Lágrimas de Lozoya

Salvador García Soto

Mientras crecen las versiones que hablan de un “golpe inminente” en Pemex por el caso Odebrecht, a días de que la Fiscalía de Brasil entregue a la PGR el expediente de los sobornos pagados por la empresa brasileña a funcionarios de México, también crece la expectación por saber el nombre de quién habría recibido esos recursos ilegales con los que la empresa compraba la asignación de contratos de obras y servicios de la petrolera mexicana. Las últimas versiones apuntan al ex director de Pemex Refinación, Miguel Tame Rodríguez, como la identidad del funcionario misterioso en este escándalo y quién se afirma, podría ser acusado con una orden de aprehensión dentro del escándalo de corrupción que ha sacudido al continente americano.

Sin embargo, esa no es la versión de los hechos que maneja el ex director de Pemex, Emilio Lozoya Austin. Al menos dos testimonios de amigos cercanos de Lozoya, que afirman haberlo visto y conversado con él en fecha reciente, aseguran que el ex funcionario despedido por el presidente Enrique Peña Nieto en febrero de 2016, en plena crisis de la empresa productiva del Estado, tiene una versión muy distinta de los pagos de Odebrecht a funcionarios del gobierno mexicano.

Lo primero que resaltan las dos fuentes consultadas es el estado de ánimo “sumamente alterado” en el que han visto a Lozoya Austin. Narran cómo, al hablar del caso Odebrecth, se comienza a descomponer y repite insistentemente que él no recibió ningún dinero de la compañía brasileña. “Ellos (el gobierno federal) saben bien a dónde y a quién se entregó el dinero que mandaron de Odebrecht, saben que yo no recibí ni un centavo”, dice afectado el ex director de Pemex, a quien los testigos han visto desesperarse al punto del llanto cuando toca ese tema.

Pero luego viene la parte más fuerte de lo que el desesperado Lozoya dice sobre el dinero que sí habría mandado la compañía investigada por la Fiscalía de Brasil: una parte fue entregada, dice, al gobierno anterior, en los últimos meses de su mandato (el de Felipe Calderón) y la otra se la dieron a una mujer que manejaba las finanzas del gobernador de un estado que luego se convertiría en el operador político más importante del candidato presidencial del PRI, Enrique Peña Nieto. Es decir, que los “sobornos” que pagó Odebrecht a cambio de contratos en Pemex, se habla de hasta 10.5 millones de dólares, no necesariamente se dieron para la asignación de obras específicas, sino, más bien, pudieron ser, al menos en el caso del gobierno actual, como “ayuda financiera” a la campaña para que luego, una vez en el poder, se le favoreciera con asignaciones importantes. Esa sería la ruta del dinero que sugiere, en su desesperación, el ex director de Pemex.

Y es que para Lozoya Austin este tema se sumó a las acusaciones de desvíos, corrupción y dispendio durante su gestión en Pemex y lo ha colocado en la lupa pública como el principal sospechoso en México de una investigación que ya le costó la destitución y la cárcel a varios funcionarios y gobernantes de varios países de América Latina acusados de haber recibido “sobornos” y “apoyos financieros” de la compañía brasileña cuyo socio mayoritario, Marcelo de Odebrecht, negoció con las autoridades de su país proporcionar la lista de los políticos y funcionarios petroleros a los que sobornó a cambio de que le conmuten años de cárcel por el mayor escándalo de corrupción en la región en los últimos tiempos.
En medio del hermetismo, la lentitud y la opacidad con la que el gobierno de Peña Nieto y su procurador Raúl Cervantes Andrade, han manejado las investigaciones sobre la actuación de la petrolera brasileña en nuestro país, al grado de declarar “reservada” buena parte de las indagatorias, las especulaciones y rumores apuntaron siempre hacia Emilio Lozoya por haber sido su gestión la que llevó a Pemex a la crisis presupuestal y de producción más grave de su historia. Las voces que desde su salida en 2016, lo mismo desde el Congreso que desde la iniciativa privada, lo acusaban de diversos actos de corrupción, venta de “citas” para ver al director, gastos millonarios en proyectos suntuarios y decisiones equivocadas que tiraron la producción y la exportación de crudo a sus niveles más bajos en la historia reciente, vieron en Lozoya el blanco natural y perfecto cuando estalló el escándalo Odebrecht en todo el continente.

Citas a 3 millones de pesos. Aunque Emilio Lozoya se ha deslindado de señalamientos de corrupción durante su gestión, hay empresarios del ramo petrolero que confirman que en el círculo cercano del entonces director de Pemex había un grupo formado por el coordinador ejecutivo de la dirección, Froylan Gracia, el coordinador de asesores, Carlos Roa y el secretario particular, Rodrigo Arteaga, que incurrían en prácticas ilegales. Un contratista, cuya identidad se reserva, afirma que para obtener una cita con Lozoya tuvo que pagar 3 millones de pesos. Ese costo era solo por ser recibido por el director general y si en la plática se obtenían “contratos” o asignaciones de algún tipo, los porcentajes que tenía que pagar el empresario en cuestión iban del 5 al 15%.

