Cineastas indígenas y afromexicanos cuentan sus historias en cine

Desde el año pasado, una ola de cineastas indígenas y de afromexicanos está tomando la producción de cine nacional para contar sus historias, lejos de estereotipos

Cineastas indígenas y afromexicanos cuentan sus historias en cine
El documental Tote abuelo, de la realizadora tsotsil María Sojo, cuestiona la distancia creciente entre las tradiciones de diferentes generacionales. Fotos: Terra Nostra Films
Espectáculos 20/12/2020 02:40 César Huerta Actualizada 10:14
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“Soy de la generación de los hijos a cuyos abuelos golpeaban para que olvidaran su idioma”, dice la cineasta Luna Marán desde Guelatao, Oaxaca, su tierra natal y donde el zapoteco permeaba en la zona.

“Es violentísimo que a toda una sociedad que era bilingüe a principios del siglo XX se les haya dominado así; ese dolor lo tenemos todos, la discriminación se hereda, el sentir inferior ante el blanco, el gringo, el que tiene dinero”, reflexiona.

El año pasado, Luna estrenó el documental Tío Yim, hablado en lengua originaria de la región, además del francés y español. No era sorpresa que surgiera una realizadora del lugar, pues la entidad sureña tiene una alta tradición de cine indígena independiente. Ella es segunda generación.

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Guelatao tiene además altos niveles en educación: nueve de cada 10 personas nacidas en el 2000 siguen estudiando. Pero eso la gente de afuera no lo ve representado.

“Es impresionante que en 2020 jóvenes cineastas de otros lugares vayan a la comunidad y pongan a las personas a caminar de izquierda a derecha y ya, no lo ponen en representaciones donde se les vea pensar, discutir, cuestionarse, organizarse; siempre hay una visualización de las comunidades desde lejos, de zoológicos y es triste, porque son los cuentos que se mantienen en la sociedad”.

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Negra se compone de las historias de cinco mujeres.
 

Desde el año pasado una ola de cineastas indígenas y de afromexicanos está tomando la producción de cine nacional para contar sus historias, lejos de estereotipos. Ahora existen, al menos, 30 proyectos en 20 lenguas distintas, entre cortos y largometrajes, documentales y de ficción; todos caminando por distintas fases.

En tsotsil hay cuatro proyectos; en purépecha y zapoteco, tres; en mixteco y náhuatl, dos; otomí, totonaco, zoque, seri, tenek, mixe y poqomchi, uno; también están el garifuna, mam, queqchi y kakchikel. El español tiene presencia única en seis y en otros ocho, está combinado con lenguas.

“Es la importancia de sacar las lenguas minorizadas, excluidas, y ponerlas al mismo nivel; está tan estereotipado el indígena en el cine, de que la mujer doméstica siempre tiene rasgos así y ese es un mensaje para los niños”, comenta María Sojob, de Chenalhó, Chiapas.

La realizadora, quien ha dicho que nadie es indígena sino hasta que sale de su comunidad, debutó este año con el documental Tote abuelo, que aborda la cultura tsotsil. Y ya prepara Por la vida, tocando el tema de mujeres de su entidad y Guatemala.

“Es sobre cómo están resistiendo estos proyectos extractivistas que acaban con su forma de vivir y con la tierra, llevábamos cuatro días rodando cuando llegó la pandemia y tuvimos que parar”, indica Sojob.

Marán, por su parte, hará una ficción: Chicharra, llamada así en honor de esos insectos que avisan cuando va a llover.

“Es sobre cómo una comunidad se defiende de un extractivista y lo complejo de la decisión de iniciar una guerra”, adelanta.

¿Hay técnicos en las comunidades para dar abasto a las producciones crecientes? Mónica Luna, directora de Vinculación regional y comunitaria del Instituto Mexicano de Cinematografía a través del cual se ejecuta el Estímulo a la Creación Audiovisual en México y Centroamérica para comunidades Indígenas y Afrodescendientes, dice que sí.

“Las producciones se vuelven en sí mismas escuelas; para Tote abuelo, por ejemplo, María adquirió en la posproducción instrumentos, herramientas nuevas de trabajo que aprendieron y ahora esas personas están siendo solicitadas en otras producciones.

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“Nosotros, en esta dirección, trabajamos con la formación de nuevas generaciones, donde buscamos la equidad, la inclusión de personas y que provengan de todo tipo de comunidades”, apunta la funcionaria.

De acuerdo con el Imcine, de los 30 proyectos que han apoyado y están en camino, seis de cada 10 responsables es hablante de un lengua indígena. El 80% de los responsables son autodenominados indígenas y 20% afrodescendientes.

Medhin Tewolde tiene raíces paternas de Eritrea, país en África oriental. “Soy afromexicana”, dice orgullosa. Tiene la intención de reflejar a la comunidad lejos de los folclorismos tradicionales. Su documental Negra está siendo solicitado en varios festivales del orbe. Y ya encara Nyanga, un corto docu ficción sobre un hombre traído a una finca veracruzana como esclavo, que lideró un escape y fundó años después uno de los primeros pueblos libres del continente.

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Negra, de Medhin Tewolde, narra la búsqueda con otras mujeres afrodescendientes y lo que les supone habitar en México.
 

“Es una historia poco conocida y yo no podía creer que a mis más de 30 años no la conocía; generalmente a las comunidades negras se les muestra infantilizadas, ridiculizadas, hipersexualizadas y es cambiar esa perspectiva”, señala Medhin Tewolde.

Luna, del Imcine, adelanta que se están estableciendo los mecanismos para que las producciones, una vez terminadas, lleguen al público.

Datos

30 proyectos fílmicos en 20 lenguas distintas se están desarrollando en este momento.

1.4 millones de personas se describen como negros, según la encuesta realizada por el INEGI 

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