Madrid.- La guerra en Ucrania está estresando la economía mundial y encareciendo las materias primas y los productos energéticos, pero también está agravando la crisis alimentaria en algunos de los países más vulnerables, ubicados sobre todo en África subsahariana.  
   
Al bloqueo ruso de gran parte de las exportaciones agrícolas de Ucrania, uno de los principales proveedores de grano a nivel mundial, hay que sumar la escasez de fertilizantes y las tensiones del mercado, por lo que las reservas planetarias de trigo se podrían agotar en diez semanas, según Sara Menker, directora general de la empresa de análisis agrícola Gro Intelligence.  
   
En su comparecencia ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, la experta aseguró que la guerra entre Rusia y Ucrania no fue la causa de una crisis de seguridad alimentaria, sino que "simplemente echó leña al fuego que ya ardía desde hace tiempo”, aludiendo entre otros factores a las sequías provocadas por el cambio climático, que han arruinado cosechas enteras en Paquistán y algunas regiones de África, reforzando con ello la hambruna.  

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Considerada el granero de Europa, Ucrania exporta la mitad del aceite de girasol en el mundo, 15% del maíz y 12% del trigo, pero buena parte de estos productos permanecen bloqueados desde hace meses en los puertos del Mar Negro por el cerco de las tropas rusas, que están saboteando también la productividad de los campos ucranianos y bombardeando almacenes de cereales, según la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen que acusó a Moscú de utilizar el hambre y el grano como armas de guerra.  
   
Se estima que más de 20 millones de toneladas de cereal están retenidas en territorio ucraniano por el asedio de la armada rusa, lo que ha provocado un descenso de las reservas internacionales desde que inició el conflicto, además de un incremento global del precio del trigo (30%), luego del recorte de casi el 80% de las exportaciones agrícolas de Ucrania.  
   
"Las consecuencias de estos actos vergonzosos están a la vista de todos. Los precios mundiales del trigo se disparan. Y son los países frágiles y las poblaciones vulnerables los que más sufren", recalcó Von der Leyen, tras ejemplificar sus palabras con las alzas en el precio del pan de un 70% en Líbano y la suspensión de los envíos de cereales a Somalia, un país azotado cíclicamente por la hambruna.  
   
Indonesia, India y otros países asiáticos también enfrentan problemas de aprovisionamiento, por lo que han tenido que tomar medidas proteccionistas y reducir sus exportaciones agrícolas para hacer frente a las necesidades nacionales, lo que perjudica el suministro que realizan a otras partes del mundo.  

En Sri Lanka, el aumento de precios y la escasez atizó un problema político social que ha derivado en protestas y en que el país anuncie default. 
 
En otros países, como Marruecos o Egipto, empieza a haber dificultades para obtener en algunos comercios harina de trigo, con la que se hace el pan.  
   
"La guerra está llevando a millones de personas al precipicio de la inseguridad alimentaria", sentenció por su parte el secretario general de la ONU António Guterres. “El hambre masiva, la malnutrición y el aumento de los precios pueden provocar una crisis que se puede prolongar durante años”, advirtió.  
   
El Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas compra la mitad del grano a Ucrania para abastecer a nivel global a 125 millones de seres humanos.  
   
Según organismos internacionales, el número de personas en situación de inseguridad alimentaria ha pasado de 440 millones a mil 600 millones en apenas unos meses; unos 250 millones están en riesgo de hambruna. Con las cadenas de suministro afectadas, si el conflicto se alarga en Ucrania cientos de millones de personas más podrían verse perjudicadas por el recrudecimiento de la pobreza alimentaria que padece habitualmente buena parte del planeta.  

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La producción mundial de biocombustibles que se utilizan sobre todo en el transporte por carretera, pero también en otros vehículos y en menor medida en la aviación, guarda una relación directa con la actual crisis alimentaria, ya que este tipo de carburantes exige cantidades ingentes de cereales que en las circunstancias actuales podrían ser utilizados para mitigar la falta de alimentos básicos.  
   
“Se utilizan cultivos alimentarios de forma masiva tanto en Europa como en otras regiones del mundo para producir los mal llamados biocombustibles. Estamos dedicando millones de hectáreas de terreno para producir alimentos como el maíz, el trigo, la palma o la soja; y esos alimentos, en vez de ser destinados a usos alimentarios para personas y animales, se utilizan para generar combustibles que se queman en los depósitos de nuestros vehículos”, señala a EL UNIVERSAL Pablo Muñoz, portavoz de la campaña de biocombustibles de Ecologistas en Acción.  
   
“Pedimos que los Estados miembros de la Directiva de Energías renovables suspendan al menos temporalmente los porcentajes que se demandan en las legislaciones nacionales de uso de biocombustibles elaborados a partir de cultivos alimentarios y forrajeros, para que puedan liberarse y cubrir en parte las necesidades alimenticias. Cada día se queman en Europa diez mil toneladas de trigo para producir biocombustibles según algunos estudios, lo que es una barbaridad”, agrega el activista.  
   
Si el conflicto ucraniano se prolonga, el impacto global en la crisis alimentaria puede llegar a ser catastrófico, aventura el portavoz ecologista, especialmente en los países que dependen de las exportaciones del país invadido por Rusia.  
   
El empeoramiento de la crisis alimentaria producida sobre todo por la escasez de cereales en los mercados, es una más de las consecuencias de una guerra que a nivel global está distorsionando los mercados y alentando la inflación y la volatilidad de los precios de las materias primas y los productos energéticos, entre otros efectos perniciosos.  
   
Consciente de la gravedad de la situación, la UE está estudiando la puesta en marcha de una operación naval destinada a escoltar los barcos ucranianos cargados con trigo, maíz y cebada para que puedan cruzar el mar Negro, plagado de minas y constantemente vigilado por buques y submarinos rusos.  

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