Complicado y perverso, controlar precios a los alimentos

Es una medida difícil de ejecutar en un país de las dimensiones de México, por sus múltiples y diversos mercados internos: expertos

“Complicado y perverso, controlar precios a alimentos”
La tasa de inflación mexicana subió en marzo hasta 7.45%, su mayor nivel desde 2001. Foto: Archivo CUARTOSCURO
Mundo 09/04/2022 02:40 Inder Bugarin / Corresponsal Actualizada 02:41
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Bruselas.- Aplicar un control de precios a alimentos para amortiguar los impactos del drástico aumento de la inflación, es una receta condenada a empeorar el mal que se pretende sanar. 

Expertos consultados por EL UNIVERSAL coinciden en que el manejo de precios en alimentos fomentará el mercado informal, provocará escasez de productos, causará desequilibrio en la competitividad y desmotivará la inversión. 

Además, es una medida compleja y difícil de ejecutar en un país de las dimensiones de México, por sus múltiples y diversos mercados internos. 

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Para Oscar Guinea, investigador del European Centre for International Political Economy (ECIPE), el fijar un precio máximo conducirá a menos demanda y menos oferta, así como sofocará los incentivos a producir más. 

Afirma que en el caso de productos importados y cuyo precio está fijado por el mercado internacional, provocará el cierre de las empresas mexicanas importadoras. 

“Un efecto contraproducente cuando lo que se busca es seguir importando para no tener desabasto. Debería de utilizarse el libre precio para fomentar la producción nacional”. 

 “Desde el punto de vista práctico, la fijación de precio es complicada en un país gigante como México, con muchos mercados y variación de costes, no es lo mismo producir y vender un producto en un estado”. 

“Es súper complicado hacerlo bien y que salga bien”, continúa, haciendo referencia a la posible aparición de mercados negros. 

Sostiene que puede resultar la fijación de precios cuando se trata de un producto específico y no reemplazable. Pone de ejemplo el caso de las mascarillas de España durante el pico de la pandemia, medida urgente y de duración limitada. 

“Entiendo que para el Gobierno de México sea más fácil imponer un límite de precios que dar un subsidio, pero el coste puede ser mucho mayor. Parece una medida sencilla pero no lo es cuando te pones a ver la letra pequeña y cómo se puede implementar, es complicado y tiene incentivos perversos”.  

Gregory Claeys, experto en política monetaria de Bruegel, think tank especializado en asuntos económicos, sostiene que el valor de un producto en particular establecido por el mercado es un fenómeno útil, porque permite al consumidor sustituir un producto por otro, contribuyendo así a reducir la demanda. 

“Bloquear precios de gas y petróleo tiene sentido porque la gente no puede sustituirlos en el corto plazo, pero con los alimentos es distinto, porque la sustitución es más fácil. El fijar precios es el último recurso cuando no hay posibilidad de sustitución”. 

Además, agrega, afecta la inversión y reduce el suministro. “Si los precios se incrementan, los productores tienen incentivos para aumentar la producción. El indicador de precios no es malo, puede ser un mecanismo útil y catalizador”.
 
Al igual que México, la Unión Europea registra una carrera inflacionaria a la alza. De acuerdo con la oficina de estadísticas de la UE, Eurostat, la inflación registró un nuevo récord en la eurozona en marzo, alcanzando el 7.5%; el quinto mes consecutivo con precios a la alza. 

Pero a diferencia de países como Estados Unidos, señalan los analistas, la acelerada inflación en la Unión Europea está asociada al aumento del precio de los energéticos, la guerra en Ucrania y factores geopolíticos, componentes que se están reflejando en los servicios y alimentos. El precio de la energía aumentó en 23% entre diciembre de 2020 y el mismo mes de 2021. 

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Los sectores más afectados son las industrias intensas en energía, como el manufacturero, así como el transporte, particularmente de distribución de bienes y alimentos. Alemania, como potencia industrial de exportación de maquinaria, está sufriendo particularmente.  

“Principalmente están sufriendo las empresas que no pueden trasladar el aumento de los costes a sus clientes”, sostiene Guinea. 

En cuanto al sector de la población que peor lo está pasando, es el que destina la mayor parte de sus ingresos a alimentos, calefacción y luz; las familias con menores ingresos, de acuerdo con una investigación realizada por Claeys sobre la situación en Italia, Francia y Bélgica. 

Para contener este fenómeno, las capitales europeas están adoptando medidas dirigidas a proteger a las familias de menos recursos a través de ayudas públicas directas y subsidios a los hidrocarburos. 

Por ejemplo, Bélgica ha introducido una tarifa social para ayudar a las personas con menos ingresos a cubrir su factura de gas y electricidad; mientras que Francia ha bloqueado el aumento del precio del gas para los hogares. Para reducir la inflación, España fijará un tope al precio de la electricidad generada por el gas.  

Son medidas que no implican reducir la actividad económica y tienen como punto de partida el hecho de que son artículos que no pueden ser reemplazados, como la gasolina. 

“Europa está actuando de manera distinta a lo habitual. Cuando hay inflación, los Bancos Centrales aumentan las tasas para reducir la demanda, pero ahora el problema viene de afuera”.

“Lo que se está haciendo es blindar al consumidor y a las compañías ante el precio de la energía. Medidas costosas para el gobierno pero manejables”, explica Claeys. 

Las perspectivas inflacionarias en Europa son inciertas, dependerán de la evolución de la crisis en Ucrania y la tensión geopolítica.  La espiral será temporal si el choque armado llega a su fin en los próximos meses. 

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