América Latina y el Caribe, en llamas

Expertos: el “nacionalismo populista se ha generalizado, dividido a la región y desacreditado el multilateralismo”; alertan que se pueden “instalar gobiernos totalitarios” en otros países del área

América Latina y el Caribe, en llamas
Cientos de cubanos protestaron ayer frente a la Casa Blanca, en Washington, para pedir al presidente Joe Biden acciones más duras contra el gobierno de la isla. Foto: Will Oliver/ EFE.
Mundo 18/07/2021 02:44 José Meléndez, corresponsal Actualizada 04:03
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San José.— El segundo semestre de 2021 atizó las llamas del incendio político que se propagó por América Latina y el Caribe en la segunda década del siglo XXI, con una conmoción que cruzó fronteras y penetró a Cuba, Haití, Nicaragua, Venezuela, Colombia, El Salvador, Brasil, Chile y Perú.

La violencia política golpeó a Cuba, Nicaragua, Venezuela, Colombia y Haití. La inestabilidad persistió en Perú con un desconcierto electoral, mientras que creció la zozobra por el futuro de Chile por el proceso para elaborar una nueva Carta Magna. El autoritarismo predominó en El Salvador y Brasil.

Agravado por el deterioro democrático, el ataque del coronavirus, la generalizada corrupción— de Costa Rica a Ecuador, de Panamá a Guatemala, de Colombia a Honduras o de México a El Salvador— y la complicidad con el crimen organizado, el panorama también se complicó por el imparable fenómeno de la migración irregular del sur al norte de América ante la aguda desigualdad social y las injusticias económicas.

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“La calidad de las instituciones democráticas en la región siempre ha sido baja. (…) La pandemia es una oportunidad para reconocer que nuestro modelo actual no funciona”, aseguró el brasileño Paulo Abrao, exsecretario de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

“Tenemos que centrarnos en fortalecer las capacidades de la sociedad civil y promover una mayor solidaridad regional. Todo esto es posible utilizando los más altos estándares de defensa de la democracia y los derechos humanos, como exigencias elementales”, dijo Abrao a EL UNIVERSAL.

“Hoy vivimos los efectos negativos de la era [de Donald] Trump” en la zona, afirmó, al aludir al gobierno del anterior presidente de Estados Unidos, de 2017 a 2021.

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“El nacionalismo populista —de derecha e izquierda— se ha generalizado, ha dividido a la región y ha desacreditado el multilateralismo como mecanismo de cooperación para el progreso y la democracia. Los organismos regionales, a su vez, están fracasando en sus objetivos”, explicó.

“Volvimos a los estándares” de la Doctrina de Seguridad Nacional, política anticomunista de EU del siglo XX, porque “la policía está naturalizando la represión de las manifestaciones con una violencia desproporcionada bajo los ojos conniventes de muchos y algunos países volvieron a militarizar la política y sus gobiernos”, denunció.

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Sin solución

La excanciller boliviana, Karen Longaric, aseveró que “las burocracias gubernamentales en los países democráticos de la región, ya sea de izquierda o de derecha, no lograron resolver problemas medulares y estructurales, lo cual está llevando a la población a buscar cambios radicales, sin importarles cuáles.

“Existe el inminente riesgo [de] que en más países latinoamericanos se instalen gobiernos totalitarios que se prorroguen, quebrantando seriamente las democracias que se mantuvieron por largos periodos”, declaró Longaric a este diario, al describir una crisis “muy compleja”.

“Muchos motivos explican esto, entre ellos la corrupción, la débil institucionalidad, la desigualdad y la extrema pobreza. Esto evidencia que las democracias, por sí mismas, no supieron resolver oportunamente las legítimas aspiraciones de los pueblos”, agregó.

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Al alertar que “si las democracias no encuentran respuestas claras, prontas y contundentes para resolver estos problemas”, dejarán la “vía abierta para el retorno de tiempos oscuros” en el área, aclaró que ni los populismos de izquierda o derecha o los totalitarismos y dictaduras supieron resolver “las aspiraciones de los pueblos”.

Calvario

Julio de 2021 aportó sorpresas al menú interamericano.

En la madrugada del 7 de julio, y en una sacudida internacional, el presidente de Haití, Jovenel Moïse, fue asesinado en su casa por un comando mercenario.

El magnicidio, práctica que se creyó extirpada de América desde el asesinato, el 19 de octubre de 1983, del primer ministro de Granada, Maurice Bishop, hundió al país más pobre de América en una de las más graves tormentas institucionales de su historia.

