Virus golpea de manera desigual

En su segundo aniversario, el Covid-19 sigue golpeando a nivel global, aunque de manera más desigual y de forma amortiguada, dependiendo de los avances en las campañas de vacunación, el alcance de la cobertura sanitaria, el rigor de las restricciones y la adopción de medidas preventivas por parte de la población.

En cualquier caso, la pandemia ha puesto de relieve que los intereses nacionales, sobre todo de los países más desarrollados, prevalecen sobre las necesidades de la comunidad internacional. Mientras algunos países europeos como Alemania se plantean una tercera dosis de refuerzo para su población, en otras partes del planeta menos favorecidas apenas se han iniciado campañas de inmunidad debido a una carencia extrema de vacunas, agravada por la falta de infraestructuras sanitarias. Es lo que sucede en amplias regiones del centro y sur de Asia, África y América Latina. Este desequilibrio generado sobre todo por la desconsideración de las grandes farmacéuticas y la falta de solidaridad internacional, no solo es injusto; también obstaculiza la lucha contra la pandemia que, según los expertos, debe darse de manera generalizada, con una estrategia compartida para evitar futuros rebrotes en un mundo interconectado.

En el continente africano, sólo el 5% de la población está completamente vacunada, lo que supone una vergüenza global, subrayó António Guterres, secretario General de Naciones Unidas, en referencia a países como Kenia, Etiopía y Tanzania, que se encuentran muy rezagados y con pocas posibilidades de revertir la situación.

Afectados

En Asia, India está a la cabeza con una gran diferencia tanto en casos detectados como en número de fallecidos por Covid-19. Turquía, Irán, Malasia, Tailandia y Vietnam, también muestran estadísticas abultadas de afectados por la pandemia, pero en una trayectoria más estable, al igual que América Latina donde Brasil es el país más afectado de la región, con alrededor de 21. 8 millones de casos confirmados. Argentina, México Colombia, Perú, Chile y Ecuador, completan la lista de los países más perjudicados por las nuevas variantes del coronavirus que siguen amenazando también a la mayoría de las naciones centroamericanas, aunque con menor intensidad.

Guterres recordó que antes de finales de año al menos el 40% de la población de todos los países del planeta debería estar vacunada y que ese porcentaje tendría que ascender al 70% a mediados de 2022. Sin embargo, a la luz de los datos actuales, ambos objetivos se antojan inalcanzables.

Falta de coordinación en Europa

A dos años, no se ve el fin de la pandemia
A dos años, no se ve el fin de la pandemia

Situación preocupante en el Viejo Continente

Preguntas sobre el Covid-19

A dos años de producirse el primer contagio, son muchas todavía las preguntas que quedan por responder. Aunque se ha identificado la cepa original, se desconoce la procedencia del Covid-19 y apenas recién se descartó que fuera creado en un laboratorio chino; además, se sabe poco del comportamiento de algunas variantes como la Delta, que han mostrado un alto grado de transmisión. También se ignora cuál será la pauta que seguirá el virus, que ha ido mutando de manera progresiva y que probablemente lo seguirá haciendo en el futuro. Incluso el porcentaje de población que tendría que estar vacunada para alcanzar la inmunidad de grupo resulta difícil de precisar, ya que hasta ahora no existen precedentes.

“Aún no sabemos la proporción exacta de la población que tiene que ser inmune para alcanzar la inmunidad de rebaño”, señalaron expertos en la revista médica Lancet.

Otras incógnitas importantes son la durabilidad de las vacunas y la eficacia real de los biológicos que se están inoculando en algunos países, a pesar de que todavía no han sido aprobados por los organismos reguladores internacionales. Es el caso de la rusa Sputnik V que no se utiliza todavía en la Unión Europea (UE), aunque la OMS prevé autorizarla en las próximas semanas.

Tratamientos contra el coronavirus

Entre tanta incertidumbre, la aparición de nuevos medicamentos para evitar que empeoren las personas contagiadas más vulnerables, es un indicio prometedor.

