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A 50 años de la muerte de Ernesto “Che” Guevara

La imagen del “Che” se ha convertido en una figura emblemática para millones de jóvenes que lo enarbolan alrededor del mundo

Desde su muerte, la imagen del “Che” se ha convertido en una figura emblemática para millones de jóvenes que lo enarbolan alrededor del mundo en la lucha social, en la política, en el futbol, el cine, la literatura, las artes plásticas y en la música
Nuestra llegada a Bolivia se da en la ciudad de Santa Cruz, la capital de estado del mismo nombre. Casi seis horas en auto separan a Santa Cruz del municipio de Vallegrande. Aquí lo primero es ir al Hospital del señor de Malta para visitar la lavandería, el lugar donde fue colocado el cadáver de Ernesto Guevara tras ser asesinado el 8 de octubre de 1967.
El sitio es escalofriante. La vocación de guerrillero de Ernesto Guevara era casi suicida, superaba la de sus estudios de medicina o su perfil político. Esa tenacidad lo hizo dejar el escritorio del Ministerio de Industria en Cuba para viajar a Bolivia y abrir un nuevo frente revolucionario, a pesar de haber fracasado ya en el Congo.
Cuentan que tras su captura avisaron al general René Barrientos, entonces presidente de Bolivia, y después de reunirse con los agentes de la CIA y los altos mandos del ejército, se tomó la decisión de ejecutarlo. Nadie se atrevía a hacerlo. El capitán Gary Prado le ordenó al suboficial Mario Terán, de 25 años, que le diera muerte al guerrillero.
Tiempo después, Terán relató que estuvo un rato frente al Che, quien con voz enérgica, le indicó: Usted viene a matarme… Póngase sereno, porque usted va a matar a un hombre.
A 50 años de aquellos hechos, el recuerdo del "Che" permanece en la sierra y en sus habitantes y es posible documentar de primera mano los últimos momentos del líder guerrillero en estas tierras.
En Vallegrande vive Susana Osinaga Robles, la enfermera del hospital a la que le ordenaron lavar el cuerpo. Ahora tiene más de 75 años y atiende una tiendita en el centro de la ciudad. Dice no haber sentido nada en especial cuando cumplió con su tarea, no tenía idea de quién era el hombre, pero recuerda su mirada y la herida del corazón.
Para llegar a La Higuera hay que recorrer 70 kilómetros de terracería que suben hasta los 2 mil 900 metros y luego bajan a unos mil 600 metros. A esa altura está el poblado donde el comandante Guevara pasó sus últimas horas. Tres bustos del Che dan la bienvenida.
Hay una pequeña réplica de la escuelita donde lo asesinaron, ambientada con unos bancos y cientos de mensajes de todo el mundo para el guerrillero. Este pueblito vive de la historia de Guevara.
Irma Rosado tenía 21 cuando vio al Che, el día que lo subieron al pueblo y lo encerraron en la “escuelita”. Le llevó de comer una sopa con agua que tenían. No sabía quién era ese hombre y lo recuerda con miedo: “Nunca habíamos visto un hombre así de barbudo por aquí”. Dice haber escuchado unos disparos y que vio cuando lo subieron, muerto, a un helicóptero.
El 21 de noviembre de 1995 un general boliviano le confió al periodista estadounidense John Lee Anderson que Guevara y algunos de sus compañeros fueron enterrados en una fosa común a un costado de la pista de aterrizaje de Vallegrande. Ahora ese lugar es un jardín y un espacio cultural que incluye un memorial y un museo sobre la operación en Bolivia del "Che".
07/10/2017 |20:45Redacción |
Redacción El Universal
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