Pedro Armendáriz, el Clark Gable mexicano que se suicidó ante su agonía por el cáncer 

El actor Pedro Armendáriz se quitó la vida el 18 de junio de 1963; aunque padecía cáncer, gozaba de fama y reconocimiento en México y EU

Pedro Armendáriz
Pedro Armendáriz. Fototeca EL UNIVERSAL.
Espectáculos 18/06/2021 00:30 Reyna Avendaño Ciudad de México Actualizada 20:32
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El porte varonil y galán que poseía Pedro Armendáriz llamó la atención no sólo en México, país en el que brilló durante la Época de Oro, sino también en Estados Unidos, donde dio de qué hablar por su talento actoral y por sus semejanzas con la estrella hollywoodense Clark Gable.

El suicidio de Armendáriz hace 58 años, conmocionó a sus seguidores, el actor tenía apenas 51 años y su carrera se seguía alimentando de proyectos en México y Estados Unidos cuando decidió quitarse la vida en un hospital de Los Ángeles, aprovechando que su esposa lo dejó solo en la habitación se dio un tiro con un arma de su colección personal el 18 de junio de 1963.

La vida de Pedro Armendáriz siempre estuvo íntimamente ligada a Estados Unidos, su padre, don Pedro Armendáriz García Conde era mexicano, pero su madre Adela Hasting era estadounidense. Vivió en tierras americanas los primeros años de su vida, ahí comenzó sus estudios, aprendió a hablar inglés y terminó su carrera de ingeniería en la Universidad Politécnica Estatal de California. 

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Su destreza para hablar inglés lo llevó a participar en las obras teatrales representadas por el grupo de teatro de la Universidad; después, al terminar sus estudios, se trasladó a la Ciudad de México, donde se empleó como ferrocarrilero, guía de turistas, periodista, vendedor de suscripciones en una editorial y actor, convirtiéndose en uno de los más emblemáticos de la pantalla. 

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Foto: Fototeca EL UIVERSAL.

 

Armendáriz, un galán al estilo de Clark Gable y Charles Atlas 

Pedro Armendáriz, ícono de la Época de Oro del cine mexicano, era 12 años menor que Clarke Glabe, quien fue catalogado como uno de los mejores actores del cine clásico estadounidense. Tanto Glabe como Armendáriz medían 1.85 metros de altura, ambos cautivaron con un varonil bigote y una mirada profunda que lucieron junto a las actrices más bellas de la época. 

Tanto Armendáriz como Glabe realizaron más de 100 películas a lo largo de sus carreras; la popularidad de Gable era tanta que al menos 500 niños fueron bautizados en Estados Unidos con su nombre y apellido; la cinta “Lo que el viento se llevó” (“Gone with the Wind”)  lo consagró en la pantalla grande como uno de los referentes cinematográficos de Hollywood. 

A diferencia de Clarke, que tuvo cinco esposas, Pedro sólo unió su vida en matrimonio con Carmelita Bohr, con quien tuvo dos hijos, igual que Glabe. Ambos poseían un gusto especial por el periodismo, cuando Armendáriz abandonó el deseo de querer ser aviador, el periodismo lo entusiasmó en sus años de estudiante, así se lo contó a la escritora Patricia Cox en 1948, en una entrevista publicada en “Magacinema”, suplemento cinematográfico de EL UNIVERSAL.

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Pedro Armendáriz y Clark Gable en caricaturas de la época. Hemeroteca EL UNIVERSAL. 

“Recopilaba todas las informaciones deportivas de EU. Ni qué decirle que mi sección era mi éxito en el pequeño periódico de mi escuela. Por aquel entonces me sentía verdaderamente rico escribiendo historias policiacas, ¡ganaba dos centavos, oro por palabra!; era una lotería para mi bolsillo de estudiante, pero no se crea que era tan fácil, eran historias verídicas que debían ir certificadas ante notario”, recordó. 

Armendáriz fue el actor más internacional de su época, participó en 16 películas estadounidenses, así como cuatro producciones francesas e italianas; en Hollywood trabajó por una temporada como extra junto a Jorge Negrete; hizo grandes amigos, como el director norteamericano John Ford y el actor John Wayne.

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El actor mexicano Pedro Armendáriz saborea un bocadillo durante un descanos en la filmaciín de "Los Titanes". Armendáriz y Jacqueline Sessard (derecha) tienen los papeles estelares. Fototeca EL UNIVERSAL.

Cuando se hablaba de Armendáriz, en la prensa estadounidense solían leerse frases como: “Pedro Armendáriz, el Clark Gable mexicano”; sobre esto, el histrión, favorito del director Emilio “El Indio” Fernández, reconoció en entrevista con este diario en mayo de 1945, que encontrar semejanzas entre dos actores, era una práctica muy común entre los gringos, por quienes sentía profunda gratitud.

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“Pues eso tiene algo de cierto. En ese país siempre se busca alguna semejanza entre dos personas y de ahí que le cambien a uno el nombre. El trato que de la gente recibí fue amable y me llenaron de atenciones”, expresó.

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Pedro Armendáriz y Clark Gable. Fotógrafó Vía Mediateca INAH/Archivo EL UNIVERSAL. 

Pedro Armendáriz provocaba los suspiros de sus fans con una figura tan viril con la que interpretó de manera espléndida a personajes recios como el general José Juan Reyes, en “Enamorada”, junto a María Félix, o como a Lorenzo Rafael, el indio valiente que lo dio todo por su amada María Candelaria, encarnada por Dolores del Río.

