Antes de que el huracán Otis devastara el puerto de Acapulco en 2023, Guadalupe era cocinera en el condominio Tikal, uno de los lujosos complejos residenciales de la Riviera Diamante, el área más afectada por el desastre natural. A la fecha no ha recuperado su empleo, pues el edificio aún está en reconstrucción, como la mayoría de los condominios de esta franja de la playa. Actualmente subsiste de lavar ropa de vecinos y hacer pan que entrega a domicilio.
La colonia Parque Ecológico de Viveristas, integrada por unas 180 familias, según el cálculo de Guadalupe, se encuentra al lado de la zona de lujo y del aeropuerto de la ciudad. No tiene drenaje ni agua potable. El líquido es extraído de pozos. Cuenta que, como otros vecinos, sus padres fueron reubicados cuando se construyó la zona Diamante, hacia la década de los 90. Ahora muchas de estas familias trabajan en la zona de lujo de Diamante, que antes de los meteoros de los últimos años era considerada el “motor económico” de Acapulco.
La casa de Guadalupe es de un piso, con techos de lámina. Durante la noche del 23 de octubre se refugió con su familia en un cuarto de loza, más resistente que el resto de la vivienda. “Todavía me estremezco”, llora al recordar, “cuando salí y vi lleno de láminas, árboles que tenían años”. Las casas de sus familiares y amigas fueron destruidas y aún son hogares frágiles ante un siniestro. “El trauma ya nos quedó, sentirnos desprotegidas”.
Once meses después de Otis llegó John, con lluvias que duraron cinco días. Las inundaciones no distinguieron entre los campos de golf y la colonia Viveristas. Los muebles y electrodomésticos de Guadalupe fueron pérdida total, incluidos algunos que le regaló su empleadora. El agua, que según narra siempre ha estado contaminada, ahora lo está más y le ha generado problemas en la piel. “Hasta huele a suciedad”, dice.
En esta colonia no hay drenaje, por eso no hace falta un huracán para que se inunde, cuentan los pobladores. El verano pasado también se registraron inundaciones.
Manuela Pantoja, de 61 años, es amiga de Guadalupe y vive en un terreno con varias casitas de madera y lámina. Su hija es el sustento de la familia de cuatro personas y trabaja actualmente en la reconstrucción de la zona Diamante. Dice que perdieron todo. Evangelina Crisante también vive aquí y, desde Otis, sus pies se lastimaron y se duermen cuando se sienta. Tiene que estar parada o caminando la mayoría del tiempo. “Me cargó el aire volando, caí sobre una palmera, se me prensaron mis pies”.
Miriam Fajardo era trabajadora del hogar en el condominio Solar, que aún está en rehabilitación y está ubicado a un lado del hotel Princess, uno de los complejos más famosos y exclusivos. “Trabajamos de lo que se puede, que aquí las personas, pues sobreviven del turismo. Y en las condiciones que está toda la zona Diamante, pues no hay mucho trabajo”.
Las mujeres reclaman que, aunque fueron censadas, la Secretaría de Bienestar federal nunca les entregó el apoyo económico al que tenían derecho tras John, que iba de los 8 mil a los 60 mil pesos, según el nivel de la pérdida de las viviendas. A pesar de que la presidenta, Claudia Sheinbaum, acudió a una gira por la zona y se lo pidieron personalmente, no recibieron solución, aseguran. Dicen que son unas 20 familias a quienes nunca les llegó el recurso. Les preocupa qué pasará con sus frágiles viviendas ante otro siniestro. Con el dinero construirían un segundo piso para su casa y así protegerse de las inundaciones.
“Bajó mucho el turismo”, dice Pablo, un salvavidas, en la playa de la Riviera Acapulco Diamante.
De los casi 60 condominios de esta franja de costa, la más emblemática y lujosa de Acapulco Diamante, se han rehabilitado por completo cinco que ya están recibiendo condóminos, de acuerdo con información de la Asociación de Propietarios de Riviera Diamante.
La Avenida Costera las Palmas es una zona de obras. No se observan a primera vista turistas, sino trabajadores, grúas y los trabajos ornamentales del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur). El mar se comió la mitad de la playa, cuentan lugareños. Aún se observa que la arena destruyó las zonas verdes de los complejos y los muros no se han reconstruido.
