Para Eduardo García, cargar la no tiene un precio que se pueda medir en dinero. Es un compromiso que se construye con los años, con la fe y con las promesas cumplidas. Desde los 16 años comenzó esta tradición en el con una cruz pequeña.

Con el tiempo fue cambiando: durante tres años cargó otra distinta, hasta que uno de sus hermanos le compró la que lleva ahora, la misma que ha acompañado su recorrido durante dos décadas.

A lo largo de estos 20 años, su andar ha sido constante por convicción. Ni siquiera la logró detenerlo del todo; aunque en 2020 no pudo salir, retomó el recorrido en 2021 y 2022, decidido a seguir pese a las dificultades.

Desde hace 20 años, Eduardo no ha dejado de cargar la cruz en el Viacrucis en Iztapalapa. (Foto: Luis Camacho/ EL UNIVERSAL)
Desde hace 20 años, Eduardo no ha dejado de cargar la cruz en el Viacrucis en Iztapalapa. (Foto: Luis Camacho/ EL UNIVERSAL)

Su motivación más profunda nació de una promesa: cuando a su abuelita le dijeron que no sobreviviría a una operación, él prometió que, si salía adelante, continuaría cargando la cruz. Lo que comenzó como un compromiso de tres años se extendió a cinco, y después simplemente dejó de contar.

Este 2026, Eduardo recorre los ocho barrios, un trayecto de aproximadamente ocho kilómetros, con una intención clara en cada paso: pedir por la salud, por su familia y por el bienestar de los suyos. Para Eduardo, la cruz es una forma de agradecer, de creer y de seguir adelante.

Después de completar los ocho barrios, con la cruz aún sobre los hombros y el cansancio acumulado en cada paso.

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Su motivación más profunda nació de una promesa: cuando a su abuelita le dijeron que no sobreviviría a una operación, él prometió que, si salía adelante, continuaría cargando la cruz. (Foto: Luis Camacho/ EL UNIVERSAL)
Su motivación más profunda nació de una promesa: cuando a su abuelita le dijeron que no sobreviviría a una operación, él prometió que, si salía adelante, continuaría cargando la cruz. (Foto: Luis Camacho/ EL UNIVERSAL)

Israel Ramírez Gutiérrez, quien viene desde Atlalilco, continúa con su recorrido impulsado por la fe y un motivo muy claro: pedir por el bienestar y la salud de su familia y de quienes lo rodean.

Su cruz pesa aproximadamente 140 kilos, una carga que se vuelve aún más demandante con los cerca de 80 adornos que la acompañan este año. Cada elemento tiene un significado, convirtiendo el recorrido en una experiencia de resistencia y devoción.

Desde hace 26 años carga su cruz y su andar refleja la experiencia de quien ha hecho de esta tradición una parte importante de su vida. A pesar del esfuerzo físico, Israel se mantiene firme, avanzando con la convicción de que cada paso tiene un propósito.

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