Cárteles de Sinaloa y Jalisco se alían a grupos de Ecuador

Los cárteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación se aliaron a grupos de la delincuencia locales y colombianos; en el país suben los asesinatos por violencia criminal

Cárteles de Sinaloa y Jalisco se alían a grupos de Ecuador
Imagen de un cargamento de cocaína y una aeronave utilizada por narcos mexicanos para intentar transportarlo a México desde Ecuador. Foto: Cortesía. Policía Nacional de Eduador
Mundo 27/10/2021 02:07 José Meléndez, corresponsal Actualizada 02:36
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San José. – Los cárteles mexicanos del narcotráfico internacional crearon una serie de corredores marítimos, terrestres y aéreos para el contrabando de cocaína de Ecuador a Centroamérica, México, Estados Unidos, Brasil, Europa, Asia y África, en una infiltración progresiva que obligó al gobierno ecuatoriano a establecer este mes las más rígidas medidas de seguridad en la historia reciente de ese país sudamericano.

Con 2021 como el año más sangriento de Ecuador y en un masivo despliegue que sacó a los militares de sus cuarteles y los lanzó a las calles junto a los policías, el presidente ecuatoriano, Guillermo Lasso, decretó el “estado de excepción” por 60 días a partir del pasado 18 de octubre.

“Más del 37% de la producción cocalera de Colombia, unas 700 toneladas, pasa por Ecuador”, dijo el coronel ecuatoriano en retiro Mario Pazmiño, ex director de Inteligencia del Ejército de Ecuador, escritor y profesor universitario de seguridad y defensa en la (no estatal) Universidad Regional Autónoma de los Andes (UNIANDES), de esa nación.

Con discreta presencia física en suelo ecuatoriano, los cárteles mexicanos de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación (CJNG) se aliaron a organizaciones criminales de Ecuador para dominar el transporte en las regiones, los centros de acopio de cocaína y las plataformas internacionales de distribución de la droga, relató Pazmiño a EL UNIVERSAL.

Ambos cárteles están aliadas a redes colombianas del crimen organizado que producen y suministran cocaína, como paramilitares, narco-guerrillas y narcotraficantes que en los últimos 25 años del siglo XXI vendieron cocaína a distintos compradores mexicanos.
 

Cálculos de Pazmiño precisaron que la producción anual de cocaína pura de Colombia es de unas mil 900 toneladas. Fuentes policiales y militares de Colombia y de EU advirtieron que esa cantidad aumenta mediante mezclas que reducen la pureza y multiplican la cantidad total a más de 3 mil toneladas.

De las 700 que son traficadas por Ecuador, los decomisos de 2021 ya suman unas 120, por lo que unas 580 son parte de los contrabandos que los traficantes logran llevar a México, EU, Centroamérica, Europa, Asia y África, según el coronel en retiro.

En una maniobra de urgencia luego de mortales motines carcelarios y creciente violencia, Lasso admitió que “en los últimos años el Ecuador ha pasado de ser un país de tráfico de drogas a uno que también consume drogas. Esto se refleja en la cantidad de crímenes que hoy tienen relación directa o indirecta con la venta de estupefacientes”.

“Nuestras Fuerzas Armadas y Especiales se sentirán con fuerza en las calles porque estamos decretando el estado de excepción en todo el país, especialmente en aquellas provincias (estados) donde los indicadores de violencia lo justifican”, explicó.

La Policía Nacional de Ecuador informó el jueves anterior que la tasa de homicidios casi se duplicó en cinco años al incrementarse de 5.81 por cada 100 mil habitantes en 2016 a 10.62 al 17 de octubre de 2021.

El número de asesinatos creció de mil 372 en 2020 a mil 885 al 17 de este mes, con 59% calificados como violencia criminal y en un fenómeno que exhibió el incremento de las pugnas entre bandas delictivas por el dominio de territorios para la narcoactividad, reportó.
 

Corredores

Pazmiño describió que existen al menos tres corredores marítimos, terrestres y aéreos internacionales para el tráfico de los alucinógenos: Pacífico con dos bifurcaciones, Amazónico y Caribe.

Un punto crucial del Pacífico es el Tapón del Darién, muralla natural de unos 21 mil kilómetros cuadrados de tupida vegetación tropical, pantanos, montañas y múltiples accidentes geográficos que comparten Colombia y Panamá, define su frontera e impide que el sur y el norte de América estén unidos por la Carretera Interamericana.

Uno de los pasadizos que nace en el Darién, zona inhóspita propicia para el transporte de estupefacientes y vital en el negocio del tráfico ilícito de seres humanos del sur al norte de América, se proyecta directamente por mar y por tierra a Centroamérica en la ruta a México y EU.

Otro recorre por el litoral de Colombia en el Pacífico y penetra a Ecuador hasta el golfo de Guayaquil, en el sur del litoral ecuatoriano.

“La mercancía sale por el golfo desde el puerto de Guayaquil, una plataforma internacional de exportación de narcóticos muy fuerte. Sale más del 69%. El resto sale por el (noroccidental) puerto de Manta de la provincia de Manabí”, narró Pazmiño.

“Una gran cantidad de cocaína sale por mar desde el litoral ecuatoriano a encontrarse con buques que están en alta mar. Allí contaminan la carga de esos buques que se dirigen a Centroamérica, México y EU. Otras naves cruzan por el Canal de Panamá del Pacífico al Atlántico rumbo a Europa, África y Asia”, detalló.

El corredor Amazónico nace en el Catatumbo, en el nororiental departamento (estado) colombiano de Norte de Santander, limítrofe con Venezuela y santuario de guerrillas y disidencias insurgentes de Colombia que encuentran refugio en suelo venezolano.

El Amazónico enlaza con el del Caribe por el golfo de Maracaibo, en el occidental estado venezolano de Zulia, como salida al Atlántico y a los destinos europeos, africanos y asiáticos. El Amazónico conecta al sur con Ecuador en Baños, ciudad de la central provincia ecuatoriana de Tungurahua como bifurcación hacia Perú y Brasil.

En un artículo que publicó el lunes anterior en el periódico La Hora, de Quito, el ecuatoriano Franklin Barriga López, de la Academia Nacional de la Historia de Ecuador, deploró que, pese al deterioro de la seguridad, “se llegó al colmo de oponerse” a que un radar militar fuera instalado en el cerro Montecristi, en Manabí, “con el deleznable argumento de que podría afectar a la flora y la fauna”.

Montecristi está “rodeado de incontables pistas clandestinas de aterrizaje, a donde llegan avionetas de cárteles mexicanos y colombianos, cuyas prácticas de terror siguen los delincuentes criollos”, añadió, al subrayar que “en los últimos años, la industria del mal proliferó”.

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