En esta zona, la carga principal del turismo es de segunda residencia: condóminos que viven en otros estados, pero ahora no vienen porque la mayor parte de los edificios aún está en reconstrucción. Por eso, la recuperación de Acapulco Diamante es más lenta que en el resto de Acapulco.
La reconstrucción de esta franja, que abarca del Princess al complejo de la Isla, avanza al 50%-60%, dice José Ángel González, condómino y presidente de la Asociación de Propietarios de Riviera Diamante. Estima que aún tardará tres años. “Los que ya están muy adelantados en la reconstrucción todavía les falta, por lo menos, un año”.
La mayoría de los edificios en el borde de la playa se encuentran en estado de reconstrucción, con diferentes avances. El edificio Marena, por ejemplo, está en los huesos. Hubo que quitar las paredes para que sólo quedara la estructura. Su reconstrucción no ha iniciado porque no tenía seguro y los propietarios han tenido que reunir más dinero, comparte una trabajadora de la Asociación.
Muchos departamentos no contaban con seguros o estaban asegurados por cifras menores a su costo total. En otros casos, los seguros tardaron en pagar, explica José Ángel González. Otro factor por el que la recuperación de Acapulco Diamante está siendo más lenta es el que un edificio tiene muchos dueños por departamento. “Imagínate poner de acuerdo a 150 propietarios”.
Las cuotas extraordinarias impuestas en asambleas han sacado adelante la reconstrucción. “A los propietarios que estaban asegurados no les alcanzó, y los que no estaban asegurados con mayor razón… prácticamente están volviendo a comprar sus departamentos”.
González estima que la reconstrucción de un edificio en el área puede llegar a costar de 150 a 900 millones de pesos. El valor de la reconstrucción de esta zona va de los 15 mil a los 18 mil millones de pesos, estima González. Cuenta que hubo quien vendió barato su propiedad porque se vio obligado a vender, pero no se trató de la mayoría. La mayor parte de los propietarios conservaron su patrimonio. “Lo mejor que puedes hacer es reconstruir en vez de vender barato y perder lo que tenías ahí”, dice. Los precios de los inmuebles no han disminuido su valor.
Aún falta mucho por hacer, como resolver el riesgo hídrico, afirma González: “las descargas al mar que no son descargas que generen los condominios, son descargas que vienen desde muy atrás porque no hay drenaje en la zona”. Actualmente hay un proyecto para la construcción de una planta de tratamiento en el cual tienen responsabilidad los tres órdenes de gobierno.
“Hay que atenderlo porque se permitió la construcción en muchos humedales… se han contaminado canales pluviales y están azolvados muchos de ellos y eso hace que se inunde la zona muy fácil”.
El contraste hotelero
130 millones de dólares invirtió Seyed Rezvani, director general de Mundo Imperial, el complejo con la mayor capacidad hotelera, en la remodelación de sus tres hoteles y la Arena GNP Seguros, comparte en entrevista en el hotel Princess. Su famoso lobby, destruido durante Otis, luce como si nada hubiera ocurrido.
Para el mes de febrero de 2024, a poco más de tres meses, los hoteles de Mundo Imperial ya habían abierto parcialmente y los centros de convenciones ya funcionaban. A diferencia de los condominios, cuenta el empresario, tuvo un buen broker internacional de aseguramiento y en menos de siete meses pudieron recuperar el monto total de los daños.
Dos campos de golf, dos spas, 16 restaurantes, dos mil habitaciones, un centro de convenciones, de espectáculos, un estadio: Mundo Imperial es una “ciudad”, que cada evento como un congreso de minería genera una derrama de 150 millones de pesos, explica Rezvani sobre la importancia económica del complejo para Acapulco Diamante, la zona de mayor plusvalía del puerto. Calcula que sus hoteles representan alrededor del 80% del inventario en esta franja. Su rehabilitación fue clave para la reactivación económica de la zona.

