Morelia.— En Michoacán la pandemia silenció a los músicos y deshojó el bolsillo de los floristas, quienes para este 10 de mayo esperaban uno de sus mejores ingresos del año.

Marcos es trompetista del Mariachi Continental de Morelia, agrupación que, debido a la contingencia sanitaria, solamente ha sido contratada una ocasión en dos meses.

Triste, el joven músico cuenta que para el Día de las Madres no tienen reservaciones ni contrataciones, ya que así lo exigen las medidas sanitarias de confinamiento.

A diferencia de otros años, los integrantes de este mariachi permanecen en el centro de Morelia, en espera de que alguna persona se anime y requiera sus servicios.

Marcos cuenta que antes, desde abril, ya tenían su agenda llena de eventos para el 10 de mayo: con entre 15 y 20 horas de servicio, pintaba para ser uno de sus mejores días.

Sin embargo, el Covid-19 cambió todo: “Ahora sólo hemos tenido una serenata de una hora en dos meses”, lamenta mientras explica que de ese servicio no salió ni para darle de comer ese día a las familias de los 11 integrantes del mariachi.

“Sí nos pega duro esto del coronavirus, porque la música es nuestro único sustento. Ahora buscamos otra manera de sobrevivir”, relata.

Además de tener miedo de contagiarse, explica Marcos, las personas y los músicos también tiene miedo de ser detenidos por los operativos implementados para frenar la propagación del virus.

Eso ha hecho más difícil que contraten sus servicios y los ha obligado a buscar empleos eventuales que de todos modos no han sido suficientes para la manutención de su hogar.

Portando un cubrebocas desgastado, Marcos señala que en los 30 años que tiene de vida ese mariachi, nunca habían vivido algo similar.

Como él, 22 mil músicos de Michoacán pidieron a las autoridades ser incluidos en los planes de emergencia y de alimentación. Ello, ante la crisis que ha callado no sólo los acordes y voces de mariachis y bandas, sino que también ha vaciado sus bolsillos.

Ya no hay ahorros

Amador Salazar tiene 45 años de edad y una florería en el mercado de San Juan, ubicado en el centro de Morelia.

Toda su vida se ha dedicado al negocio familiar; sin embargo, desde que se declaró la emergencia nacional por el Covid-19, su economía de y la de su familia se desplomó.

Las ventas del florista cayeron 90% al no haber eventos sociales por las restricciones sanitarias establecidas para frenar el contagio.

Las mejores fechas del año para el negocio de las flores son el 2 noviembre y el Día de las Madres, pero este 10 de mayo no será un día bueno para los comerciantes, pues los panteones estarán cerrados y las personas preferirán gastar en alimentos y productos de primera necesidad que en flores, considera Amador.

Actualmente, su establecimiento se ve vacío ante la falta de ventas. Incluso, confiesa, ha tenido que vender las flores a precios muy bajos para que no se les queden: un ramo de rosas, que regularmente se vende a 10 pesos, lo han tenido que ofrecer hasta a la mitad.

“Siento que en esta ocasión el precio de las flores va a estar económico, porque no hay ventas y tenemos que dar barato”, señala el florista.

Amador recuerda que en otros tiempos, desde semanas antes del 10 de mayo había clientes que ya encargaban los arreglos florales, pero ya no es así. Su semblante se desfigura y más cuando platica que pese a que han hecho esfuerzos por publicitarse, “la gente ni pregunta”.

Del trabajo de Amador dependen sus tres hijos y su esposa; no obstante, la pandemia les cambió la vida; nunca habían vivido una crisis así.

“Antes salíamos a cenar, a pasear, pero ya no hay dinero. Los ahorros prácticamente ya se acabaron”, expresa Amador con angustia.

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