"Duele silencio de México ante violaciones en Nicaragua": Arturo McFields

Advierte que no se ve respaldo a la lucha por los derechos humanos en el país en Centroamérica; callar, dice, es ser “cómplice”

Arturo McFields
Exembajador nicaragüense en la Organización de Estados Americanos (OEA), Arturo McFields. Foto: Especial
Mundo 25/03/2022 03:13 José Meléndez, corresponsal Actualizada 05:07
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San José. – “Me duele en el alma” la posición del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, y del canciller mexicano, Marcelo Ebrard, porque guardan silencio ante las violaciones a los derechos humanos en Nicaragua cometidas por el gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo, se abstienen de condenarlas y les “están dando la espalda”, afirmó ayer el ex embajador nicaragüense en la Organización de Estados Americanos (OEA), Arturo McFields.

De 46 años, casado y con una hija, McFields conmocionó a la comunidad diplomática mundial al denunciar el miércoles anterior en una sesión virtual del Consejo Permanente de la OEA que sus todavía jefes—el presidente Ortega y su esposa, la vicepresidenta Murillo—violan los derechos humanos en Nicaragua con una implacable represión política para encarcelar a opositores y cerrar cualquier rincón de democracia y de libertad.

En una entrevista telefónica con EL UNIVERSAL desde Estados Unidos, McFields, periodista y máster en Relaciones Internacionales, dijo que México “se ha hecho chiquito ante las violaciones a los derechos humanos en Nicaragua”.

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Tras asumir en diciembre de 2018, López Obrador y Ebrard ratificaron la política exterior de México de no intervención en asuntos internos de otros estados. Ante el estallido en abril de ese año en Nicaragua de multitudinarias protestas antigubernamentales en demanda de democracia y libertad, sofocadas por Ortega y Murillo con una mortal represión policial y paramilitar, el gobierno mexicano decidió, a partir de 2019, abstenerse en votaciones en la OEA sobre Nicaragua.

En octubre de 2021, México se abstuvo de apoyar una resolución de la OEA que exigió a Ortega y Murillo la liberación inmediata de los presos políticos y realizar elecciones libres. La pareja gobernante encarceló en el segundo semestre de 2021 a candidatos presidenciales opositores y a gran número de adversarios (periodistas, activistas y dirigentes) y, sin rivales, el 7 de noviembre se reeligió en unos comicios calificados como farsa.

En noviembre de 2021, México se abstuvo de respaldar una resolución de la OEA que descalificó las elecciones de ese mes en Nicaragua y determinó que “no” fueron libres, justas ni transparentes y que carecieron de legitimidad democrática.

En el poder desde 2007, el dúo gobernante, que negó ser dictadura dinástica y reprimir a los contrincantes y defendió la legitimidad de los comicios del año anterior y todas las demás las acciones de su gobierno, se reeligió para un cuarto quinquenio consecutivo que debería concluir en enero de 2027.

Organismos internos y externos de derechos humanos acusaron que en Nicaragua tampoco existe libertad de expresión y de prensa, prolifera el presidio político o de presos de conciencia y hay un éxodo masivo al exterior de nicaragüenses que huyen de la crisis político—institucional.

De manera sorpresiva, y luego de que en octubre de 2021 Ortega y Murillo le nombraron como primer afrodescendiente embajador de Nicaragua en la OEA, McFields acudió al foro continental para denunciar a Ortega y Murillo de ser una dictadura, con 177 presos políticos y más de 350 muertos en la represión desde abril de 2018.

Al denunciar el cierre de agrupaciones de derechos humanos y la confiscación de las universidades privadas y sin partidos políticos independientes ni elecciones creíbles, describió el escenario político de Nicaragua: “No existe separación de poderes, sino poderes fácticos”.

Tras las denuncias de McFields, la cancillería nicaragüense lo descalificó, alegó que “no nos representa, por lo cual ninguna declaración suya tiene validez” y designó a otro embajador.

La siguiente es la entrevista completa con McFields, sometido ahora a estrictas normas de seguridad por temor a represalias de la familia que gobierna en Nicaragua.

