Es la última luna llena de 2025. La lancha se mueve por el agua de la Reserva de la Biosfera Río Lagartos. La oscuridad es casi total. El grupo viaja apenas iluminado por la luz que la luna refleja en este humedal donde confluyen las aguas del Golfo de México y del Mar Caribe en Yucatán. Esta Área Natural Protegida (ANP) es un lugar especial. Decenas de animales raros, vulnerables o en peligro de extinción la han elegido como su hogar, sitio de anidación o de descanso. Esta noche del 4 de diciembre, la búsqueda se centra en uno de ellos: su nombre científico es Limulus polyphemus, pero la gente lo llama cacerolita de mar, o me’ex (se pronuncia mesh, en maya).
La lancha se mueve cerca del mangle. Entre ellos se buscan los espacios de arena granulosa que se forman entre los árboles, pequeñas playas con cierta inclinación donde las olas rompen. Esos sitios son el punto de encuentro de la cacerolita de mar que, atraídas por la marea alta y la baja temperatura del agua, buscan reproducirse bajo la luna llena o la luna nueva; algunas de ellas, por primera vez. Pero esta noche, no se ven mex por ningún lado. Salvador, el pescador de unos 50 años que navega la lancha, dice que está terminando la temporada de pulpo y que por eso escasean. Ya los usaron como carnada para abastecer la demanda de la industria pesquera más importante del estado.
La cacerolita de mar es un animal único. No tiene cabeza, la boca la tiene entre las patas y el corazón a mitad del cuerpo. Tiene cinco pares de patas; el último termina en cinco deditos que asemejan una flor. Su caparazón es gris olivo, durísimo y está dividido en dos partes que le permiten doblarse casi a la mitad. En sus costados, unas púas le dan un aire punk. Tiene una cola puntiaguda, llamada telson, que es sólo de apoyo para girar si la marea la deja panza arriba. Si esto no sorprende, uno debe mirarla a los ojos: tiene 10. Algunos creen que es un cangrejo (lo llaman cangrejo herradura), pero en realidad es pariente de los arácnidos. Es también uno de los habitantes más antiguos del planeta; ha vivido aquí —sin mucha variación en su morfología— al menos desde hace 450 millones de años.
Aún así no roba miradas. Dentro de esta reserva se presume al turista la presencia del flamenco rosado del Caribe, de tortugas como la carey y de aves migratorias como la cigüeñela de cuello negro, pero no la de la cacerolita, que vive uno de los más altos niveles de riesgo en el país, pues está catalogada en peligro de extinción en la NOM-059-SEMARNAT-2010.
En cientos de millones de años ha sobrevivido a cinco extinciones masivas, incluyendo la de los dinosaurios. Una verdadera superviviente si se considera que el meteorito de la última extinción cayó precisamente en uno de los pocos sitios del mundo donde habita. La Península de Yucatán es el único lugar en México donde esta especie se encuentra.
Los efectos de la luna en la marea marcan la temporada reproductiva de la cacerolita de mar, una especie que en México sólo habita en Campeche, Yucatán y Quintana Roo.
“Estamos hablando de que es un fósil viviente. Pero a pesar de todo lo que ha sobrevivido, es muy posible que no supere esta extinción masiva que ya estamos viviendo”, dice uno de los tripulantes de la lancha, Juan José Sandoval Gío, doctor en ciencias marinas e investigador de la especie del Tecnológico Nacional de México, Campus Tizimín.
Y es que esta sexta extinción no tiene su origen en fenómenos naturales, sino en la actividad humana, según el Fondo Mundial por la Naturaleza (WWF por sus siglas en inglés). A decir de Sandoval Gío, la cacerolita de mar se enfrenta a pérdidas de hábitat por el turismo, el boom inmobiliario y el mal manejo de residuos. También a la industria pesquera de pulpo que ha encontrado en ella una carnada resistente, barata y redituable.
A pesar de que su captura y uso son ilegales, dado el riesgo de extinción establecido en el país, cada año la saquean de las reservas naturales donde habita.
Son las 20:20 horas. Las lámparas del equipo del Dr. Sandoval alumbran el manglar, buscan entre el agua, pero no encuentran ningún me’ex. La luz, en cambio, alumbra los ojos brillantes de un cocodrilo. Del otro lado, revelan la presencia de unos 40 flamingos que avanzan con sus largas patas por el agua. Salvador, el capitán, dirige la lancha a otra zona de la reserva, cerca de un balneario natural: una playita entre el mangle en la que se estableció un pequeño muelle y unas palapas para recibir turistas. Hay un silencio profundo.
Salvador, con sus dotes de pescador experimentado, anuncia un avistamiento. Toma su red y saca del agua un me’ex. Hay euforia en el bote. El investigador y su equipo de estudiantes sacan una báscula y una regla. Es macho, pesa 302 gramos y la cola mide 13 centímetros. Esa noche encuentran ocho machos más y sólo una hembra. “Es muy sintomático que esté por terminar la temporada de pesca de pulpo y veamos apenas unas cuantas cacerolas”, dice Sandoval.
