Sociedad

Deje de ser Angélica, me convertí en la presa 19-32

Han transcurrido ocho meses “de terror”: primero en el penal de máxima seguridad en Nayarit, y luego en la cárcel de Santa Martha Acatitla. ¿Cuánto tiempo más tengo que esperar para que se haga justicia?, cuestiona

Lilia Angélica es una mujer de trato suave. Sutil en sus gestos, mueve las manos y el cuerpo como la bailarina que es.
Tiene 21 años, los cumplió el 20 de abril. “Fue mi primer cumpleaños en la cárcel, pero también será el último”, confía.
A partir del pasado 1 de enero, día en el que fue trasladada al Cefereso de Tepic, Nayarit, acusada de tráfico de drogas, dejó de tener un nombre propio y comenzó a ser la presa número 19-32.
La 19-32 dejó de mirarse al espejo durante tres meses, y sólo pudo volver a hacerlo cuando fue transferida a otra celda con otras tres mujeres.
Volvió a tomar un espejo hasta que llegó al penal femenil de Santa Martha Acatitla. “Aquí he comenzado a reconstruirme poco a poco a través del baile.
Mientras tanto, Lilia Angélica López Negrete se pregunta: “¿Cuánto tiempo más tengo que esperar para que se haga justicia? El próximo 2 de septiembre será apenas mi primera audiencia. ¿Porqué he tenido que esperar tanto tiempo?”.
13/08/2015 |23:30
Redacción El Universal
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