“En Acapulco, la gente vive del turismo, no hay otra cosa”. Seyed explica que los condominios no son el único tipo de turismo importante, sino también el de las convenciones y grandes eventos. Tras Otis, peligró la histórica realización del Abierto General de Tenis en Diamante. “Estaban buscando otros destinos y obviamente otros destinos ven una oportunidad en una crisis”. Pero destaca que lograron televisar el evento en 150 países y, con eso, “crear un mensaje de esperanza".
Después vino el huracán John y retrasó la reconstrucción del complejo. Recuerda que el impacto fue principalmente anímico. “Yo personalmente tenía mi villa ahí y perdí todo prácticamente”. Muchos trabajadores se fueron. Los hoteles no se inundaron porque tienen su propia infraestructura, plantas de tratamiento, están elevados y son autosuficientes.
De las dos mil habitaciones que tenía sus hoteles antes de Otis, actualmente se han recuperado 750 y proyecta que se rehabilite la totalidad de la oferta para febrero. “En este momento estamos en proceso de recuperación”, reconoce. El principal reto es levantar la ocupación hotelera, que se encuentra en 60%, una mejora con respecto de 2024, que se situó en 30%. Estima que los hoteles que no pertenecen a Mundo Imperial van al mismo ritmo.
La confianza es muy importante para él y proyecta que aún falta un año para estar donde quiere estar. “La gente va a decir que no está recuperado hasta que no vea edificios al cien (reconstruidos)”. El que los condominios no estén rehabilitados también afecta al sector hotelero, pues no están viniendo los clientes que ya eran cautivos para los servicios que ofrece su complejo.

La clave será “venir a ver la ciudad, ver cómo está la infraestructura urbana, cómo está la imagen. Es natural que esto va a tardar un poquito”. Comparte que los reglamentos de construcción cambiaron tras Otis y que, para él, los desastres naturales vinieron a mostrar las cosas que no estaban haciendo de forma correcta. “Yo pienso que la ciudad está renaciendo”.
Dice desconocer si Acapulco Diamante está construido en una zona que represente un riesgo hídrico específico.
La resiliencia restaurantera
El sueño de la esposa de Juan, ingeniero de profesión, era tener un restaurante, por eso acaban de abrir uno de comida japonesa en la Costera las Palmas. Narra que como los condóminos están fuera a causa de la reconstrucción, se siente “con la soga al cuello”. Su apuesta de clientela era la nueva unidad habitacional de la Guardia Nacional que tiene 700 departamentos, pero no ha sido habitada. Seguirá aguantando.
El huracán Otis arrasó con 95% de los restaurantes de Acapulco, dice Enrique Castro, restaurantero y miembro de la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (CANIRAC) Acapulco, una organización de la sociedad civil que, en sus palabras, surgió en la pandemia para representar y defender a los restaurantes afiliados y al sector.
Considera que la reapertura de la mayoría de los restaurantes fue rápida: de dos a tres meses, pues aunque no estuvieran del todo reconstruidos, vendían a toda la gente que llegó a atender el desastre.
Liliana Álvarez, presidenta de CANIRAC, estima que tan sólo 1% de los restaurantes tenían un seguro contra desastres, y se quedaron en números rojos. “Son tiempos difíciles… ya Acapulco tenía problemas luego de la pandemia. Escasez de fluidez de la economía”.
Dice que continúan removiendo escombros que dejó Otis en algunos negocios, pero considera que sobreponerse a las inundaciones de John fue más difícil: los restaurantes en las zonas de los humedales sufrieron más afectaciones y no vendían.

Liliana siente que, antes de los siniestros, Acapulco se estaba “haciendo viejo”. Y ve como una oportunidad la llegada de Fonatur y la creación por decreto presidencial del Centro Integralmente Planeado de Acapulco. Antes de los huracanes, la ciudad no podía ser intervenida por este programa que crea desde cero destinos turísticos de proyección mundial, explica.
Aunque 2025 fue muy difícil para el turismo, Álvarez tiene confianza en que Acapulco se renovará. “Nos vamos a dedicar a demostrarle a todo mundo quiénes son los pioneros en el turismo. Nos quedó claro que tenemos que ser más competitivos”. Por ejemplo, ante la partida de muchos trabajadores con amplia experiencia restaurantera, el sector está invirtiendo en capacitación.
