Tres días después de que entró en vigor la prohibición del uso de bolsas de plástico de un solo uso en la Ciudad de México, los capitalinos se han ido adaptando paulatinamente a esta nueva norma.

Mientras que en algunos establecimientos los consumidores presumen y portan distintos modelos de bolsas de materiales como tela o yute, en otros incluso llegan a pelear con los cerillos para que les den las de plástico.

“Yo no entiendo por qué carajo se enojan si todo el año pasado se les estuvo diciendo que ya no había bolsas, hay letreros, se dijo en la televisión y todavía llegan y me reclaman, pero ahí hay más opciones, cuestan 15 pesitos, pero son flojos”, comenta uno de los trabajadores del Bodega Aurrerá ubicado en Tacubaya, mientras uno de sus compañeros se burla y dice: “No hagas corajes, ya son pocos los que hacen eso”.

Afuera, Alejandro Veyro y su papá, Osvaldo, se alistan para hacer la primer despensa del año.

Llevan cargando tres bolsas de tela y una que les regalaron en el mercado: “Vamos a comprar mucho, por eso estamos bien preparados. Esto es súper necesario, todo el mundo está harto de tanta basura, esta iniciativa no debería ser sólo de la capital sino de todo el país”, expresa el hijo, quien dice estar molesto con quienes no siguen las reglas.

Mientras tanto, en el Chedraui de avenida Universidad los carritos salen llenos de productos guardados en bolsas de plástico.

“Guarda tu bolsa mamá, al parecer aquí todavía están dando y pues que bueno, así tenemos para la casa”, dice una joven que se forma en una de las cajas para pagar dos paquetes de galletas, un litro de leche y calcetines.

Chilangos se adaptan y cargan con su bolsa
Chilangos se adaptan y cargan con su bolsa

Buena participación

En el Soriana afuera del Metro San Antonio hay opciones para comprar, desde la bolsa pequeña verde con el logo de la tienda en 15 pesos, hasta las más elaboradas con estampados de flores o frutas que llegan a costar hasta 70 pesos.

Un grupo de cerillos de esta tienda se sientan en una banca y platican sobre su día.

Todos coinciden en que ya no es necesario decir nada, la gente ya llega con lo que va a cargar sus cosas. Una compañera pregunta: “¿Se acuerdan antes?, en los tiempos de nuestras mamás llevaban bolsas diferentes, de otro plástico, o de plano en los cucuruchos , eran tiempos muy bonitos, ojalá regresemos a eso”, todos ríen y regresan a trabajar.

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