Se dijo que tenía la tendencia a subir de peso, por lo que junto a su esposa Carmelita Bohr, hacía los ejercicios de tensión dinámica del fisiculturista italiano Charles Atlas, el hombre “más perfectamente desarrollado del mundo”, así se narra en el documental “Pedro Armendáriz, el rostro de un mexicano”, de editorial Clío. 

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Fototeca EL UNIVERSAL. 

En 1945, en las páginas de los diarios nacionales, se encontraban promocionales de Charles Atlas, el poseedor del título de “el hombre más perfectamente desarrollado del mundo”. El anuncio con imágenes en las que Atlas lucía un escultural cuerpo, estaba acompañado con un mensaje que explicaba cómo en 15 minutos un hombre “ñango”, podía convertirse en un “súper hombre”.

“No me importa lo joven o viejo que sea usted, o si se avergüenza de su actual condición física. Si usted puede solamente levantar sus brazos y doblarlos, le puedo agregar sólidos músculos a sus bíceps, sí, en ambos brazos y en muy poco tiempo. Solamente 15 minutos al día, en su propio hogar, es todo el tiempo que le pido. ¡Y sin costo alguno para usted si fracaso!”, se lee.  

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El secreto, según Charles Atlas, no tenía que ver con algún artefacto, sino con el mismo cuerpo, lo que él llamó “tensión dinámica”, la cual prometía transformar el aspecto del cuerpo con ejercicios específicos que no sólo Pedro Armendáriz copió, sino muchos mexicanos que querían lograr una atlética figura.  

“Yo puedo ensanchar sus hombros, fortalecer su espalda, desarrollar su sistema muscular completo por dentro y por fuera. Yo puedo agregar algunos centímetros a su pecho dotarlo de una presión como de tenazas y hacer que sus piernas sean ágiles y poderosas. Puedo darle fuerza a su espinazo, ejercitar esos órganos internos ayudarlo a que llene su cuerpo de vigor energía y vitalidad sanguínea, de modo que no le quede el menor motivo para sentirse débil o perezoso”.

La promesa de Charles Atlas tuvo tanto éxito en su momento, que mucha gente solicitó vía correo su instructivo basado, supuestamente, en su experiencia, pues decía que él era un “alfeñique” que pesaba 44 kilos y “daba pena”, pero después descubrió la “tensión dinámica” que le proporcionó un cuerpo que lo hizo ganar dos veces el título de “El hombre más perfectamente desarrollado del mundo”.

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“¿Es usted grueso y blando? ¿Delgado y flojo? ¿Se fatiga usted pronto y no tiene energías? ¿Se queda usted rezagado y permite que otros se lleven las muchachas más bonitas, los mejores empleos, etc?. Sólo deme siete días y le probaré que puedo hacer de usted un verdadero hombre”, prometía. 

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Armendáriz trataba de conservarse en forma para no perder el atractivo físico que tanto gustaba a sus seguidoras, de ese esfuerzo quedó constancia en este diario, cuando en junio de 1962, un año antes de su muerte, confesó que ya estaba tomando un muy violento curso de yoga para poder seguir trabajando “ágilmente” en las películas, pues “su pancita ya se le veía un poco voluminosa” aunque usara un atuendo sport, confesó entonces. 

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Fototeca EL UNIVERSAL.

 

Una muerte en EU y un eterno descanso en México

Pedro Armendáriz trató de ocultar hasta el final que padecía cáncer, semanas antes de fallecer, el histrión anunció que se iba a Inglaterra, oficialmente el viaje obedecía a que tenía que arreglar negocios referentes a la realización de una superproducción fílmica, extraoficialmente se supo que fue a atenderse con eminentes especialistas y a terminar la filmación de una película. 

Cuando regresó a México lo hizo de incógnito y ya tremendamente enfermo; llegó en el avión que trajo al equipo de futbol de Hungría y Pedro bajó en silla de ruedas. Posteriormente se fue a Estados Unidos y en el hospital de la Universidad de California, en Los Ángeles, decidió quitarse la vida al enterarse que le quedaba poco tiempo de vida.

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Ya llevaba cuatro años padeciendo la enfermedad (cáncer de las glándulas linfáticas) que se le desarrolló debido a la radiactividad y que no sólo lo afectó a él, sino a muchos de los actores que participaron en “The Conqueror” (“El Conquistador de Mongolia”), la última película que Pedro Armendáriz grabó en Estados Unidos. De las 220 personas involucradas en la producción, 91 enfermaron de cáncer y 46 de éstas murieron a consecuencia de la enfermedad.

 

La cinta, que fracaso en taquillas, fue producida por Howard Hughes y protagonizada por Susan Hayworth y John Wayne; en una nota de julio de 1954, las páginas de EL UNIVERSAL reportaron que mientras Armendáriz filmaba dicha película, había sufrido un accidente durante una escena, se había caído de un caballo y había sido pisoteado por unos animales tras su caída; eso no era un buen augurio. 

“The Conqueror”, de 1956, fue filmada en el estado de Utah, cerca del sitio donde el gobierno norteamericano había realizado pruebas nucleares en el vecino estado de Nevada. 

Los restos de Pedro Armendáriz fueron traídos de Estados Unidos a México; amigos del actor, como Harry Carey. Jr, John Ford, John Wayne, Paul Kohner, George Chandler, Sean Mc Clooy y el doctor Bernard McDonald escoltaron el cadáver hasta el avión que trajo al histrión de regreso a su país, donde lo despidieron cientos de personas que abarrotaron el Panteón Jardín donde descansará para siempre. 

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