Así se vivió la quema de Judas y los chicotazos en Cuajimalpa
Frente a la iglesia de San Pedro, en la delegación Cuajimalpa, la gente se arremolinó para ver el espectáculo de pirotecnia. (Foto: Luis Cortés/ EL UNIVERSAL)
Con un jalón de muñeca, Diego acomodaba su látigo dos veces para calcular la distancia y la fuerza con la que golpearía los tobillos a la gente que así se lo pedía. (Foto: Luis Cortés/ EL UNIVERSAL)
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Los Judas que repartieron chicotazos fueron colgados por los brazos frente al atrio, donde sus víctimas se revelaron y les regresaron un poco de las maldades que les hicieron. (Foto: Luis Cortés/ EL UNIVERSAL)
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Un Judas más grande reparte chicotazos a cualquiera que se atravesara en su camino.(Foto: Luis Cortés/ EL UNIVERSAL)
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El pequeño, vestido de rojo y con huaraches cafés, no tardaba más de cinco segundos en dejarlas con una marca horizontal y un moretón. (Foto: Luis Cortés/ EL UNIVERSAL)
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Cientos de habitantes y visitantes fueron testigos de una de las tradiciones más añejas de la demarcación. (Foto: Luis Cortés/ EL UNIVERSAL)
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Los toritos de papel china son cargados hasta el atrio y colgados en medio de la explanada para después estallar ante la presencia de los fieles. (Foto: Luis Cortés/ EL UNIVERSAL)
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El espectáculo de pirotecnia es uno de los más esperados del Sábado de Gloria en la delegación Cuajimalpa .(Foto: Luis Cortés/ EL UNIVERSAL)
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El Judas más grande, que usa una épica amarilla larga y en sus ropas lleva regalos, es cargado hasta acercarlo a la gente y pueda aventar a diestra y siniestra playeras, gorras y dulces a los niños, sobre todo.(Foto: Luis Cortés/ EL UNIVERSAL)
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Su padre, quien estaba a escasos dos metros de él, le gritaba: “Sepárate más, Diego, más fuerte”, y el pequeño Judas volteaba apenas unos segundos para asentir con la cabeza.(Foto: Luis Cortés/ EL UNIVERSAL)