La niña que apoyó en la vacunación con tan sólo 13 años

Camila, la niña que apoyó a cientos de personas mayores a que se vacunaran contra el Covid, se convirtió en personaje local y nacional

La niña que apoyó en la vacunación con tan sólo 13 años
Camila Ortiz Ramírez, de 12 años de edad, fue nombrada entre las 100 mujeres más poderosas de México por la revista Forbes. Foto: Francisco Rodríguez/ EL UNIVERSAL.
Estados 30/07/2021 03:10 Francisco Rodríguez / Corresponsal Actualizada 05:59
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Torreón. — Iveth Camila Ortiz Ramírez, próxima a cumplir 13 años, no entiende por qué el asombro de su historia. No comprende que lo que hizo la haya llevado a ser colocada en la lista de las “100 mujeres más poderosas de México”, según la revista Forbes. A Camila, amante de las pizzas de peperoni, le asombra que la gente se asombre por lo que hizo: “Yo sólo ayudé”, dice la niña.

Originaria de Torreón asegura que no se siente famosa, pero su historia saltó a la fama en abril pasado cuando se dio a conocer que ayudó a tramitar el registro de vacunación de decenas de ancianos del ejido Albia, donde viven sus abuelos, y consiguió camiones para trasladarlos a los centros de vacunación.

Todo empezó en marzo; aburrida de las clases en línea, Cami, como la llama su familia, ayudó a registrar a sus abuelos Benjamín Ramírez, un obrero jubilado, y Bertha Alicia Vázquez, que tenía miedo de vacunarse.

Cuando Cami los inscribía en su cuarto pasó por su mente la idea de ayudar a más ancianos del rancho; lo platicó con su madre Brenda Ramírez y la apoyó. “Es muy terca, cuando se le mete algo a la cabeza no descansa hasta conseguirlo”, dice su madre.

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En el ejido Albia muchos de sus vecinos son descendientes de campesinos que en muchos casos no saben leer ni escribir, no tienen acceso a internet y mucho menos una computadora.

Cami mandó un mensaje a una página de Facebook del ejido: “Estaré recibiendo la papelería en casa de mi abuelita Bertha Vázquez”. También pagó 30 pesos para hacer un perifoneo por las calles del ejido.  

Nunca imaginó la cantidad de gente que acudiría. “Pensé que iba a ir muy poquita gente. Eran como 100 el primer día”, recuerda Cami. Con ayuda de su mamá y una prima comenzaron a registrar a los adultos mayores y con su dinero acudió a un café internet para imprimir los folios, que entregó al día siguiente.

A la pequeña le reclamaban que las pensiones no habían llegado y le cuestionaban de qué partido venía. “Me daba risa. Un señor me dijo que si lo iban ya a vacunar. Le dije que no. También que si trabajaba en Bienestar y yo les decía que no, que tenía 12 años”, relata.

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Después del registro exitoso, Cami se enfrentó a otro reto. Muchos ancianos no tenían ningún número telefónico para registrar, así que apuntaron el de su mamá y Cami acudió a las casas para avisar.

Incluso, el día de vacunación llevaron a varios al Coliseo Centenario, donde Camila abordó a Cintia Cuevas, la delegada en la región del gobierno federal. La niña le había mandado decenas de mensajes a través del Facebook y después a su teléfono.

Después de cabildear casi como representante del ejido, Cami logró apoyos para conseguir autobuses y poder trasladar a los adultos mayores. Al menos 400 fueron trasladados gracias al apoyo de ella.

El cabildo de Torreón le entregó una beca única de 5 mil pesos. En lugar de gastárselos en cosas para ella, lo invirtió en una impresora para no tener que imprimir en un café internet.

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La lista

Camila no sabe por qué está en la lista de las 100 personas más poderosas de México, según Forbes. Se dice orgullosa, pero admite que no conoce a nadie de la lista. Ni a la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, ni a Michelle Couttolen, ganadora de un Oscar, ni a Alicia Bárcena, secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), ni a la escritora Valeria Luiselli.

Ella admira a la banda coreana BlackPink, agrupación femenina que fue nombrada defensora del cambio climático por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y a Selena Gómez y Olivia Rodrigo.

Cami cree que quizá la gente se asombró porque era una niña la que coordinaba todo. Insiste: “lo que hice es normal”.

“No hay empatía. La gente se preocupa por ellos mismos”, trata de explicar la menor, muy querida en su comunidad.

Cami todavía le pregunta a su mamá por qué es tan relevante lo que hizo. “Sólo ayudé”, le dice. Su madre le responde: “Cualquiera lo pudo haber hecho, pero nadie lo hizo”.

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