La relajación de las autoridades capitalinas al mantener el semáforo naranja en la pandemia del Covid permitió que la tarde del domingo las inmediaciones del estuviera abarrotado por cientos de capitalinos y turistas, quienes aprovecharon la oportunidad para visitar el lugar; la fiesta, según los comerciantes de la zona, empezó desde la noche del sábado.

Con gorras y lentes para mitigar el sol, los turistas paseaban con cerveza en mano por todo el lugar, algunos se animaban a pagar los 700 pesos que por promoción cobran las trajineras para hacer el recorrido, pero eso quedó en segundo término, pues lo que los visitantes buscaban era un lugar para departir y festejar en reunión con la familia o los amigos.

“¡Que viva la vida!, eso es lo que estamos celebrando. El Covid poco a poco ya va quedando atrás y nosotros tenemos que seguir, la vida sigue amigo y por eso nos reunimos”, comentó eufórico con michelada en mano Ramón Quintana, quien junto con 10 de sus amigos salió a este lugar ahora que el semáforo naranja lo permite. No se trataba de una fecha especial, simplemente fue por convivir, dijeron los paseantes.

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La algarabía fue bien recibida por los comerciantes, pues durante la pandemia los visitantes eran pocos.

“Apenas este fin de semana es que se ve más actividad, los meses pasados la pasamos mal y qué bueno que ya se relajaron las autoridades porque nos hacía falta el ingreso, mucho aguantamos, pero hay familias [de comerciantes] que están por cerrar y otros, pues estaban de luto porque se murieron los dueños”, comentó Ana Luz Rentería, propietaria de un negocio de comida donde la música en vivo sonaba a todo volumen.

Rondando a todos los visitantes, algunos con cubreboca, los encargados de las trajineras ofertaban sus servicios; la promoción estaba en 500 pesos el medio viaje y en mil el completo, y podían incluir los pasajeros que cupieran en la trajinera.

“Apenas nos estamos reactivando, por eso los precios, estamos cobrando casi 50% y mira, apenas unos se animan, pero no hay de otra. Desinfectamos las trajineras y algunos repartimos gel y todo eso, pero confiamos en los visitantes, no creo que uno venga con Covid y que ande esparciendo el virus”, comenta Martín.

Por todo el embarcadero de Cuemanco, las familias caminaban y disfrutaban del sol, otros llegaban en bicicletas o a realizar algún deporte; sin embargo, el factor común fue la cerveza en mano.

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