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¿Qué piensa de la continuada política de México de abstenerse a condenar las violaciones a los derechos humanos en Nicaragua o las elecciones de noviembre?

—¿Qué pienso yo? Me duele en el alma la posición del presidente López Obrador. Me duele en el alma, porque siempre hemos considerado que México es un gran país que ha tenido grandes presidentes, pero en este momento se ha hecho chiquito ante las violaciones a los derechos humanos en Nicaragua.

El día de ayer (miércoles) México tuvo una oportunidad extraordinaria de ser el México lindo y querido de todo el mundo y, sin embargo, guardó silencio. Eso fue muy triste. América Latina está de duelo ante la posición de silencio del señor Obrador y del canciller Ebrard. Nosotros creíamos que el canciller Ebrard era un hombre de principios, pero el miércoles nos puso un signo de interrogación.

¿Cree que hay una lectura equivocada del gobierno de México sobre lo que ocurre en Nicaragua desde 2018?

—No hay una lectura. Ellos están dándole la espalda a los derechos humanos en Nicaragua y el miércoles, con su silencio cómplice, lo reiteraron. Nos duele en el alma.

¿Qué se dice en los corrillos diplomáticos de la OEA sobre la política de México hacia Nicaragua?

—Creo que es una política ambivalente, sobre todo porque México es un gran país y sus líderes deberían de estar a la altura de ese gran país. Muchos nos sentimos de duelo y yo creo que el pueblo mexicano debería preocuparse porque, si guarda silencio, es porque tiene gran admiración por esos modelos de gobierno (como Nicaragua). Creo que México debe tomar nota de lo que están haciendo. El día de ayer (miércoles) era una oportunidad histórica, para que la voz del México lindo y querido se alzara en la OEA. Y, sin embargo, callaron diciendo que solo tomaban nota.

Quiere decir que, en contraste con otras misiones, la embajadora de México en la OEA, Luz Elena Baños, decidió abstenerse de intervenir luego de que usted denunció la represión.

—La posición de México ha sido la misma, una posición en la que no vemos el respaldo a la lucha por los derechos humanos en mi país. Y está bien, porque ellos (López Obrador y Ebrard) son respetuosos de la no injerencia (en los asuntos internos de otros estados), pero no se trata de injerencia en este momento.

Se trata de una posición firme ante las violaciones a los derechos humanos. Y la historia va a recordar al canciller Ebrard como el hombre que guardó silencio y que dio la espalda mientras en el continente moría gente y había presos políticos. Así lo va a recordar, a menos que tenga una posición firme y clara que hasta el momento no la hemos visto y nos duele.

¿Pero los embajadores de otros países si intervinieron a su favor?

—Hubo un espíritu de unanimidad muy grande. Al menos representativamente, hubo un espíritu de unanimidad muy grande. Pero algunos países decidieron optar por la indiferencia sobre Nicaragua ante la muerte, el cierre de decenas de organismos de la sociedad civil, el cierre de las universidades privadas.

Así que cuando yo miro que el presidente López Obrador calla ante el cierre de las universidades en Nicaragua, cuando el presidente calla ante la muerte de 350 personas en Nicaragua, cuando él calla ante la cárcel de 177 personas inocentes, yo pienso que hay cierta admiración por ese modelo. ¡Y eso es triste y el pueblo de México debería preocuparse!

(En este momento, McFields dijo estar agotado, pidió concluir y aceptó la pregunta final)

¿Cómo evalúa el futuro de Nicaragua?

—En mi país el miércoles nació la esperanza, porque se dieron cuenta de que hay un cansancio tanto de la gente de adentro (del gobierno) como de la de afuera. Hay un cansancio enorme de los funcionarios públicos, de los servidores civiles, militares. Hay un cansancio enorme.

Y también hay esperanza y temor. Yo tengo temor. Pero creo que el amor a la patria debe ser más grande que el temor y que las conveniencias políticas. Si yo pude romper el silencio, arriesgando mi vida y arriesgando todo, ¿por qué no lo puede hacer una nación tan grande y hermosa como México? Ha sido muy difícil para mí esto.

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