Alina: la historia de una mujer policía en prisión tras matar a su agresor

Fue recluida en la prisión de La Mesa, en Tijuana, por haber asesinado a su pareja Luis Rodrigo Juárez Arellano el 12 de diciembre de 2019, en defensa propia, sostiene

Alina: la historia de una mujer policía en prisión tras matar a su agresor
La señora Socorro, madre de Alina, sostiene una fotografía de su hija. Foto: CORTESÍA
Estados 08/03/2021 03:30 Gabriela Martínez / Corresponsal Actualizada 16:00
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Tijuana.- Alina tomó la pistola, le apuntó con las dos manos y llorando le pidió que la dejara salir pero él no lo hizo. Luis Rodrigo, policía municipal en Tijuana, caminó hacia ella y la miró con furia. Sabiendo que no tenía oportunidad contra él: le disparó. El seguía de pie, burlándose, como si las balas no le hubieran perforado el cuerpo “mátate, te toca, mátate conmigo, si no, yo me voy a levantar y vas a valer madre”. Alina le disparó en la cabeza.
 
Según su origen germánico, Alina significa nobleza y Alina Mariel Narciso Tehuaxtle, de 26 años, le hace honor al significado. Fue recluida en la prisión de La Mesa, en Tijuana, por haber asesinado a su pareja Luis Rodrigo Juárez Arellano el 12 de diciembre de 2019, en defensa propia, sostiene.
 
Ese jueves, en madrugada, agentes de la Policía Municipal acudieron a un llamado de emergencia en el que advertían a un hombre herido de bala. Llegaron al departamento número 3 entre las avenidas Popocatépetl y Ajusco del fraccionamiento Santa Rosa. Hallaron el cuerpo de Luis Rodrigo tirado boca abajo, cerca del baño, sobre su propia sangre, en ese momento, paramédicos de Cruz Roja lo declararon sin vida.

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Pero antes de ese momento, hubo otros, recuerda Alina, quien también era policía, desde la prisión donde continúa su proceso. Recuerda que hubo muchos momentos en los que ella no tuvo oportunidad de defenderse, y que el primer indicio se presentó la primera noche que pasaron juntos. No lo reconoció hasta ahora cuando, dentro de la celda, repasa en su memoria la violencia que vivió y no pudo advertir.
 
Ese día durmieron en casa de quienes eran sus suegros. Recién habían llegado de trabajar su turno en la corporación, se recostaron y ella durmió. Despertó mientras él abusaba de ella. Alina se quiso incorporar pero no se lo permitió, la tomó de las muñecas y la forzó a seguir. “Me levanté y empecé a tomar mis cosas para irme”, Luis le pidió perdón, le dijo que había pasado mucho tiempo sin estar a solas con una mujer, “le pedí que jamás volviera a comportarse así”.
 
En una de las fotografías que se compartieron de Alina, ella sonríe. Usa labial rojo, su cabello recogido en una cola. Ojos grandes y negros, se mira feliz. Porta su uniforme con orgullo, impecable, como su historial dentro de la corporación, sin ningún reporte ni falta que enturbiara su carrera policial, primero en el área comercial y luego como activa.
 
Así la recuerda su madre, Socorro y su hermano, Edwin. Para ella es como si viera a la niña que desde que tuvo noción de la vida siempre le dijo que quería ser maestra, tener hijos y formar una familia, en una casa grande donde hubiera espacio para ellos tres, y más.

Desde hace casi un año no la ve, las visitas en prisión fueron canceladas por la pandemia, pero ella religiosamente espera una vez a la semana a que la llame.
 
“Si estoy en el trabajo voy a una esquinita, ya sabe, a donde no me escuchen y no haya ruido, desde ahí hablamos y siempre le digo que acá la estamos esperando”, dice Socorro mientras carga un par de fotos de Alina que guarda con ella, como si fueran un tesoro.

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“La historia se repite, pero tal vez por no preocuparme nunca nos dijo nada, aunque nunca le tuve confianza a Luis, nos apartó de ella y Lina (como la llama, de cariño) dejó de sonreír”.
 
El 29 de octubre de 2020 la alcaldesa de Tijuana, Karla Ruiz y el ex secretario de Seguridad, Alberto Ayón, inauguraron La Plaza del Policía Área #3, en la colonia Cacho, dedicada a la memoria de Luis Rodrigo.
 
“Me honro en ser testigo de esta muestra solidaria por parte de los vecinos de la colonia… a la gran labor que desempeñaron nuestros compañeros Luis Rodrigo Juárez Arellano y Reynaldo Rusell Quiñonez, quienes lamentablemente hoy ya nos acompañan pero seguirán siempre en nuestra memoria”, dijo el ex funcionario.
 
A Luis Rodrigo lo recuerdan, según las palabras del exsecretario, como “un buen elemento”, pero nadie habla de la violencia, de las amenazas, las agresiones ni del abuso sexual en contra de Alina; eso quedó en las conversaciones de pasillo de las delegaciones, cuando sus compañeras aconsejaban a Alina que lo dejara.
 
“Uy, claro, es que eran puros pleitos… aquí le gustaba la coca… y pues no sé, ella ahí estaba con él, pero era puro conflicto el muchacho”, dijo una oficial durante una entrevista en la Sección Patrullas en Zona Norte. Pidió no ser identificada, “para qué, mírela a ella (Alina), cuál apoyo”. 
 
Desde que inició el noviazgo hasta el homicidio hubo un periodo de casi un año, pero todo detonó en los cuatro meses que vivieron juntos, ahí el nivel de violencia y brutalidad se corrió como lo hace la pólvora antes de estallar.

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El proceso de Alina continúa, su abogado defiende su inocencia: fue defensa propia. El Fiscal Central del Estado, Hiram Sánchez Zamora, dijo a la prensa que no hubo evidencia de lesiones pero las fotografías aportadas como prueba dicen lo contrario, la sangre seca en su rostro y las huellas de las manos de Luis en su cuello lo sustentan. 
 
Su madre y su hermano la esperan en casa, trabajan para pagar su defensa y aun cuando alzan su voz, lo hacen a pesar de las amenazas: “unos compañeros policías de Luis ya nos mandaron decir que si liberan a Alina ellos verán qué hacer. Son hombres y policías, entre ellos se cubren”, señala Socorro. 

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