Lilia Angélica es una mujer de trato suave. Sutil en sus gestos, mueve las manos y el cuerpo como la bailarina que es.
Tiene 21 años, los cumplió el 20 de abril. “Fue mi primer cumpleaños en la cárcel, pero también será el último”, confía.
A partir del pasado 1 de enero, día en el que fue trasladada al Cefereso de Tepic, Nayarit, acusada de tráfico de drogas, dejó de tener un nombre propio y comenzó a ser la presa número 19-32.
La 19-32 dejó de mirarse al espejo durante tres meses, y sólo pudo volver a hacerlo cuando fue transferida a otra celda con otras tres mujeres.
Volvió a tomar un espejo hasta que llegó al penal femenil de Santa Martha Acatitla. “Aquí he comenzado a reconstruirme poco a poco a través del baile.
Mientras tanto, Lilia Angélica López Negrete se pregunta: “¿Cuánto tiempo más tengo que esperar para que se haga justicia? El próximo 2 de septiembre será apenas mi primera audiencia. ¿Porqué he tenido que esperar tanto tiempo?”.