Asesinos seriales: miedo y fascinación

Aunque sus delitos provocan un sentimiento de rechazo generalizado, estos criminales, pertenecientes a la familia de los sicópatas, pueden generar atracción, sobre todo por la forma como son retratados en medios de comunicación

Asesinos seriales: miedo y fascinación
Ilustración: Dante de la Vega
Mundo 19/07/2021 03:05 Luis Méndez / Corresponsal Actualizada 04:21
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Madrid.— Los asesinos en serie no cuentan con un perfil unitario, porque su universo es bastante amplio, aunque comparten características comunes como el hecho de ser sicópatas, mayoritariamente hombres y que casi siempre cometen sus crímenes en función de una fantasía que buscan hacer realidad.

“Lo que está fuera de toda duda es que existe una relación entre sicopatía y asesinato serial. Pero hacer un perfil único, ya es más complejo”, señala a EL UNIVERSAL la criminóloga Janire Rámila, especialista en sicopatía y crímenes violentos.

Al igual que otros delincuentes, muchas de sus víctimas pertenecen a los grupos más vulnerables y a sectores marginales de la sociedad, pero no todos los asesinos en serie se mueven en estos parámetros. Es el caso del estadounidense Theodore Robert Bundy, que atacaba a jóvenes universitarias.

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Los objetivos de estos transgresores varían también en función de las circunstancias. Pero responden a la calificación de asesinos en serie cuando suelen cometer dos o más asesinatos, distantes en el tiempo, y hay un periodo de enfriamiento entre los mismos, ya que luego de haber matado la persona regresa a sus quehaceres cotidianos y la activación emocional desaparece, hasta que vuelve a surgir.

“Hay asesinos en serie que tienen víctimas predilectas y otros que van buscando víctimas que se ajusten a la oportunidad en la que casi siempre se basa el crimen. Todo va a depender de lo que el asesino quiera conseguir y de su motivación, y en función de esto se puede establecer un posible perfil”, agrega la profesora de Criminología Clínica en la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación de la Universidad Europea.

Los crímenes de los asesinos en serie tienen desde siempre mucha cobertura mediática, sobre todo en aquellos países anglosajones en los que existe una gran tradición periodística a la hora de divulgar este tipo de sucesos.

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El primer gran caso mediático es el de Jack the Ripper. Cuando comienza a actuar en Londres a finales del siglo XIX, los periódicos realizan tiradas matutinas y vespertinas con los últimos avances en la investigación. Convierten sus crímenes en un relato que la población sigue con interés, como si fuese una novela, indica la docente.

Los crímenes cometidos por los asesinos en serie provocan un contundente rechazo social, aunque la asombrosa inteligencia de algunos de ellos y los enigmas que albergan sus personalidades también llegan a producir cierta fascinación en el gran público cuando son tratados en la ficción.

“No tengo una explicación muy clara sobre este fenómeno, porque a la gente también le atraen las catástrofes. Creo que tiene mucho que ver con los medios de comunicación, con las películas, con la forma en que nos presentan a los asesinos en serie, que muchas veces se alejan totalmente de la realidad, porque nos venden una historia detectivesca o de lucha entre inteligencias”, asegura.

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El éxito de series televisivas como Dexter, en la que el protagonista encarna a un sicópata singular, dispuesto a deshacerse de los peores asesinos seriales, o novelas llevadas al cine como las del caníbal y clarividente Hannibal Lecter (El silencio de los inocentes), son una muestra de cómo algunos homicidas sofisticados, en este caso salidos de la literatura, pueden generar en el espectador sentimientos confusos e, incluso, ciertas empatías.

“Los medios de comunicación han edulcorado en cierta forma la figura del sicópata. No es que no existan sicópatas como Hannibal Lecter, pero la inmensa mayoría de ellos no son así. Atraen al público por esa mezcla con la que se presentan de amoralidad, inteligencia, con la capacidad de elegir el camino que ellos quieren y traspasar todos los límites, empleando normas propias. Eso, que es lo diferente, llega de algún modo a fascinar. Pero es un constructo porque, más allá del cine, cuando observamos la realidad, no sentimos afinidad; sentimos rechazo”, subraya la especialista en crímenes violentos.

El asesino en serie pertenece a la familia de los sicópatas, quienes se caracterizan por la falta de empatía y sentimientos de culpa, así como por su egocentrismo y tendencia a la mentira y la manipulación, según destacan expertos como el reconocido siquiatra Hervey M. Cleckley.

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Por lo general, está emocionalmente desconectado de los demás. No experimenta sentimientos, aunque puede identificarlos, manipularlos y usarlos a su favor, utilizando para ello sus habilidades sociales y comunicativas. La sicopatía, por lo común, tiene su origen en diversas alteraciones genéticas y cerebrales y no está necesariamente vinculada a la violencia, aunque los que padecen esta anomalía suelen ser peligrosos.

“La sicopatía se comenzó a diagnosticar con cierta fiabilidad a partir de los años 60 del siglo XX. No sabemos si en otras sociedades hubo más sicópatas que en la actual, aunque sin duda existieron. Hay factores biológicos y también culturales, ambientales, que pueden aminorar su agresividad. Pero el sicópata siempre es una persona peligrosa, más allá de que se convierta en criminal y llegue a ejercer la violencia, algo que todavía no se sabe muy bien por qué ocurre”, indica la profesora de la Universidad Europea. 

El reducido rango emocional del asesino en serie le permite ser muy minucioso, según los especialistas. Cada acto que realiza, siempre en beneficio personal, lo lleva a cabo detalladamente y desde el más absoluto control. 

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No suele dejar cabos sueltos y casi nunca se deja llevar por los impulsos; en su entorno, puede resultar incluso encantador. Todo ello, dificultó durante mucho tiempo la labor de la policía a la hora de atraparlo. Actualmente, con los adelantos en materia de investigación, han mejorado notablemente las posibilidades de rastrear a este tipo de criminales.

“Hoy ya no es tan complicado perseguirlos por los avances de las técnicas policiales. En el caso de España es muy difícil ya que nos encontremos con asesinos seriales con siete u ocho víctimas a sus espaldas”, relata la experta, luego de matizar que la gran dificultad que sigue existiendo es que el asesino en serie mata a personas desconocidas.

“La policía lo primero que hace es investigar en el entorno de la víctima, ya que los agresores mayoritariamente proceden de este círculo. Pero el asesino en serie busca a víctimas desconocidas, por lo que no podemos encontrar en un primer momento un posible patrón que conecte a ambos. Hay que investigar de forma diferente, con otro tipo de recursos”, agrega la docente.

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Para muchos sicólogos, la cuarentena provocada por la pandemia es un caldo de cultivo para el desarrollo de las sicopatías en general, pero no parece haber alterado las estadísticas de los asesinos en serie.

“El mundo de los asesinos en serie funciona de otra forma. Su activación emocional es muy distinta de la de otros criminales. Otra cuestión es que hayan aprovechado la oportunidad que les ha brindado el confinamiento, pero yo no he observado una activación especial de los asesinos en serie por motivos de la pandemia”, concluye la criminóloga. 

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