Todas esas denuncias, que se fueron acumulando, sumadas a los números rojos que empezaron a hacer crisis en la producción petrolera y los gastos excesivos y suntuarios —uso excesivo del helicóptero, viajes por todo el mundo, compras a sobreprecios— comenzaron a serle reportados al presidente Peña Nieto desde 2014 por el entonces secretario de Hacienda, Luis Videgaray. Lozoya se había distanciado de Videgaray y éste se convirtió en su principal crítico dentro del gabinete y con ante el Presidente. Las denuncias y expedientes que documentaban la situación en Pemex llegaron también a oídos del secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, quien, como responsable del área energética, a finales del 2015 mandó llamar a Lozoya para preguntarle por la veracidad de esas denuncias. “Yo no tengo nada que ver, puede que haya gente cercana a mí que haya echo mal las cosas, pero yo no estaba enterado”, se excusó el director de Pemex, quien se quejaba de una “conspiración” de Videgaray en su contra.
Pasaron casi dos años en los que, una y otra vez, ante las denuncias y las evidencias de corrupción y desorden financiero en Pemex, que le presentaban a Peña Nieto, éste sólo decía: “Vamos a verlo”. La influencia de Videgaray en ese caso no pudo contra Lozoya Austin, a quien el Presidente parecía tenerle un especial aprecio. Fue hasta los últimos días de enero de 2016 cuando el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, llegó a Los Pinos y le puso sobre el escritorio a Peña un reporte de una prestigiada calificadora internacional que advertía que, de seguir creciendo el déficit en Pemex entre su gasto y su producción, el grado de inversión de México se perdería. La advertencia prendió los focos rojos en todo el gobierno y fue hasta entonces que el Presidente le pidió la renuncia a Emilio Lozoya y nombró a José Antonio González Anaya para poner en marcha un plan de ajuste emergente que equilibrara, con recortes drásticos y reducciones presupuestales, la grave crisis en Pemex.

Por eso hoy que el caso Odebrecht está llegando a su punto crítico en México, luego de meses de maniobras dilatorias y retrasos deliberados, en buena parte por las recientes elecciones mexiquenses, los ojos están puestos en Emilio Lozoya Austin y en su equipo en espera del nombre del “cobrador” de los sobornos de la petrolera brasileña. Eso si no es que más bien se comprueba lo dicho por el propio Lozoya sobre la forma en que llegó el dinero a los operadores de la campaña presidencial de Peña Nieto.

Qué tan nervioso y desesperado verán al ex director de Pemex los amigos a los que les jura llorando su inocencia y les habla de la mujer “que recibió el dinero de Odebrecht para la campaña” —muy cercana al que hoy es un poderoso secretario de gabinete—, que ya hay voces que han sugerido a Los Pinos que “tienen que hacer algo urgente con Emilio” porque lo ven tan vulnerable y presionado por todo el escándalo que “si no lo cuidan va a terminar hablando de más”. ¿Qué tanto más sabe Lozoya Austin?

Notas indiscretas… La salida intempestiva de Humberto Castillejos de la Consejería Jurídica desató ayer una serie de rumores sobre cambios “inminentes” en el gabinete. El primero de esos rumores, atajado directamente desde la Secretaría de Gobernación, ubicaba al abogado en ese despacho de Bucareli y a su actual ocupante, Miguel Osorio Chong, en Sedesol, de donde saldría el “olvidadizo” secretario Luis Miranda que no tiene actualizada su credencial de elector. Anoche fuentes bien informadas decían que es falso que Castillejos vaya a Gobernación y más bien decían que regresa al despacho de Nassar abogados, donde estará por un tiempo, porque está próximo a contraer matrimonio, ante lo cual le pidió al Presidente que le diera un “tiempo fuera”. De Osorio, en su oficina negaban cualquier movimiento en estos momentos, y de la posible salida de Miranda parecía ser la más posible. En todo caso las fuentes consultadas decían que sí vienen cambios en el gabinete, pero los ubicaban a finales de este mes y principios del próximo… Ayer en las instalaciones del hangar de Flymex, en el aeropuerto de Toluca, el empresario Albert Abed, ex propietario de Taesa, le organizó una “comida de felicitación” a Alfredo del Mazo. Empresarios y miembros de la cúpula priísta llegaron al gran festejo en donde se sirvieron vinos y champangne para brindar. Varios gobernadores vinieron desde sus estados. Muy cerca de las mesas se encontraba el helicóptero que el mismo empresario le prestó a Del Mazo en su campaña (Mat. XA-TRS) y los aviones y helicópteros de varios políticos del PRI. La comilona terminó entrada la tarde y entre los asistentes se vio al senador Emilio Gamboa, al ex dirigente del PRI, Manlio Fabio Beltrones y a la gobernadora de Sonora, Claudia Pavlovich, además de varios secretarios del gabinete federal y por supuesto al “festejado” Del Mazo, que celebró su triunfo cuando aún no concluye el proceso de impugnaciones iniciado por Morena… Los dados mandan Escalera doble. Semana de contrastes.

 

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