El Dr. Juan José Sandoval Gio, junto a sus estudiantes Alan y David, registran la información de la cacerolita de mar que encontraron en la Reserva de la Biosfera Río Lagartos.
La pesca de pulpo en Yucatán es la más importante del país. Aproximadamente, el 70% de estos animales se obtiene de aquí, según el anuario estadístico de la Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca (Conapesca). En 2024, se pescaron 24 mil 230 toneladas de pulpo y este año se espera superar esa meta y llegar a 32 mil toneladas.
La temporada de pesca empieza el 1 de agosto y termina el 15 de diciembre de cada año. Pero para las cacerolitas, el riesgo empieza antes, pues la gente las aprehende con antelación para venderlas como la carnada prohibida que permite reducir costos durante la pesca de pulpo.
“Su maldición es su resistencia”, explica el biólogo. Un cangrejo muerto utilizado como carnada rinde una jornada de un día, mientras que una cacerolita puede rendir tres, aunque los pescadores aseguran que, incluso, semanas. Un kilo de cangrejo muerto como carnada puede costar alrededor de 170 pesos el kilo. En cambio, las cacerolitas se venden en precios que van desde los 20 pesos por pieza y hasta 180 por kilo (equivalentes a unos tres o cuatro ejemplares machos), pero sirven como carnada por más de una jornada. El secreto está en su sangre, la hemolinfa.
La hemolinfa de la cacerolita es azul porque, a diferencia de la humana y otros mamíferos, su elemento principal no es el hierro, sino el cobre. Tiene un sistema de coagulación eficaz que la hace sanar ante las heridas. Los pescadores les hacen cortes antes de usarlas como carnada, pues su sangre es un gran atractivo para los pulpos, lo que facilita su captura.
Un pescador explica el método que se suele utilizar para pescar pulpo utilizando cacerolita de mar como carnada.
Como ejemplo de su extracción está lo ocurrido a inicios de agosto de este año: 900 kilos de cacerolita de mar, unos tres mil ejemplares, escondidos en costales y transportados ilícitamente rumbo al puerto de Progreso, Yucatán. Un par de semanas antes, un grupo de mujeres del municipio pesquero San Felipe fueron detenidas por extraer me’ex, pero fueron dejadas en libertad ante la presunta intervención de autoridades municipales, reportaron los medios locales.
A pesar de que la captura, venta y distribución ilegal de la cacerolita es cotidiana, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) no tiene registros de decomisos ni de procedimientos penales en contra de las personas que trafican este animal. En respuesta a una petición de información realizada para este reportaje, la Profepa dijo que entre 2015 y noviembre de 2025 sólo ha decomisado “una pieza disecada” para exhibición; este evento ocurrió en julio de 2021 en Mérida. Es decir, la cacerolita de mar enfrenta ataques directos y programados anualmente que, aunque se reporten en medios locales y redes sociales, quedan fuera del seguimiento obligado de la autoridad federal.
Ante la petición de posicionamiento, la dependencia informó, a través de una ficha, que este año se realizó un operativo en Yucatán para inspeccionar embarcaciones y verificar si realizaban la captura de ejemplares y que “durante la revisión no se detectó el aprovechamiento de dicha especie”. También aseguró que las Oficinas de Representación de Protección Ambiental (ORPA) en Campeche y Quintana Roo no han recibido reportes relacionados con la captura de estos ejemplares “por lo que no han realizado operativos con relación a esta especie”.
En la Península de Yucatán se han identificado cacerolitas de mar en Campeche, Yucatán y Quintana Roo. Los investigadores las han estudiado desde hace décadas y han notado su reducción con el paso del tiempo, aunque aún falta investigación sobre ellas.
“En Quintana Roo, zona turística, siguen construyendo hoteles y, al remover la arena, aplastan los nidos y destruyen las áreas donde habitan. Hay paseos a caballo que se ofrecen al turismo y que pisan los nidos. En el lado de Campeche, tienen los contaminantes de la zona petrolera. Mientras que en Yucatán está ocurriendo la extracción para la pesca”, explica Carmen Rosas Correa, maestra en Ciencias en Recursos Naturales y Desarrollo Rural de El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur-Conacyt), unidad Chetumal.
La pesca de pulpo es la más importante del estado de Yucatán y este es precisamente el único lugar donde se ha detectado su uso ilegal como carnada en México, según especialistas.
