El cambio climático aumentará el número de migrantes a México y EU

En Guatemala, El Salvador y Honduras “a la gente no le queda otra opción que emigrar a zonas seguras”: expertos

El cambio climático aumentará el número de migrantes a México y EU
Campesinos del norte de Centroamérica sufren por décadas de sequía y su fuerte impacto en la producción agrícola, lo que incentiva la migración irregular a México y EU. Foto: CORTESÍA FAO
Mundo 15/12/2021 02:05 José Meléndez, corresponsal Actualizada 02:05
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San José. – El cambio climático exacerbará en 2022 las corrientes de migrantes irregulares de Centroamérica a México y Estados Unidos.

Por la prolongación de sequías recurrentes en más de 20 años y sin recuperarse de los devastadores efectos del ataque en noviembre de 2020 de los huracanes Iota y Eta, las amenazas de hambrunas se agravarán y se sumarán a los otros factores que atizan la migración irregular, como la violencia, la inseguridad y las crisis socioeconómicas y políticas.

Iota y Eta azotaron sin misericordia a Honduras, Nicaragua, Guatemala, al sureste de México, a islas de Colombia en el mar Caribe y, con menor fuerza, a El Salvador, en un panorama agravado por la pandemia del Covid-19.

“Por las tragedias naturales del 2020 migran núcleos familiares completos que nos dicen que perdieron las cosechas y las tierras quedaron inservibles”, narró la guatemalteca Daniela Picón, coordinadora de la Casa del Migrante Betania, que opera en la ciudad de Santa Elena de la Cruz, en el norteño departamento (estado) de Petén, y en la frontera entre México y Guatemala.

“Las familias nos cuentan que no tienen ninguna razón para quedarse en sus países. Sin cultivos y con tierras arrasadas. Son núcleos familiares enteros que se desprenden de todo: ahí van tíos, abuelos, hijos, nietos… va de todo. Es preocupante”, describió Picón a EL UNIVERSAL.

Tras confirmar que hay migración interna y externa, aseveró que “existen oleadas de sequía y la gente ha fracasado en la agricultura. O mucha humedad o exceso de sequía”. La Casa depende del Vicariato Apostólico de la Iglesia Católica del Petén.

La Organización Internacional para las Migraciones (OIM), asociada a la ONU, definió que los migrantes ambientales son personas o grupos que, por cambios repentinos o progresivos del medio ambiente que afectan adversamente sus condiciones de vida, deben abandonar sus sitios de residencia habituales, temporal o permanentemente, y se movilizan a otro lugar en su país o al exterior.

Para el costarricense Luis Jiménez, doctor en bioética y en sistemas de producción agrícola tropical sostenible y vicepresidente del (no estatal) Instituto Interamericano de Derechos Humanos (IIDH), de esta capital, “el cambio climático afecta la migración. No es la primera vez ni será la última”.

“Los fenómenos naturales ocurren, pero más fuertes que en otras épocas debido al cambio climático. A la gente no le queda otra opción que emigrar a zonas más seguras. Guatemala, El Salvador y Honduras, que forman el Triángulo Norte de Centroamérica, nunca tomaron las previsiones en los últimos 40 años”, dijo Jiménez a este diario.

“Los países del Triángulo venían con problemas alimentarios, políticos, sociales y educativos y por la falta del manejo adecuado de suelos y de aguas y de precaución. Y con la pandemia del coronavirus cayó la gota que derramó el vaso”, añadió.

Al subrayar que “se acelera gravemente la migración de los estratos más bajos” en busca de seguridad, destacó que en el Triángulo “la gente ya no puede continuar cultivando la tierra como lo hacía y gran porcentaje depende de la producción agrícola”.

Inseguridad alimentaria

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés) advirtió que el norte de Centroamérica enfrenta “múltiples factores de inseguridad alimentaria paralelos y estrechamente entrelazados”.

Los escenarios internos se caracterizan por “altos niveles de pobreza, conmociones climáticas extremas, acceso limitado a servicios básicos, inestabilidad económica y baja productividad de la agricultura familiar”, agregó.

“Todos estos (problemas), a su vez, sustentan los patrones de migración irregular y el desplazamiento”, precisó.

“El Salvador, Guatemala y Honduras albergan actualmente a casi 8 millones de personas que viven en condiciones de inseguridad alimentaria aguda alta, y millones también padecen desnutrición crónica. En este contexto, Guatemala y Honduras han sido identificados como puntos críticos de hambre”, relató.

La FAO y el Programa Mundial de Alimentos, que integra el sistema de Naciones Unidas, lanzaron una alerta temprana por la inseguridad alimentaria “aguda” en la zona, en un panorama que requiere “una respuesta urgente”.

El número de niños guatemaltecos fallecidos por desnutrición aguda subió de 22 en 2020 a 51 en 2021, según datos oficiales.

Líos agropecuarios

Para la atención de emergencia a medio millón de centroamericanos en condiciones de precariedad generalizada, la FAO planteó un presupuesto de unos 38 millones de dólares.
Una meta es ofrecer “asistencia oportuna y apoyo” para la “rehabilitación de los medios de vida a largo plazo” y restablecer la capacidad y la infraestructura agrícolas.

Otro objetivo es fortalecer “medios de vida resilientes basados en la agricultura, especialmente los que ya están afectados o en riesgo de verse afectados por las sequías y huracanes”, puntualizó.

La respuesta de la FAO contempla la acción “urgente” para enfrentar las “dolencias multifacéticas que enfrentan actualmente millones de personas” en Guatemala, El Salvador y Honduras y, en especial, las comunidades que habitan en el Corredor Seco de Centroamérica, con sequías prolongadas y escasez de agua que amenazan cada vez más la capacidad de los hogares para alimentarse.

Con unos 10 millones de habitantes, el corredor se extiende del área centro-occidental de Panamá, el centro y el occidente de Costa Rica y el centro-occidente de Nicaragua a El Salvador, el centro y el sur de Guatemala y de Honduras y parte del estado mexicano de Chiapas.

Centroamérica está en una “encrucijada de choques climáticos recurrentes” que se complica por la recesión económica provocada por el Covid-19, con la pobreza “históricamente arraigada, los altos niveles persistentes de desigualdad, la violencia, la migración irregular y el desplazamiento”, expuso la FAO.

Centroamérica, con más de la mitad de sus 50 millones de habitantes hundidos en la miseria, registró un recuento oficial de unos 6.5 millones de personas malnutridas.

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