “suspender” las elecciones para que estalle la violencia “con la excusa de perpetuar” al gobierno del presidente Iván Duque, cuyo periodo de cuatro años concluirá el 7 de agosto.

El expresidente Andrés Pastrana (1998-2002) advirtió el 22 de este mes a Duque que “el golpe de Estado está dado, señor presidente. Por el bien de Colombia, deshágalo”. Al enrarecer más el escenario, Pastrana alegó que la Registraduría del Estado Civil, que con el Consejo Electoral conduce el proceso, evidenció anomalías al contar votos de las legislativas de marzo que minaron la confianza para el próximo domingo. La Registraduría eludió contestar. “El país y la democracia no aguantan una leguleyada más como evasiva”, adujo, al acusar que se carece de garantías de la Registraduría. Según los sondeos, el aparato electoral perdió credibilidad entre los colombianos.

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En la memoria de Colombia persiste el recuerdo de los asesinatos a balazos de cuatro candidatos presidenciales. Ocurrieron en la guerra que el ahora desaparecido Cártel de Medellín, comandado por el narco Pablo Escobar Gaviria, lanzó contra el Estado para oponerse a la extradición a Estados Unidos. Escobar murió a balazos en 1993. Jaime Pardo Leal, candidato de la izquierdista Unión Patriótica (UP), pereció el 11 de octubre de 1987 en una emboscada en el departamento (estado) de Cundinamarca. Luis Carlos Galán, aspirante a la presidencia por el Partido Liberal Colombiano, fue asesinado el 18 de agosto de 1989 en Soacha, Cundinamarca, en un acto público de la campaña para las elecciones del 27 de mayo de 1990. Bernardo Jaramillo, candidato de la UP en reemplazo de Pardo, fue asesinado el 22 de marzo de 1990 al ingresar a una terminal del Aeropuerto Internacional El Dorado de Bogotá.

Carlos Pizarro, postulado por la Alianza Democrática de la exguerrilla izquierdista del Movimiento 19 de Abril (M-19), pereció el 26 de abril de 1990 en un ataque con metralleta dentro de un avión en un vuelo de Bogotá al balneario caribeño de Barranquilla, en el norteño departamento de Atlántico. De 1977 a 1990, Petro integró el M-19, fundado en 1974 y disuelto en 1990 tras suscribir la paz con el gobierno. Los homicidios de Pardo y Galán fueron atribuidos al Cártel de Medellín, mientras que los de Jaramillo y Pizarro habrían sido ejecutados por sicarios al servicio de las fuerzas ultraderechistas paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).

“Desafortunadamente para mal en Colombia estamos acostumbrados a eso [la violencia política], a una narrativa de agresividad muy fuerte. Pero la institucionalidad funciona”, dijo a este diario el politólogo y consultor político Leonardo García, fundador de Speak Consultoría de Reputación, de Bogotá: “Si un candidato dice que lo van a matar, en Colombia eso es grave si pensamos en lo que ocurrió” con Pardo, Galán, Jaramillo y Pizarro, agregó. “Ese nivel de violencia de las décadas de 1980 y 1990 no está ocurriendo en este momento ni existe en Colombia”, aclaró, al reconocer que la situación “se ve peor desde afuera de lo que vemos acá”.

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