“Busco una vida mejor, es lo único”

La familia de Jackner fue deportada desde EU a Haití; ahora él está solo y varado en Ciudad Acuña

“Busco una vida mejor, es lo único”
Temeroso de que lo deporten, Jackner Estilien, originario de Haití, acampa en el parque Braulio Fernández Aguirre de Ciudad Acuña Foto: FRANCISCO RODRÍGUEZ. EL UNIVERSAL
Estados 23/09/2021 03:31 Francisco Rodríguez / Corresponsal Actualizada 07:38
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Ciudad Acuña.— La mirada de Jackner Estilien se enrojece cuando termina de hablar por teléfono con su familia. Ayer, su hermano le llamó para darle una noticia: fue uno de los cientos de haitianos deportados desde Estados Unidos a su país.

Jackner cuenta que él y su hermano llegaron hace cinco días a Ciudad Acuña, en la frontera de Coahuila con Texas.

Salió de Chile hace tres meses. Allá tenía estatus de refugiado, pero ganaba “muy poca plata” en una fábrica. Quería cobrar más para enviar dinero a su familia en Haití, integrada por su mamá, su hermana, su hermano y un primo.

Junto con su hermano, Jackner pasó tres meses en Tapachula, Chiapas. Ambos querían llegar a Estados Unidos.

Pasaron cuatro días durmiendo debajo del Puente Internacional en Texas, donde se improvisó un campamento con miles de haitianos, pero su hermano y su cuñada embarazada fueron detenidos por las autoridades y deportados de inmediato. El martes recibió la llamada de su hermano.

Jackner optó por volver al campamento de Ciudad Acuña, en el parque Braulio Fernández Aguirre, donde cientos de sus compatriotas esperan “que se calme” la política de deportación en Estados Unidos para intentar, de nuevo, pedir asilo

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Ahora, el joven no sabe qué hacer: “Busco una vida mejor, es lo único”, comenta en el poco español que habla. Siente miedo de que lo regresen a Haití.

Aquí se quedó solo. Su hermano y su cuñada eran su única compañía. Ahora simplemente mira su mochila y unas cobijas tiradas en la tierra del parque. “Esa es mi casa, es todo”, dice con tristeza.

Daños emocionales

Christoph Janköfer, integrante de Médicos Sin Fronteras, refiere que muchos de los migrantes haitianos presentan enfermedades respiratorias y gastrointestinales, lesiones e infecciones, pero que uno de los problemas más agudos que padecen es la salud emocional.

“La gente experimenta situaciones duras en sus países de origen (...) En el camino, también, muchos experimentaron extorsiones y violencia. Eso afecta la mente de las personas. Toda la situación de ellos es súper difícil. No saben si pueden vivir en otro país, si son aceptados, recibidos o no. Toda esa incertidumbre, ese miedo, esa ansiedad, afecta la mente significativamente”, explica.

Kemberlie Ansrosise tiene 27 años y un hijo de dos años. Llegó con su esposo e hijo desde Chile porque sentían que necesitaban algo mejor y porque en aquel país no contaban con papeles.

Ella, como muchos haitianos, tiene la esperanza que las deportaciones paren y puedan entrar a la Unión Americana.

A diferencia de Jackner, ella habló con su tía en Florida, quien le dijo que los espera. Su mamá sigue en Haití, adonde “no es opción regresar”.

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