La conflagración prosiguió el 11 y salpicó a Cuba. Una multitudinaria explosión sociopolítica popular empezó ese domingo histórico por las revueltas callejeras contra el régimen comunista, en una movilización simultánea y espontánea sin precedentes en 62 años de la revolución comunista que se instaló a partir de 1959.

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Haití y Cuba en julio, pero junio de 2021 heredó el empeoramiento de un añejo conflicto en Centroamérica.

El régimen gobernante de Nicaragua comenzó ese mes otra oleada de una intensa e incesante represión con arrestos de opositores, para completar 26 en julio, en un episodio de continuidad a la violenta respuesta oficialista sobre las protestas opositoras que se iniciaron el 18 de abril de 2018.

A Haití, Cuba, Nicaragua o Venezuela y sus crisis acumuladas y aceleradas se sumó Colombia con el estallido de un paro nacional desde el 28 de abril anterior. En la frontera colombo-venezolana se exacerbaron las tensiones militares este año.

Con un éxodo al exterior que ya superó los 6 millones de venezolanos, en un contexto de represión, muerte, presidio político, hiperinflación, megadevaluación, falta de alimentos, medicinas y bienes básicos, ingobernabilidad y retroceso democrático, institucional y socioeconómico, Venezuela se reafirmó como uno de los problemas cuyo eventual arreglo continuó con signos de pregunta.

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Obligado a sepultar sus planes tributarios, el presidente colombiano, Iván Duque, quedó en la mira de la vigilancia interna y externa por reaccionar con un represivo despliegue militar y policial para sofocar, sin éxito, las movilizaciones en su contra.

Sin distingo de ideologías, las turbulencias con reclamos de libertad y democracia conmocionaron a la derecha, como en Colombia y Haití, y a la izquierda, como en Cuba, Venezuela y Nicaragua. Pero la hoguera llegó a otros países.

Fiel a su libreto de monopolio de poder y a su fama de autoritario, el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, asestó el 1 de mayo de 2021 un severo golpe a la institucionalidad de su país.

Con su partido, Nuevas Ideas, Bukele logró en febrero de este año una victoria de aplanadora en los comicios legislativos y, con fuerzas afines, consiguió 64 de los 84 escaños y relegó a la clase política tradicional a la minoría.

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Al instalarse los nuevos legisladores el 1 de mayo, Bukele maniobró sin titubear, ubicó a sus aliados en el timón parlamentario y se lanzó contra el Poder Judicial, para obtener el dominio en instancias constitucionales y de la Fiscalía General.

En el expediente de Nayib Bukele, ya con 25 meses de gestión de su quinquenio, quedó una fecha clave: apoyado en fuerzas militares y policiales, el 9 de febrero de 2020 se tomó la sede legislativa para tratar de imponer su voluntad.

Dudas

Al igual que Bukele, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, fue reiteradamente definido por sus rivales como autoritario y, repudiado por su débil combate al Covid-19, sobrepasó en julio los 30 de sus 48 meses de mandato con dudas acerca de si podrá reelegirse en 2022 y gobernar hasta enero de 2027.

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La incertidumbre persistió en Perú, tras las dos rondas en 2021 en las urnas para elegir presidente. El maestro y sindicalista Pedro Castillo, ya con estrechos nexos con la izquierda regional, se enfila a ser proclamado como vencedor para que asuma el próximo 28 de julio y sin que su triunfo sea reconocido por su principal adversaria, Keiko Fujimori.

Chile registró en mayo de este año la más contundente pérdida en comicios de sus partidos tradicionales, en una consulta en la que los 155 asambleístas que redactarán una nueva constitución, que entraría a regir en 2023, son de mayoría izquierdista y distanciados de las clases históricamente predominantes. La pugna también perduró en Honduras, Guatemala y El Salvador o Triángulo Norte de Centroamérica, clave para México por ser el germen de la constante corriente migratoria irregular a EU que Washington atribuyó, entre otros, a la corrupción.

“Ahora mismo, en el Triángulo Norte, las élites corruptas son capaces de irrespetar cualquier ley, crear sus propios paraísos fiscales y legales internos o asociarse con transnacionales extractivistas o con el crimen organizado”, planteó a este periódico el analista, periodista y escritor hondureño Manuel Torres.

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“Se lucran de los recursos locales o externos sin importar quién se oponga o de dónde provengan”, narró.

Con la mezcla de deuda social, corrupción, magnicidio, migración, descontento, protestas, totalitarismo o autoritarismo, el incendio del segundo semestre de 2021 en América Latina y el Caribe... apenas empieza.

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