El tema hídrico es otro de los problemas que aún enfrentan. Por un lado, hay desabasto de agua potable, dice Liliana. Y por otro, aún están en riesgo de inundaciones, ya que Acapulco Diamante es un área pantanosa. “La población creció demasiado y rebasó lo permitido por la naturaleza. Entonces creo que ahí debe ser un trabajo muy bien estudiado”.
Para Enrique Castro, el primer año después de Otis correspondió a una etapa de recuperación de la infraestructura. El año posterior, 2025, fue de recuperación financiera. “Yo creo que estaríamos en condiciones de hablar de una posible recuperación a partir de cómo cerremos diciembre”.

Atención pendiente para Diamante
“Acapulco fue el primer destino turístico, antes de que la gente conociera a México en el mundo, conocía Acapulco… fue prácticamente el pionero de la vida nocturna de México”, resalta en entrevista Noé Peralta, secretario de Turismo de Acapulco. Considera que, con esa cualidad histórica, Acapulco se recuperó rápidamente. Más de 200 mil familias dependen del turismo en este puerto.
En todo Acapulco sólo falta reabrir tres hoteles, dice el funcionario municipal. Uno de ellos en la zona Diamante: Quinta Real. De acuerdo con las cifras del propio ayuntamiento, durante 2025 Acapulco Diamante registró los menores porcentajes de ocupación hotelera. En la primera semana de diciembre, la ocupación total para el puerto fue de 70%: Acapulco Dorado 87.5%, Acapulco Tradicional 63.1% y Acapulco Diamante 47.3%.
La zona Dorada siempre tiene el margen más alto de ocupación hotelera porque es donde más hoteles hay, responde Peralta ante las diferencias. “Es la parte fuerte de Acapulco”, y revela la intención de construir más hoteles en la zona Diamante, que considera una necesidad.
Es verdad que, como dice el funcionario, la ciudad se sobrepuso antes de lo proyectado por la opinión pública ante la devastación de las catástrofes. Al recorrer la Costera Miguel Alemán, correspondiente a Acapulco Dorado, son contados los edificios que aún están en reconstrucción, pero el panorama cambia al recorrer Acapulco Diamante, con los residenciales.

En todo Acapulco fue mayor el retraso en los condominios, dice Peralta. “Es un tema de seguros de que tardaron más de dos años que les pagaron”. El municipio, sostiene, estableció pláticas con las aseguradoras para agilizar los largos trámites.
El secretario explica que la zona Diamante tuvo las mayores afectaciones porque muchos inmobiliarios fueron construidos con materiales que, modernamente, responden al tema de los sismos. En cambio, en Acapulco Dorado y Tradicional, los hoteles fueron construidos hace más de 50 años y resistieron más. En esta información coincide José Ángel González, el presidente de la Asociación Riviera Diamante.
De los 25 mil departamentos en Diamante, el secretario de Turismo afirma que se han habilitado 13 mil. “Calculo que en menos de año y medio serán otros cinco mil más”.
También dice que las prioridades del ayuntamiento para mejorar el turismo han sido mejorar la conectividad terrestre y aérea, así como la promoción turística a través de eventos como el Tianguis Turístico, adonde acuden empresarios. La apuesta turística de 2026 es la realización del Mundial de Fútbol y han planeado eventos que serán anunciados a inicios del año.
Sobre la pendiente atención al riesgo hídrico de la zona Diamante, el representante del Ayuntamiento dice que actualmente los tres órdenes de gobierno están trabajando en el cambio de colectores para el saneamiento del agua y prevenir inundaciones. Ya se renovaron los de la bahía, pero faltan los de Diamante.
Asegura que el municipio, el gobierno del estado de Guerrero, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente, y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales están planeando una planta de tratamiento enfrente del aeropuerto. “Tenemos que ir regularizando todo eso”.
Claudia Sheinbaum anunció que pasaría unos días de vacaciones en Acapulco, durante su conferencia del 22 de diciembre. “Miren qué bien está Acapulco”, publicó la presidenta el 26 de diciembre en un breve video en redes sociales, donde aparece la Costera Miguel Alemán de la zona Dorada. “Visiten este bello puerto del Pacífico Mexicano. Acapulco está de pie, gracias a su gente maravillosa”.





