Puebla.— “Los ayudan a la inclusión social. Los animales no juzgan, no discriminan a las personas por su posición social, sexo o color de piel. Ellos las aceptan tal y como son. Su realidad es mucho más pura y natural, esto hace que cerca de ellos, los alumnos se sientan mejores personas y actúen de forma más natural”, dice Héctor Moisés Álvarez, coordinador del Centro de Apoyo Emocional y Terapia Ocupacional (CAETO), al hablar de la actividad que tiene el centro en apoyo a los estudiantes de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP).

El CAETO está orientado a la intervención emocional a través de Terapias Asistidas con Perros (TAP), las cuales son gratuitas para los alumnos. Estos coterapeutas caninos, con características de comportamiento y manejo específicas, ayudan a complementar las sesiones sicológicas que otorga la Coordinación de Atención al Bienestar Emocional, de la Dirección de Acompañamiento Universitario, a la comunidad estudiantil que presenta necesidades de salud mental y emocional.

Actualmente el centro cuenta con 14 coterapeutas caninos, 10 de ellos están 100% en el lugar y cuatro visitan a los alumnos para hacer actividades. Foto: Omar Contreras / El Universal
Actualmente el centro cuenta con 14 coterapeutas caninos, 10 de ellos están 100% en el lugar y cuatro visitan a los alumnos para hacer actividades. Foto: Omar Contreras / El Universal

“En el centro se hacen intervenciones o actividades asistidas con perros en donde ayudamos a los estudiantes, ya que estas actividades son dirigidas exclusivamente para ellos, a tranquilizarse, pueden pasar a convivir con un perrito y con los terapeutas y pasar un rato agradable haciendo cuatro actividades principalmente”, comenta Héctor.

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Los beneficios que reciben los alumnos al tomar terapias con los perritos son muchos: se reduce el estrés, la ansiedad y el sentimiento de soledad, superan algunos miedos, mejoran su estado físico y la disposición de involucrarse en actividades grupales y de trabajo en equipo, incrementan su autoestima y el sentido de la responsabilidad, entre otros.

Las actividades que se realizan en el CAETO están divididas en cuatro áreas que ayudan al desarrollo físico, emocional y social de los estudiantes. El área emocional, en donde la convivencia con los perros ayuda a los alumnos a tener manifestaciones de atención y cariño. El área física o kinestésica en la que se genera aprendizaje a través de la experiencia y se realizan actividades que les exigen a los alumnos algún ejercicio físico como salir a correr o caminar, realizar un circuito de agilidad y otras actividades que les exigen movimiento.

También está la parte cognitiva, que implica el fortalecimiento de los procesos mentales, procesos de inteligencia, de razonamiento. Esto lo hacen con sesiones de entrenamiento en donde los estudiantes realizan actividades de condicionamiento clásico u operante con los perros. Y por último, la parte social, en donde gracias a estas actividades, los alumnos conviven con otras personas y los ayudan a poder relacionarse mejor y a tener una mejor comunicación.

Édgar Abraham Álvarez Rodríguez es uno de los entrenadores de los 14 perros que trabajan dando terapias gratuitas en el CAETO. Foto: Omar Contreras / El Universal
Édgar Abraham Álvarez Rodríguez es uno de los entrenadores de los 14 perros que trabajan dando terapias gratuitas en el CAETO. Foto: Omar Contreras / El Universal

Cómo llegan los alumnos al CAETO

De acuerdo con el coordinador del CAETO, hay dos formas de que los alumnos lleguen a este centro. La primera es que vengan de parte de la Dirección de Acompañamiento Universitario (DAU), en donde cuentan con una coordinación de apoyo emocional en donde terapeutas o sicólogos, dependiendo de las necesidades de los estudiantes, los mandan al centro.

“Para los alumnos que desean tener alguna terapia con los perritos, la BUAP cuenta con un teléfono para atención de crisis emocionales y es una línea de 24 horas, los estudiantes cuando se sienten mal, piden apoyo y se les da una cita con alguno de los sicólogos con los que cuenta la universidad y ellos son los que, cuando consideran que los alumnos están listos, los mandan al CAETO a tomar alguna terapia con los perritos”.