La bióloga se ha enfocado en el estudio de este animal en Chetumal. Desde este territorio ha atestiguado los retos de la especie, desde los depredadores naturales que las acechan como las tortugas, cocodrilos y mapaches, hasta la huella del humano en su hábitat. Cacerolitas aplastadas por cuatrimotos, entre bolsas de plástico y botellas, y aquellas que aparecen heridas entre las redes de los pescadores. “Falta el compromiso de las autoridades de asumir su papel y proteger a las especies, pues las estamos disminuyendo a una velocidad muy rápida”, advierte.
Además de México, la cacerolita de mar se encuentra en Estados Unidos, en sus costas del Atlántico, desde la frontera con Canadá hasta Florida. Del otro lado del mundo, en Asia, se ubica en Vietnam, China, Tailandia y Japón.
Fuera de México, se le utiliza para la industria médica. Su sangre tiene un sistema inmunológico que detecta casi al instante toxinas bacterianas; es por ello que se le utiliza para la prueba LAL (Limulus amebocyte lysate) que ayuda a detectar contaminación por bacterias en vacunas, medicamentos intravenosos y dispositivos médicos como implantes o prótesis. Todos en el mundo hemos sido beneficiados con el poder de su sangre sin necesidad de que la cacerolita muera. En algunos países de Asia se consumen como alimento, especialmente los huevos que las hembras resguardan en su interior. Pero el panorama de esos sitios es muy distinto al de México. Allá, en un día, se pueden ver por miles, aquí se cuentan con los dedos de las manos.
Un huevecillo de cacerolita de mar tiene el tamaño de la cabeza de un alfiler. En la imagen, un huevecillo encontrado en la arena.
Los efectos de la luna llena aún se perciben en la marea de Telchac, en la costa norte de Yucatán. Es la noche del 5 de diciembre. Jaime Zaldívar Rae, biólogo por la Universidad Autónoma de Yucatán y doctor en ciencias biomédicas por la UNAM, tiene identificadas varias playitas de anidación de la cacerolita de mar en el canal del puerto de abrigo de este municipio. Está nublado y la oscuridad es casi total. Con una lámpara en la cabeza se mete al agua y alumbra. Nada. Camina unos metros por la orilla del agua a otra zona. Nada. Para la tercera sede hay suerte. Un macho solitario que espera a una hembra puntual. Son apenas las 20:30 horas, el tiempo en que los investigadores saben que las cacerolitas empiezan a llegar porque la temperatura del agua es más baja. Poco a poco van llegando.
En la siguiente playita hay una hembra con un macho, otro par está rondando. Zaldívar explica que la hembra está definiendo si es el macho adecuado para ella. Danzan juntos por el agua, perseguidos por el otro par de machos que también busca una oportunidad. Es la única hembra del lugar. No hay tiempo definido para esa danza, pero si ella acepta, comenzará a sentir la arena de la zona para encontrar las condiciones adecuadas, dejar sus huevos y permitir que el macho los fertilice. Sólo así la continuidad de la especie se garantiza. Al mismo tiempo, un joven en moto pasa a un costado, furtivo entre la oscuridad de la noche. “Ahí va un ‘mexero’”, menciona el biólogo. Se refiere a que es una persona que captura ilegalmente a las cacerolitas para venderlas o usarlas como carnada en la pesca de pulpo.
El Dr. Zaldívar alumbra el agua en busca de me’ex. En una playa cercana, tres cacerolitas de mar buscan reproducirse; la más grande es la hembra.
Zaldívar se dirige a otra de las playas al fondo del lugar, la más grande. Está vacía. La moto iba de regreso. “Si había, ya se las llevó”, concluye. De regreso, la motocicleta está estacionada en la zona donde la hembra estaba definiendo si anidar o no.
“Esto ocurre todos los días. Hay embarcaciones grandes que tienen importantes volúmenes de cacerolitas almacenadas para la pesca y es un golpe tremendo porque las capturan cuando salen a reproducirse”, recalca.
En Yucatán hay aproximadamente 15 mil familias que dependen directamente de la pesca de pulpo, y que, a decir del especialista, lidian con los altos costos que la industria establece y los mantiene en una situación precaria, entre lo poco que pueden controlar es la carnada que usan. “Tenemos que echar mano de la ciencia y encontrar alternativas que les permitan bajar los costos de la actividad pesquera sin que se siga poniendo en riesgo a la especie”, advierte.
Se escucha un motor que acelera con premura. De entre la oscuridad sale el ‘mexero’, trae una cubeta blanca, de esas de pintura de unos 20 litros. Está llena de me’ex. Se alcanzan a ver las patitas panza arriba de unas tres y varias colas puntiagudas asomándose por la boca del bote. Esta es la historia completa: un ciclo reproductivo interrumpido por el humano, una hembra que no alcanzó a dejar huevecillos, unos cuantos machos que no consolidaron su legado. Así es como la especie se va extinguiendo.
—¿Cuántas de las veces que has venido a estudiar la cacerolita aquí te ha ocurrido algo similar? —Se le pregunta a Zaldívar.
—Todas —responde.