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En Las Vegas, por ejemplo, la mayoría de los hoteles presumen de tener shows con comediantes, rutinas de chistes que varían entre lo irreverente y expresiones duras y, para algunos, ofensivas.

Sin embargo, todos ellos e incluidos los que aparecen en la tv están protegidos por la primera enmienda de la constitución de Estados Unidos.

En esa ley se deja claro que nada ni nadie podrá coartar la libertad de expresión de los ciudadanos. La única excepción que contempla la ley es en el caso de discursos subversivos que inciten al desorden social.

La comedia se ha dedicado a señalar, criticar y hacer sátira de las cosas cotidianas, incluso de la política corriente del país.

Es así que programas como Saturday Night Live pueden hacer comedia, imitación y crítica del presidente Trump. Incluso en lo años que la emisión ha estado al aire, varios mandatarios han estado no sólo imitados, también han sido invitados para tener apariciones.

Sin embargo, tal y como sucede en México, varios comediantes han sido señalados por ser políticamente incorrectos. Y ellos también se han quejado de la extrema “sensibilidad” de la gente.

Las críticas les han costado uno que otro linchamiento en redes sociales, como Ricky Gervais o el mismo Jerry Seindfeld.

A pesar de ello, ninguna ley les persigue o les coarta la libertad de decir lo que quieran. Pero su impunidad comienza a ser limitada por el mismo público que empuja a las empresas o a los foros a poner límite a la irreverencia o tenacidad de los comediantes o a aquellos que hacen chistes políticamente incorrectos.

Es así como se ha vuelto común que algunas empresas y canales de televisión terminen sus relaciones laborales con aquellos que han hecho bromas de “mal gusto”.

Y es que este tipo de bromas hacen burla de sectores vulnerables o minorías que han luchado por el respeto y consideración a su cultura o raza.

Rossane Barr fue despedida de ABC por hacer un chiste sobre una de las colaboradoras del ex presidente Barack Obama. El público se escandalizó en redes sociales y su indignación se vio reflejada en una ola de tuits.

Aquella reacción llevó al canal a terminar su relación laboral con la actriz y productora de uno de sus shows más exitosos.

En Estados Unidos, es común que los comediantes conduzcan las entregas de premios. Ahí, los profesionales de la risa se han consolidado como uno de los principales críticos de la sociedad.

En dichos eventos, es común los chistes sobre los mismos artistas, el clima político local e internacional, y sus experiencias personales.

Ante la irreverencia no sólo de los comediantes, también de la ciudadanía en general han habido varios intentos de grupos conservadores por detener las expresiones de ellos.

Pero el mismo congreso de Estados Unidos se ha encargado de defender a toda costa el derecho y la libertad de todos sus ciudadanos para expresarse, aun en contra de su presidente Donald Trump.

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