Pero la forma en la que llegan los alumnos principalmente a este lugar, dice Héctor, es por iniciativa propia, ya que ellos se sienten tristes, cansados o extrañan su casa, ya que la mayoría de los estudiantes que acuden al CAETO son foráneos y ocupan su tiempo para convivir con los perritos.

“Es muy importante que sepan que el sólo hecho de tener una convivencia o abrazar a un perrito baja la presión arterial y hace que funcionen hormonas que hacen sentir bien a una persona y ese es el principio que usamos aquí en el centro. La confianza y la relación natural que se tiene con un perrito les hace que tengan una mejor convivencia. Los perritos son muy adaptables, ellos desde que son cachorros saben ser felices y a nosotros nos cuesta un poquito más de tiempo aprenderlo y esa alegría se transmite, es la razón de las terapias”, expresa Héctor.

Para Zaira, alumna de la BUAP, ha sido satisfactorio el tiempo que ha pasado con los perritos del CAETO y la han ayudado a sentirse más tranquila y relajada. “Pasar tiempo con ellos hace más ameno mi ambiente”, dice.

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Animales en el CAETO

Actualmente, el CAETO cuenta con 14 coterapeutas caninos, 10 que están 100% en el centro y otros cuatro que visitan a los alumnos para hacer diferentes actividades. Dentro de este lugar podemos encontrar tres perritos famosos, los cuales son Coffee, Canela (quien es la de mayor popularidad) y Máximo.

Los perritos que ayudan en el CAETO tienen un proceso de selección bien definido, no deben de tener menos de cuatro meses, ya que al centro deben de entrar con su cuadro de vacunación completo y hasta esos meses lo pueden tener, deben de ser muy sociables, no ser agresivos, no tener alguna enfermedad que le impida tener una convivencia o desarrollar alguna actividad con algún estudiante.

El sólo hecho de convivir o abrazar a un integrante de la raza canina ayuda a mejorar la salud, por ejemplo, baja la presión arterial, dicen expertos. Foto: Omar Contreras / El Universal
El sólo hecho de convivir o abrazar a un integrante de la raza canina ayuda a mejorar la salud, por ejemplo, baja la presión arterial, dicen expertos. Foto: Omar Contreras / El Universal

“Nos han pedido que le demos una segunda oportunidad a perritos rescatados, estos perros desafortunadamente fueron maltratados y saben defenderse. Los primeros seis coterapeutas nos costó mucho trabajo encontrarlos porque tuvimos que ver más de 150 perros. Normalmente si los patearon, los corretearon, no son tolerantes a que lo manipulen, que le toquen las patitas, y esto ocasiona que tiren la mordida, es su forma de decir ‘no te me acerques, no me toques’. Estos seis coterapeutas caninos que tenemos están bien entrenados y son gentiles y amigables con los alumnos”, explica el coordinador del centro.

Uno de los aspectos importantes que tiene el CAETO, es el respeto que tienen para los coterapeutas caninos, el respetar sus “libertades”. Estos perritos deben de estar protegidos de las inclemencias del tiempo, están libres de hambre, de sed, de enfermedades y de estrés. Además de tener la libertad de desarrollar sus instintos naturales. “Nuestros coterapeutas tienen un área en donde están una hora en la mañana y otra hora en la tarde y parece una ‘área de mineros’ porque les encanta hacer hoyos y travesuras, todo esto para que tengan una calidad física y emocional”, comenta Héctor.

Para Édgar Abraham Álvarez Rodríguez, quien lleva trabajando ocho meses como entrenador de perros en el CAETO, dice que al principio fue complicado y costaba trabajo encontrar el perrito adecuado para cada alumno. “Con el paso del tiempo, empezamos a hacer perfiles. Por ejemplo, Coffee puede ser para este alumno u Oddie puede ser para este otro. Empezamos a hacer preguntas claves a los alumnos para saber sus necesidades, para saber qué actividad querían realizar con los perritos y poder hacer equipos”.

Dice que trabajar en este centro lo ha hecho crecer bastante. “Estaba acostumbrado a trabajar con guardias de seguridad y con policías, personas con una formación totalmente diferente. Al llegar aquí, tengo que trabajar con alumnos, con otro tipo de pensamientos, mi mundo cambió totalmente. Hasta mis días de descanso los paso en el centro. Estoy muy contento y feliz de estar aquí en la BUAP”.

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