Aquejado por los rebrotes, Reino Unido fue el primer país en aprobar condicionalmente la utilización del antiviral molnupiravir, el primer comprimido para el tratamiento del Covid-19. Poco después, la Agencia Europea del Medicamento (EMA, por sus siglas en inglés) siguió el mismo camino para dar luz verde a este remedio oral para su uso de emergencia. La píldora rebaja la capacidad de reproducción del virus, lo que podría reducir en un 50% la posibilidad de hospitalización o muerte si se administra en los días posteriores a pacientes que hayan dado positivo, según un ensayo clínico realizado por el Grupo Merck Sharp, encargado de su elaboración.

El molnupiravir está especialmente indicado para las personas adultas inmunodeprimidas o vulnerables que han contraído el virus en forma leve o moderada, y que presentan al menos un factor de riesgo de desarrollar la enfermedad de manera grave, aunque los expertos no han llegado a conclusiones definitivas sobre su verdadero potencial. Australia y algunos países asiáticos como Tailandia, Malasia, Singapur y Corea del Sur han sido los primeros en sumarse a Estados Unidos y Reino Unido para la adquisición del molnupiravir.

Otras compañías como Pfizer Inc y la farmacéutica suiza Roche Holding AG, trabajan a marchas forzadas para desarrollar una pastilla antiviral fácil de administrar y que atenúe los efectos del Covid-19. Según Pfizer, su píldora anticovid (Paxlovid), mostró en los ensayos clínicos una alta efectividad, logrando bajar en 89% el riesgo de hospitalización y muerte entre los pacientes más susceptibles. El comprimido de Pfizer espera el visto bueno de las autoridades reguladoras para su uso de emergencia.

En el caso de las píldoras anti-Covid, también se está reproduciendo el abusivo esquema comercial de las vacunas, ya que los países con más poder adquisitivo como Estados Unidos están acaparando los lotes producidos por las farmacéuticas.

Se resiste la nueva normalidad

Ante este panorama en el que empiezan a registrarse algunos avances científicos, pero que sigue repleto de interrogantes y desafíos, el acceso a la nueva normalidad se resiste a materializarse, incluso en aquellos países con campañas de vacunación más o menos exitosas.

Salvo casos muy excepcionales como Dinamarca, donde se convive abiertamente con el virus manteniendo las precauciones básicas para evitar cualquier revés, las victorias hasta ahora han sido efímeras, ya que el retorno a la cotidianidad en muchos de los lugares donde se registraba un importante retroceso de la pandemia, se ha visto truncado finalmente por la aparición de nuevos brotes.

En este sentido, Japón supone una excepción a tener en cuenta, ya que en ningún momento bajó la guardia durante la pandemia, como lo demostró con la celebración de las Olimpiadas durante la que no se registraron repuntes preocupantes, a pesar de los riesgos que implicaba el magno evento. Con los fallecimientos bajo mínimos y los contagios en franco descenso, este país asiático que se distingue por su férrea disciplina social, se propone ahora flexibilizar algunas restricciones y abrir parcialmente sus fronteras, en lo que podría ser un claro ejemplo de gestión sanitaria en tiempos de pandemia.

Nada irreversible

Sin embargo, no hay nada irreversible. En términos generales, la realidad enseña que no existen etapas superadas: países con altos índices de vacunación han sufrido preocupantes brotes luego de haber decidido reajustar o abolir las restricciones.

En este contexto, los movimientos negacionistas que se resisten a vacunarse, adquieren una importancia significativa a pesar de ser muy minoritarios, ya que no solo desalientan a los indecisos, sino que en caso de contagio contribuyen a la propagación del virus en los círculos que frecuentan.

Por el momento, el Covid-19 mantiene su vigor en la mayor parte del planeta, por lo que el único motivo de celebración, siempre relativa, es la desaceleración en ciertas regiones del ritmo de decesos y contagios. Ello, como consecuencia de los avances parciales en la vacunación y la adopción por parte de la población de medidas preventivas que, según los expertos, se deben mantener incluso en tiempos de aparente bonanza.

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