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PAN-PRD: pragmatismo electoral vs. valores y principios

Óscar Mario Beteta

Las ideologías en México están muriendo. El pragmatismo las diluye rápidamente. Los principios y programas que cada partido esgrime son meros enunciados propagandísticos. Únicamente les sirven para justificar su presencia y su actuación. Y desde luego, para mantener los extraordinarios beneficios económicos que pagan los contribuyentes y de los cuales se benefician especialmente sus líderes.

Vinculados en grotescas alianzas institucionales con la mascarada de democratizar al país, pluralizarlo y liberarlo del lastre partidista más antiguo que hay, el PAN y el PRD proponen formar un bloque opositor a éste, o sea el PRI, con argumentos sumamente cuestionables.

Aseguran que en algunos estados las alianzas de la extrema derecha y la extrema izquierda han sido “exitosas”. Ahora mismo, van juntos en la competencia del 4 de junio venidero por las gubernaturas de Nayarit y Coahuila. Y sugieren que, dentro de un año, una amplia gama partidista podría ir junta para competir por la Presidencia de la República con el fin de sacar al PRI de Los Pinos.

Empero, la evidencia demuestra que en las entidades donde se ha dado la alternancia, ni hubo más democracia, ni más progreso ni más bienestar social. En prácticamente todas a las que accedieron con base en la coalición, los problemas se agravaron radicalmente.

Los gobernadores postulados por perredistas y panistas, contrajeron enormes deudas a nombre de sus gobernados cuyos descendientes en tercera o cuarta generación no terminarán de pagar. Y por si eso no fuera ya bastante, se enriquecieron obscenamente. Sus descomunales atracos no tienen referente.

A la desnaturalización partidista que se da vertiginosamente en México, se suma la descarada práctica de incontables políticos que de buenas a primeras cambian de partido. Sobran las demostraciones fehacientes de que no tienen ideología, que los problemas de la gente no les interesan y que sólo buscan un rédito personal.

Las dramáticas consecuencias del aliancismo partidista y del saltimbanquismo de los actores políticos, son que la ciudadanía, a la que consideran descerebrada, identifica muy bien sus móviles y sus maniobras. Sabe que no tienen ninguna ética, exigencia máxima de la política. Si tan prestos están para “servirla” desde cualquier partido, como siempre dicen, lo que buscan en realidad es servirse desde donde puedan.

Antes, lo hacían por separado, ahora se juntan para medrar contra la población. Nunca, como ahora, habían estado tan alejados y aun abiertamente en contra de ella.

¿Creerán Ricardo Anaya y Alejandra Barrales que pueden apelar a las fábulas que aceptaron en el pasado reciente como recóndita esperanza de mudanza los electores de algunos estados, para justificar —y que se acepte en todo el país— la unidad extremista derecha-izquierda que proponen para 2018?

Cansada de promesas incumplidas, primero por el PRI y después por todos los demás partidos; hastiada del multimillonario despilfarro que implica el mantenimiento de ese sistema; desilusionada por la precaria situación en que se halla, dadas la inseguridad, la corrupción, la impunidad, la gente no sabe si votar o no. No encuentra ninguna opción creíble. Todos son lo mismo.

Pero el enojo ahí está; late aceleradamente, listo para estallar, todavía civilizadamente, en las urnas. De donde se seguiría que en las elecciones venideras se podrían ver resultados desconcertantes e insospechados.

¿Se expresará masivamente el llamado sufragio rabioso el 4 de junio? Y de hacerlo, ¿a favor o en contra de qué candidatos y de qué partidos?

¿Se hará presente el voto duro, en el que el PRI ha cifrado y asegurado siempre sus expectativas de victoria en los comicios? ¿Observará la lealtad que lo ha caracterizado?

¿Qué pasará con el voto de los indecisos? ¿Cómo cruzarán las boletas en las urnas?

En esos indescifrables sectores, se halla el resultado de las elecciones. Son el factótum invisible e inasible del que se puede esperar cualquier cosa.

Aun cuando PAN-PRD ganaran las gubernaturas de Coahuila y Nayarit, eso no constituiría la justificación ni la base de una unidad entre ellos para la sucesión presidencial. Menos, cuando entre sus propios militantes ha habido inconformidades y críticas en virtud de que sus dirigentes actuaron por su cuenta, como si sus organizaciones les perteneciesen y pudieran hacer con ellas lo que les plazca.

Lo que ha cambiado siempre para permanecer igual, hoy, como pocas veces, podría sufrir un vuelco en los cargos que están por disputarse. Pero es absolutamente impredecible. Las encuestas, los augurios, los deseos de todos los participantes, son una incógnita que sólo despejarán quienes tienen la potestad para hacerlo.

Tristemente, se inclinarán por el candidato o candidata con menos negativos, sin tomar los positivos que no convencen.

SOTTO VOCE… El ¡YA BASTA! que han lanzado medios y organizaciones nacionales e internacionales contra la ofensiva asesina que ha victimado a decenas de periodistas en los últimos años, debe tener una respuesta y comenzar a esclarecer, al menos, unos cuantos de los homicidios perpetrados contra informadores… El “estratega” Abelardo Martín, oportunista integrante del “equipo” de Delfina Gómez, se ha convertido en un lastre para ella, como lo fue para todos a los que “ha servido”. Fue uno de los “protegidos” inútiles de un otrora poderoso funcionario y ahora diputado federal, de tristísimo recuerdo, marcadamente hipócrita y sumamente ingrato… Los gobernadores Alejandro Tello y Jaime Rodríguez, de Zacatecas y Nuevo León, respectivamente, han trabado pleito abierto contra los medios de comunicación porque no les son afines, lo que para ellos implica incondicionalidad y subordinación absoluta para mantener sus acciones y decisiones en la opacidad. Están tomando como ejemplo a AMLO. ¿Quién apostaría por que no son émulos de Borge, Duarte, Sandoval…?

[email protected] @mariobeteta

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