Guadalupe tiene casi 40 años de sepulturera, dice que en ese tiempo ha visto de todo, desde fantasmas hasta vivos que pretenden “pasarse de vivos”, pero, dice, nada comparado con la pandemia, cuando los muertos abundaban, “no nos dábamos abasto, llegaban 10, 15, 20 diarios y nosotros teníamos que enterrarlos con un traje espacial, de esos como de películas”, cuenta la mujer mientras le da un sorbo a una coca.
Este año se alegra de que todo vuelve a la normalidad, pues además de la sobrecarga de trabajo que ha tenido desde el lunes pasado, lo más satisfactorio, narra, es ver el panteón lleno de gente, “a los difuntitos luego nadie los viene a ver, nomás nosotros que estamos aquí siempre. Los años pasados dejamos de escuchar Las Mañanitas, la música el 10 de mayo y todo eso, pero ahora mira, todo ya huele a Día de Muertos”, continúa la Camilita, como también se les conoce a las sepultureras, pues ellas son las que encaminan a los difuntos.
Desde que tiene memoria ha trabajado como sepulturera en al panteón San Rafael, en la alcaldía Álvaro Obregón, ella es la más longeva en el puesto, pues recuerda con tristeza que dos de sus amigas ya se jubilaron, pero ahí mismo las mujeres son las que siguen mandando, actualmente otras cuatro desempeñan la misma labor. “Nos trajeron porque a los hombres no les gustaba, se les hacía muy pesado o les daba miedo, la verdad no sé, pero nomás nosotras nos quedamos”, cuenta con risa sarcástica.
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Guadalupe espera que este 1 de noviembre el trabajo concluya después de las ocho de la noche y augura que el 2 de noviembre sea más intenso, empezará a las ocho de la mañana y acabará más tarde, pues según su experiencia “es el día grande”, cuando todos regresan a pasar un rato con sus seres queridos, pues si bien en el panteón no hay veladas, la actividad no para durante todo el día, por lo que las tumbas y alrededores deben estar relucientes “para cuando nos visiten los muertos”.
“Ya no me asusto ni nada, ya sabemos cuales son los espíritus que andan por aquí pero no nos asustan. La verdad me da gusto que ya todo vuelva a la normalidad, sí es mucho trabajo, pero ve, mira, todo está muy limpio, pues a eso nos dedicamos, como ya llevamos rato aquí, la gente ya nos conoce y nos encarga a sus difuntos, de esos sólo se acuerdan en estas fechas”, termina la mujer al tiempo que se da paso a otra tumba que ya la espera para ser lustrada.
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