Ciudad Juárez.— Un edificio abandonado de la calle Constitución, en Ciudad Juárez, Chihuahua, se ha convertido en el hogar de al menos 100 migrantes de diversas nacionalidades.

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La estructura vieja de este edificio inconcluso es el espacio seguro para decenas de familias que en los últimos días han llegado hasta esta frontera con la intención de obtener una cita a través de la aplicación CBP One y solicitar asilo político en Estados Unidos.

Entre esos migrantes está Rafael, quien llegó con su hermano desde Venezuela a Ciudad Juárez hace apenas unas semanas.

Relata que con otros compañeros sacaron los escombros del edificio, pusieron cartones y plásticos en donde debían estar las paredes y acomodaron las casas de campaña, cobijas y colchones para poder vivir en este sitio, que consideran mucho más seguro que las calles.

La mayoría de quienes están en este lugar son de Venezuela; sin embargo, también hay personas de El Salvador, Guatemala, Honduras, Colombia e, incluso, algunos mexicanos.

“Nosotros limpiamos este lugar, sacamos la basura que había. Hay bastantes familias con niños que están esperando la cita [en CBP One]. No tenemos dinero suficiente para pagar el hotel y aquí estamos viviendo, aquí no se le cobra nada a nadie”, explica Rafael a EL UNIVERSAL.

“Nosotros vivíamos en la plaza que dicen es el monumento a Benito Juárez, pero nos dijeron que no estaba permitido, entonces buscamos este espacio. Llegamos aquí y con palas, picos y escobas sacamos todo entre todos para poder vivir”, afirma.

Ayer, el joven de 24 años estaba con otros migrantes acondicionado una pequeña mesa de plástico que les serviría para comer, mientras que otros lavaban la ropa o cuidaban a sus hijos. Los mismos migrantes acondicionaron fogones para preparan sus alimentos. También cuentan con baño y una toma de electricidad que les prestaron los vecinos de la zona para poder cargar sus teléfonos y tener luz durante las noches.

“Siempre se recibe al que llegue aquí, hay muchas personas migrantes que no les gusta vivir así, pero nosotros sí decidimos estar aquí. Estar en un albergue es difícil, por ejemplo, con la comida. Cuando tienes familia es mucho lo que se come y te dan poco, por eso uno prefiere trabajar en lo que salga, juntar su plata y traer para comer en familia”.

Rafael y su hermano buscan llegar a Denver, Colorado, donde, aseguran, tienen familia.

Dice que, aunque ha intentado en varias ocasiones, no ha logrado sacar la cita en la aplicación que en diciembre lanzó el gobierno de Estados Unidos para solicitar asilo político.

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Buscan “bajo perfil”

A dos semanas del incendio en el Instituto Nacional de Migración (INM), en el que murieron 40 migrantes y 27 resultaron heridos, Rafael y sus compañeros dicen que el miedo de ser detenidos por los agentes de migración los ha obligado a mantenerse en bajo perfil; sin embargo, señalan que si les toca estar en una situación similar, pues “que sea lo que Dios quiera”.

“A veces uno mismo tiene la culpa por dejarse agarrar, porque a veces uno piensa que lo van a soltar o lo van ayudar, pero no es así. Sólo quienes estuvieron en el incendio saben lo que pasó. Hay muchas versiones, pero también habemos muchos que buscamos espacios así tranquilos, sin estar en la calle ni lastimar a nadie”, dice Rafael.

Hasta ayer, a Ciudad Juárez seguían llegando cientos de migrantes de diversas nacionalidades. Muchos de ellos deciden no ir a un albergue, mientras que otros desconocen esa opción.

El Consejo Estatal de Población estima en 10 mil el número de migrantes en Ciudad Juárez, que en su mayoría viven en situación de calle.


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